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miércoles, 6 de diciembre de 2017

Aprende a Sentirte Bien

a)El primero corresponde a las emociones positivas como el disfrute, la vida gozosa o la comodidad. Se trata de multiplicar las experiencias placenteras que podemos tener (viajar, disfrutar de una salida con amigos, una buena comida, compartir momentos de calidad con los hijos, leer un libro que nos interesa, escuchar música, tener sexo, hacer deporte).

El bienestar y la felicidad son contructos complejos de evaluar científicamente”
b)El segundo componente se vincula con experimentar el placer a través de las tareas y actividades que nos generan un estado de flow, que hace que perdamos la noción del tiempo e, incluso, de nosotros mismos, y nos dejemos llevar mientras las realizamos. Esta situación, que surge cuando hacemos cosas que nos apasionan como pintar, escribir, bailar, practicar deportes, tocar un instrumento o jugar a los videojuegos (en mi caso, por ejemplo, escribir esta nota), disminuye la ansiedad y el estado de alerta.
c)El tercer componente de la felicidad es el sentido que va más allá de uno mismo y consiste en utilizar las fortalezas personales para servir a un bien mayor.
Luego, Seligman amplía estos conceptos desarrollando la teoría del bienestar como una noción más abarcadora que la de felicidad. Se trata de una idea que incorpora dos elementos asociados con el bienestar a los ya mencionados: uno tiene que ver con los logros alcanzados, es decir, la realización personal; el segundo propone las relaciones positivas como un componente central para el desarrollo del bienestar.

El sentido de pertenencia es un escudo contra la soledad, le depresión y la ansiedad”
Los lazos positivos y duraderos afectan las funciones psicológicas, fisiológicas y de comportamiento, ayudan a proteger nuestro cerebro y contribuyen a nuestro bienestar. Se demostró que cuando los seres queridos están cerca, se registra menor actividad en áreas neurales asociadas al procesamiento del peligro y somos menos propensos a activar respuestas corporales frente al estrés.
Por eso, el sentido de pertenencia es un escudo contra la soledad, le depresión y la ansiedad. El apoyo social, igual que el optimismo, tiene gran impacto en el sistema inmunológico y cumple un rol protector en el ser humano con consecuencias positivas ante las enfermedades.



Ahora bien, existen distintas formas de experimentar el bienestar que se encuentran fuertemente correlacionadas e implican distintos niveles de procesamiento cognitivo. Por ejemplo, los sentimientos como la alegría pueden reportarse de forma relativamente directa. En cambio, evaluar la calidad o el significado de vida demanda una considerable reflexión y tiempo, así como una comparación con ciertos estándares autoseleccionados (por ejemplo, una mejor vida comparado con quién o qué).
¿Cómo estudiar si una persona considera que goza de bienestar o no? Una forma de abordar esta cuestión tiene que ver con la propia evaluación referida a los pensamientos de las personas acerca de la cualidad o bondad de su vida, la satisfacción general o qué tan felices se sienten con su vida. En segundo lugar, se puede considerar el bienestar hedónico que se refiere a los sentimientos o al ánimo tales como la felicidad, la tristeza, el enojo o el estrés y se mide en plazos más cortos como el día a día o en la última semana.
Por último, es posible registrar lo que se llama el “bienestar eudaimónico”, que está relacionado con los juicios acerca del significado y el propósito de la vida que tiene la persona. Vemos entonces que la noción de bienestar sería superadora del concepto de felicidad porque integra los criterios hedónicos de la felicidad con componentes eudaimónicos de trascendencia, logro y relaciones positivas.
Qué nos hace felices
Las circunstancias de la vida, nuestras expectativas y la composición genética influyen en cuán felices somos. En 1996, un investigador de la Universidad de Minnesota, David Lykken, estudió el caso de numerosos gemelos para determinar si la genética y la felicidad estaban conectadas. Llegó a la conclusión de que el 50 por ciento de la satisfacción con la vida provenía de la genética; mientras que factores como educación, religión, estado civil y salario contribuían solo un 8 por ciento.
En función de sus descubrimientos, Lykken pensó que cada persona tenía un punto fijado genéticamente de felicidad, tal como podría ocurrir con el peso o la altura y, sin importar las circunstancias buenas o malas, siempre se tendía a volver a este punto fijo. En consecuencia, intentar ser más feliz sería tan en vano como intentar ser más alto. Sin embargo, tiempo después reelaboró sus conclusiones dado que comprobó que podemos modificar nuestro nivel de felicidad ampliamente, hacia arriba o abajo.
Actualmente, una investigación sobre el bienestar en donde se compararon los resultados de decenas de estudios genéticos reveló que la genética explicaba solo un 36 por ciento del bienestar y un 32 por ciento de la satisfacción con la vida. Mucho es lo que podemos hacer para construir nuestro propio bienestar, por ejemplo, trabajar la manera en que pensamos y expresamos nuestros sentimientos, establecer y lograr metas, consolidar vínculos humanos, disfrutar el presente, reducir los pensamientos negativos, saborear los acontecimientos ordinarios positivos, hacer lo que nos gusta, trabajar la autoaceptación, tener hábitos saludables y encontrar un propósito más allá de uno mismo.
A meditar
Uno de los aspectos que parecería estar fuertemente asociado a una mayor felicidad tiene que ver con el sentimiento de espiritualidad. Se está estudiando si esto responde a las creencias religiosas o a los lazos comunitarios que derivan de la práctica religiosa. Lo que sí sabemos es que la meditación es muy beneficiosa en este sentido: ayuda a centrar la atención en el presente y no en el futuro. Esto último se da principalmente cuando estamos buscando siempre completar el próximo objetivo o nuestra mente está permanentemente pensando en la próxima tarea (o revisando el pasado), con la falsa creencia de que estar muy ocupado nos llevará a lograr éxito en lo que hacemos, en lugar de concentrarnos y disfrutar del presente.
Contrariamente a lo que muchos suelen pensar, ni la inteligencia ni el nivel educativo están fuertemente relacionados con la felicidad. Tampoco la juventud, pese al valor que tiene en nuestra sociedad. Podemos decir que muchas veces los adultos mayores son los que reportan los más altos niveles de felicidad. Otro factor determinante son las relaciones sociales: la gente que nos rodea influye en nuestra felicidad, según un estudio de la Universidad de Illinois. En línea con estos resultados, el psiquiatra y profesor de la Universidad de Harvard, George Vaillant, quien dirigió el Estudio Grant, que evaluó a cientos de hombres y mujeres a lo largo de varias décadas, concluyó que son las relaciones íntimas y afectuosas el factor más importante para una buena vida.
La economía de la felicidad
La discusión acerca de cómo impacta el dinero en la felicidad es antigua y compleja. Una investigación llevada a cabo por el premio nobel David Kahneman estudió el bienestar de 450 mil estadounidenses durante 2008 y 2009. La investigación abarcaba dos aspectos del bienestar: el hedónico y la evaluación de la vida.
Los resultados mostraron que un mayor ingreso mejoraba la evaluación de la vida incluso en personas que estaban en una buena posición económica. No obstante, encontraron que los efectos del ingreso sobre la dimensión hedónica del bienestar tenían un techo a partir de un ingreso que liberara a las personas de preocuparse por lo básico en la vida.

En los resultados del Informe de felicidad mundial de 2017, que publica la Red para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, se observa que entre los primeros y los últimos 10 países en el ranking de felicidad hay una brecha de cuatro puntos. El 75 por ciento de esta brecha es explicada por seis variables claves: tener alguien con quien contar, la generosidad, el sentido de libertad, la falta de corrupción, el PBI per cápita y la expectativa de vida sana.
La mitad de esta diferencia entre los países es explicada por las primeras cuatro variables; mientras que la otra mitad, por las últimas dos. En los países ricos las diferencias no son explicadas principalmente por desigualdades en los ingresos, sino por diferencias en la salud mental, física y las relaciones personales.
El bienestar de todos
Hoy sabemos que ayudar al prójimo no solo implica una mejora para la comunidad, sino que beneficia a quien brinda la ayuda. Se ha registrado que las conductas altruistas redundan en una buena salud mental y física. Un estudio de 2008 de Michael Norton, de la Escuela de Negocios de Harvard, observó que donar dinero a otra persona aumenta la felicidad del donante más que si lo hubiera gastado en sí mismo. Es decir, en gran medida, la felicidad se encuentra cuando ayudamos a los demás.
Por su parte, existe lo que se denomina efecto cascada en relación con las conductas solidarias y altruistas. Investigadores de la Universidad de California y de Harvard han demostrado que, si una persona es generosa, inspirará hasta a tres personas más a seguir su ejemplo. De este modo, podemos multiplicar la generosidad de manera que nuestros actos pueden tener un impacto positivo grande en la sociedad.
Contrariamente, la falta de cooperación impacta en forma negativa sobre el individuo a quien hubiese ido destinada la acción solidaria, sobre quien no fue solidario y también sobre todo el sistema social. La comunidad, para ser tal, se construye a partir de la idea de cooperación. La solidaridad moviliza a las personas y las sociedades hacia esa meta imprescindible que fue escrita como ley de leyes con todas las letras: el bienestar general.

martes, 5 de diciembre de 2017

Ilusión Positiva Lecina Fernandez

Ilusión positiva plantea cuestiones como ¿Qué es la ilusión? ¿Qué poder nos aporta? ¿Cómo encontrar la ilusión perdida? o ¿Cómo educar en ilusión? La ilusión es una herramienta para el crecimiento personal y a lo largo de estas páginas se descubrirá cómo desarrollar al máximo todo su potencial en la vida personal y en el entorno educativo, sanitario y laboral. Cada capítulo combina Reflexión y Práctica para que el lector juegue y experimente construyendo sus propias ilusiones, individualmente o en grupo, ofreciéndole una nueva forma de conocerse a sí mismo y de vivir en el mundo. Ilusión positiva va dirigido a todas las personas que quieran aprender, entrenar y practicar la ilusión de forma saludable y positiva. También a profesionales de la salud, educadores, empresas y familias, como herramienta para ser más proactivos, para despertar la ilusión y acompañarles en el proceso de crear futuro. ¡Bienvenidos a la aventura de explorar la ilusión! Lecina Fernándezes Licenciada en Psicología, Especialista en Psicología Clínica y Máster en Psicología Clínica. Con una experiencia de más de tres décadas, ha ejercido su profesión en la Sanidad Pública de Valencia y en la actualidad en su Despacho profesional en Madrid. Siempre ha compaginado la práctica clínica con la docencia y la investigación. Es miembro de AEPCP y de Psicoartaes.Es autora de libros, estudios y artículos. Colabora en prensa y radio y lidera actividades para acercar la Psicología a las personas. Es fundadora y directora de LAB ILUSIÓN (Laboratorio de investigación, formación y divulgación de la ilusión). Valenciana de nacimiento, en el año 2001 se trasladó a vivir a Madrid. www.lecina.es

La Madre que sufre

Montserrat Boix es la madre de Joan. Su relato, desgarrador, pone al descubierto la impotencia de las familias con hijos aquejados de trastornos mentales que moldean la conducta de esos niños, hasta el punto de perder todo control sobre ellos. En el caso de Joan –criado en una familia estructurada, su madre es enfermera y su padre ingeniero– todo fue normal en los primeros doce años de vida. “A partir de esa edad empezaron los brotes de agresividad, ligados a un temprano consumo de cannabis y alcohol. Le expulsaron del colegio y... todo se descontroló”, recuerda Montserrat. Empezaba un infierno que aún dura hoy.
Los padres de Joan, lejos de rendirse a la primera adversidad, destinaron todos sus esfuerzos a enderezar la conducta de su hijo. Joan pasó por una unidad médico-educativa. No funcionó. Después lo ingresaron (eso les costó una importante suma de dinero) en una comunidad terapéutica. Otro fracaso. Joan alcanzó la mayoría de edad y los conflictos se multiplicaron. Había abandonado los estudios y sin apenas formación encontrar un trabajo “era muy complicado”. Pero los padres seguían ahí, firmes, convencidos de que el niño al que habían criado con tanto mimo, al igual que otro hermano, reaparecería. “Contactamos con empresarios amigos para que le contrataran. Nosotros pagábamos bajo mano el sueldo sin que Joan lo supiera”, revela la madre. Pero ni así. El joven desaparecía de casa varios días. Volvía para asearse y comer, le lavaban la ropa y se perdía otra vez por las calles de Barcelona.

A los doce años empezó a presentar una conducta agresiva y violenta
A los doce años empezó a presentar una conducta agresiva y violenta (DNY59 / Getty Images/Vetta)
Muy pronto ese comportamiento agresivo y violento, que ningún tratamiento ni medicación atinó a controlar, pasó factura a Joan. Acabó en la cárcel. “Es muy duro para una madre decir lo que ahora voy a narrar, pero lo cierto es que esa temporada en prisión ha sido lo mejor que le ha pasado en estos últimos años a mi hijo”, asegura Montserrat. La suerte, que no tienen la mayoría de personas con trastornos mentales que llenan las cárceles, es que Joan fue ingresado en una unidad psiquiátrica. Fue una esperanza pasajera. Todo volvió a torcerse cuando el joven salió de prisión. Reaparecieron las drogas, las agresiones, los comportamientos violentos, los enfrentamientos cada vez más subidos de tono con sus padres...
La situación superó a los padres, que no han encontrado ayuda en las administraciones
Montserrat y su marido fueron entonces conscientes como nunca de que estaban solos en esta lucha. “Las administraciones no están preparadas para ayudar a familias que pasan por estos infiernos”, critica la mujer. Su experiencia destapa esas carencias. Los padres de Joan lograron incapacitarle hace unos años y decidieron, vencidos por la impotencia, delegar la tutela de su hijo a una fundación privada financiada por la Generalitat. “Nunca hemos tirado la toalla –recalca Montserrat–, lo que hicimos fue dejarla para que fuera otro, en este caso esa fundación, la que la recogiera al vernos totalmente superados por el drama”.
En mayo del pasado año Montserrat Boix escribió una carta a La Vanguardia. Clamaba para que la administración despliegue medios e iniciativas para ayudar a familias como la suya y aventuraba diferentes finales para la historia de su hijo. “¿Qué tenemos que hacer? Esperar a que lo vuelvan a encerrar en la cárcel para que reciba tratamiento, aguardar hasta que lo maten en una pelea o esperar a que se suicide cuando tenga un momento de lucidez y vea que su vida no va a ningún sitio”. Pues ha pasado lo último.

Joan se recupera de las graves heridas en el  Hospital Clínic de Barcelona
Joan se recupera de las graves heridas en el Hospital Clínic de Barcelona (ACN / Sergi Sabaté)
Joan intentó por cuarta vez quitarse la vida cuando llevaba meses viviendo como un sintecho en la calle. Su madre está muy dolida por el comportamiento de la fundación a la que delegó la tutela. “Primero lo dejaron en un piso solo en una zona muy conflictiva, después lo llevaron a un hostal, rodeado de ambientes aún más marginales y al final se desentendieron de él y quedó tirado en la calle”, denuncia la mujer que no descarta pedir responsabilidades por la respuesta obtenida de la administración.
"A partir de los 12 años empezaron los brotes de agresividad, ligados a un temprano consumo de cannabis y alcohol"
MONTSERRAT BOIX
Montserrat se ha reencontrado con su hijo tras tener noticia de que se había tirado a las vías del metro. Sobre el joven pesaba una orden de alejamiento (dictada tras la última agresión padecida por la madre) que ahora la misma Montserrat ha pedido que sea anulada para poder estar con él en el hospital. Llegado a este punto del relato, la mujer rompe a llorar. Pero se resiste a darlo todo por perdido y, lo más importante, intenta convencerse de que ni ella ni su esposo deben culparse de las graves secuelas que le van a quedar a su hijo tras el último intento de suicidio. Lo que los dos tienen claro es que van a seguir estando ahí para asegurarse, aun habiendo delegado la tutela al confiar en que la administración podía ayudarles, de que nadie vuelva a dejarlo tirado nunca más en la calle.
La madre ha pedido que la orden de alejamiento sea anulada para poder estar con su hijo en el hospital

Las Enfermedades Mentales en Familia

  • Cualquiera que sea la circunstancia, una enfermedad en la familia es algo que se toma seriamente y siempre provoca varios ajustes. Sin embargo, así como hay niveles entre una enfermedad y otra, también existe una gran diferencia cuando se trata de una enfermedad física a cuando se enfrenta a una de tipo mental. La actitud que toman los miembros de la familia varía. Las reacciones van desde una profunda negación hasta la completa aceptación y apoyo. Como cultura nos cuesta más trabajo aceptar algo que no es tan visible como una enfermedad física tal como diabetes o cáncer, pero es importante aceptar que es muy real y trae consecuencias al afectado, así como también a los demás miembros de la familia. Independientemente de la reacción que tenga cada miembro familiar una cosa es cierta y universal: una enfermedad mental afecta a cada miembro, y puede traer muchas consecuencias negativas si no lo entendemos y buscamos evadirlo.
  • Antes de señalar pautas más específicas a seguir como familia, es importante entender que una enfermedad mental es muy real y no debe de ser causa de pena o pensar en el “qué dirán” las demás personas. Así como otra enfermedad física, una enfermedad mental tiene muchas causas, unas genéticas, otras sociales, y también personales, todas las cuales interactúan en conjunto, usualmente en un momento de estrés, que es cuando la enfermedad se desarrolla. Cada persona actúa diferente en la forma en que afronta un diagnóstico, pero una cosa es segura, cuando se cuenta con el apoyo incondicional de la familia el pronóstico es mucho más positivo y los resultados se pueden ver más rápidamente.
  • Infórmate lo más posible de la enfermedad de tu ser querido

  • Uno no puede ayudar lo que no entiende. Es importante leer e informarse de la naturaleza de la enfermedad. Esto se puede hacer comprando u alquilando libros, pidiendo información con el doctor y/o terapeuta, encontrando información valida en páginas de internet, o atendiendo conferencias que hablen del tema. Cualquiera que sea el medio es importante resolver nuestras dudas para que esta enfermedad no se vea como algo extraño o peor aún algo a que tenerle miedo.
  • Ve la enfermedad mental como cualquier otra de aspecto físico

  • Aunque es cierto que una enfermedad mental tiene varios aspectos diferentes a una enfermedad física, es importante hablar de ella como cualquier otra enfermedad común. No se trata de un estigma, ni es una actitud sana aquella de esconder o querer evadir el tema, o negar la existencia de esta. La enfermedad es real y también sus consecuencias, por lo tanto tener una actitud abierta y positiva hace toda la diferencia.
  • Busca un grupo de apoyo

  • Dependiendo de la enfermedad se recomienda buscar grupos de apoyo. Estos consisten en personas que tienen familiares con la misma enfermedad o parecida y hablan de sus experiencias y brindan apoyo a los demás miembros del grupo. Esto es particularmente importante pues hay demasiados estereotipos e ideas falsas de lo que es una enfermedad mental. Por esto mismo a veces es difícil hablar con cualquier persona de lo que está ocurriendo en tu familia. El poder contar con personas que entienden lo que estás pasando puede ayudarte a ti y a tu familia a lidiar con los cambios y los sentimientos de tristeza que inevitablemente se sienten cuando alguien que queremos está enfermo. Estos grupos se pueden encontrar en internet, o puedes preguntarle al terapeuta de grupos que estén cerca del área en donde vives.
  • No existe una fórmula mágica para recibir las noticias y luego afrontar la realidad. Sin embargo, el no hacer nada o negar tal situación, sólo empeora nuestra condición. Es por esto, que estas pautas nos ayudan a lidiar con lo que sentimos al mismo tiempo que podemos recibir fuerza para ser un apoyo para los demás miembros de nuestra familia.

sábado, 24 de septiembre de 2016

10 Consejos Para Que Los Docentes Motiven A Sus Alumnos

10 Consejos Para Que Los Docentes Motiven A Sus Alumnos

¿Tienes un profesor que te haya marcado? ¿Fue algo positivo o negativo? ¿Qué hizo para que, a más de 20 años de egresado del colegio, aún lo recuerdes? Estas son algunas de las preguntas que motivaron esta lista de consejos con algunas soluciones fáciles de implementar pero con gran repercusión sobre los estudiantes. Míralas:

1. Llevar vídeos cortos que motiven a los alumnos, dependiendo de su edad

Aunque a veces cuesta el uso de la tecnología, y el material no se encuentra tan fácil en Internet o no sabemos como descargarlo es importante contar con esta herramienta ya que hay mucho material disperso con mensajes muy concretos. Es una herramienta con la que todos los alumnos se “enganchan” y uno puedo comenzar la clase con de forma dinámica y obtener mejor resultado en cuento a la participación del grupo.

2. Llevar actividades lúdicas

Realizar juegos y ejercicios físicos para que las realicen los alumnos, distendiendo el ambiente y predisponiéndolos positivamente para la clase.

3. Que los alumnos comenten sus experiencias y vivencias del fin de semana

Esto, con el fin de empatizar y entablar una conversación entre ellos y el profesor. El aprendizaje comienza desde las experiencias vividas por cada alumno, lo que lo hace más significativo.

4. Ser práctico y teatral

Que el profesor lleve un elemento desconocido a la sala de clases con el fin de llamar la atención de sus alumnos. Ejemplo: profesor de biología llega con huesos de vacas. Profesor de historia: con sombrero parecido al de Napoleón.

5. Realizar actividades diferentes

Por ejemplo, que se acuesten en el suelo y que recuerden buenos momentos que han tenido durante el año escolar. El foco es que sea bien practico. Todo lo que explicamos sea con una dinámica. Primero el ejemplo y luego la conclusión. Hacemos que de los juegos se evidencien ciertas cosas, que operan de manera inconsciente y después sacas lo que pasó y se dice la parte más conceptual. Apoyamos lo que enseñamos en actividades prácticas y vamos variando el medio sobre los que pueden manifestar su aprendizaje los alumnos cuando el tema es muy largo.

6. Generar debates en tornos a temas de interés en sus alumnos

Dependiendo de su edad. Dar espacios de opinión. Que los alumnos se sientan que tiene algo que decir y no ser indiferentes. Esto los hace sentirse validados y les incentiva a involucrarse y comprometerse emocionalmente con el tema, a buscar por sus propios medios argumentos para sostener su opinión. Además, les permite desarrollar su personalidad.

7. La imagen que el profesor proyecta a sus alumnos debe ser alegre, desafiante, inspiradora y motivadora.

Lo que nos interesa cambiar es el profesor como una autoridad fría y distante.
Esto tiene que ver con otra noción de respeto, que no es por el castigo sino con la empatía por esa persona. Esto tiene mucho más impacto en cómo se relacionan los niños con los demás, con los adultos. Si tienen un adulto castigador, el día de mañana no sabemos si van a poder relacionarse bien con una autoridad.

8. Enseñar con el ejemplo

La relación profesor-alumno tiene que cuidarse súper harto y uno se cuida un montón. No podemos decir que no sean violento y después reaccionar nosotros con golpes en la pizarra o un grito. De esta forma ellos aprenden a hacer caso ante el miedo y no ante el amor que en un principio pusimos cuando le pedimos de buena manera las cosas..

9. Dar el espacio a los alumnos para que pregunten….para luego devolverle las preguntas

No se trata de que el profesor no se haga cargo de su tarea educativa, pero tampoco que le dé todo “masticado” al alumno. Es importante incentivar la reflexión en el alumno y poder entablar un diálogo entre las partes. Que ellos lleguen a sus propias conclusiones.

10. Recordar a los profesores que nos marcaron positivamente y replicar lo que realizaban ellos.

Cada vez es más evidente que hubo algunos docentes que nos marcaron. Esos profesores son una brújula para nosotros.
Si alguno de ustedes es profesor y usa otra técnica para motivar a su alumnos, los invitamos a compartirla. Si por otro lado, fueron alumnos de alguno que los marcó positivamente, también les damos el espacio para que compartan su experiencia y para que se transmita a otros, para que cada vez impacten más positivamente los docentes y los padres, que también son formadores en sus casas.

lunes, 4 de enero de 2016

La Violencia de los Hijos Esther Calvete

Narcisista, con aires de grandeza y con la sensación de tener derecho a todo, éste es el perfil del hijo que, sobre todo llegada la adolescencia, tiene actitudes violentas hacia sus padres. Lo dice un estudio elaborado por, entre otros, la investigadora de la Universidad de Deusto Esther Calvete y que se acaba de publicar en la revista especializada Developmental Psychology.
A lo largo de tres años, el equipo liderado por Calvete ha trabajado con 591 adolescentes vizcaínos y también con sus padres, con el objetivo de averiguar cuál es el caldo de cultivo de las agresiones de hijos a padres, una cuestión en sí difícil de estudiar porque, según se lee en el informe, "hijos abusadores y padres abusados son reacios a admitir que está ocurriendo este tipo de agresión". Hay pocos estudios al respecto y éste es el primero que examina el enlace entre el narcisismo y la violencia de hijos a padres.
Dos grandes escenarios son los que influyen en la posibilidad de que un niño se convierta en un adolescente agresivo. El primero, un ambiente violento, un hogar en el que el niño se ve expuesto directamente a la violencia. Por ejemplo, cuando los padres se agreden entre ellos o cuando uno agrede al otro. El segundo tiene que ver con la ineficiencia de los padres, con progenitores "excesivamente permisivos" o con "carencias afectivas".
"Donde la agresión es algo común, los hijos desarrollan un alto concepto de sí mismos, al tiempo que se sienten alejados, desconectados y rechazados a la vez. Hemos comprobado que, en quienes detectamos un ambiente violento durante el primer año de investigación, hubo agresiones de hijos a padres en el tercer año de estudio", se lee en el informe.
En aquellas familias en las que se detectó, durante ese primer año de investigación, un entorno en el que el calor humano era prácticamente inexistente, a lo largo del segundo año se observaron las consecuencias de esa falta de afecto ambiental en el desarrollo narcisista y en sentimientos de sentirse desconectado y poco querido de los adolescentes. Finalmente, hay diferencias en el desarrollo de la conducta agresiva entre chicos y chicas.. "El narcisismo pronostica la agresión de hijos a padres sólo en los chicos", sostiene el informe. En cambio, en las chicas es mas importante el desarrollo de sentimientos de desconexión y de no ser querido por los demás. La exposición a la violencia familiar, como agresiones del padre a la madre, es un indicador de violencia hacia los padres y madres tanto en chicos como en chicas.

La exposición a la violencia

Vivir en un entorno violento, o donde con cierta asiduidad hay episodios de agresividad, predispone a la violencia, incluída aquella que pueden acometer los hijos contra sus padres. Si esa violencia se dirige del progenitor al hijo o se desarrolla entre los padres, existen más posibilidades de que el hijo pueda heredar el gesto y ser violento en poco tiempo, según este estudio.

Estilo familiar

Hay dos tipos de familia que pueden influir en el posible carácter de los hijos a medida que se conviertan en adolescentes. Uno es aquel que se caracteriza por la permisividad y, otro, aquel en el que falta calor. "Los progenitores permisivos se asocian a las agresiones de hijos a padres, algunos estudios afirman que cuando los padres son demasiado permisivos y no se ocupan de sus hijos éstos tienden a adoptar el rol de padre. Este cambio de roles puede producir conflictos entre padres e hijos y, en última instancia, agresiones. Por ejemplo, los hijos pueden enfadarse y ponerse agresivos con los padres cuando éstos no cumplen sus funciones para con ellos"
Allí donde escasea el apoyo, el afecto y una comunicación positiva también hay posibilidad de que se generen escenarios de agresividad entre hijos y padres. "Los progenitores perceptivos y cariñosos pueden influir a sus hijos a la hora de adoptar estrategias no violentas para conseguir logros y expresar indignación o enfado. Por el contrario, en hogares fríos donde los integrantes viven distantes puede provocar en los hijos mala adaptación y la imitación de sus estrategias agresivas, así como sus patrones de interacción".

jueves, 30 de julio de 2015

José María Buceta (1956) es doctor en Psicología por la Universidad Complutense, máster en Psicología Clínica

RESUMEN DEL LIBRO

MANUAL DE CABECERA PARA PADRES DE DEPORTISTAS JÓVENES
Que también se recomienda a entrenadores, directivos, árbitros, psicólogos y otros con responsabilidades en el deporte de base.
Con cierta frecuencia, sabemos de padres de deportistas jóvenes que insultan a los árbitros, interfieren en las funciones del entrenador y presionan a sus hijos; padres obsesionados con el éxito de su chico que pierden los papeles y sacan el deporte del contexto que le corresponde. Los casos extremos que hacen más ruido son una minoría, pero otros muchos padres, a pesar de sus buenos propósitos, meten la pata por falta de información sobre el deporte, los deportistas y el papel que a ellos les correspondería desempeñar; más aún, si carecen de habilidades para controlar su motivación, sus emociones y su comportamiento.
Sin el apoyo de los padres, muchos jóvenes no harían deporte. Además, la influencia que tienen sobre sus hijos es determinante, por lo que su actuación es clave. No basta con transportar a los chicos y pagar los gastos. Es importante que se involucren y colaboren como «padres de alto rendimiento», asumiendo sus funciones y respetando las de los demás, sumando para que el deporte resulte beneficioso y no perjudicial.
La intención de este libro, ameno y muy práctico, es ayudar a los padres a comprender mejor el deporte de sus hijos, a los propios chicos, a los entrenadores y a ellos mismos, con el propósito de optimizar su funcionamiento como padres de deportistas. También, que los entrenadores, directivos, psicólogos y otros responsables comprendan a los padres y les ayuden a desarrollar su labor. Conseguir que los niños y los adolescentes se beneficien de su paso por el deporte es un objetivo ambicioso que será más alcanzable si se trabaja bien en equipo. Y los padres también juegan en ese equipo. 

José María Buceta (1956) es doctor en Psicología por la Universidad Complutense, máster en Psicología Clínica por la Universidad de Manchester, entrenador superior de baloncesto y, desde hace veintiocho años, profesor titular de Psicología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España (UNED). Seleccionador nacional de baloncesto femenino (de España: 1985-1992; de Bulgaria: 2009-2012) y reconocido es pecialista en los ámbitos de la Psicología del deporte, el liderazgo, el coaching y el hablar en público, ha participado en tres Juegos Olímpicos. En 1998-2000, elaboró el programa Young Coaches 2000 de la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA) para la formación de entrenadores que trabajan con jugadores jóvenes, cuyo libro «Basketball for young players: guidelines for coaches» ha sido traducido a varios idiomas. En el periodo 2001-2007 dirigió el gabinete de Psicología del Real Madrid, trabajando con fútbol y baloncesto, donde regresó en 2009-2010 para colaborar con el primer equipo de baloncesto. Desde 1999, es el responsable de las asignaturas de Psicología deportiva en los cursos para la titulación de entrenador de la Real Federación Española de Fútbol, donde ha publicado tres libros de texto, y a partir de 2007, colabora con los árbitros de ba loncesto de FIBA Europa en su preparación psicológica durante los Eurobaskets. Desde 1995, dirige el Máster en Psicología del Deporte de la UNED, donde se han formado cerca de mil profesionales de diecisiete países de Europa, América y África. También dirige, desde 2008, el Máster en Psicología del Coaching de esta universidad, centrado en la formación de profesionales interesados en el alto rendimiento empresarial, personal y en otros ámbitos. El Dr. Buceta imparte numerosos cursos y conferencias en España y otros países de Europa y América. Asímismo, trabaja como psicólogo y coach con deportistas, entrenadores, empresarios, directivos y otros profesionales. Desde 2003, es consultor externo de la multinacional farmacéutica Chemo. Entre sus numerosas publicaciones destacan dos libros relacionados con la psicología deportiva: «Psicología del Entrenamiento Deportivo» y «Estrategias Psicológicas para Entrenadores de Deportistas Jóvenes», publicados por Dykinson. Además, tiene un blog en el que publica asiduamente (chemabuceta.blogspot.com.es). Ahora, en «Mi hijo es el mejor, y además es mi hijo» comparte sus conocimientos y extensa experiencia en el deporte y la Psicología, abordando con rigor y de forma muy amena uno de los temas más actuales y trascendentes en el entorno de los deportistas jóvenes: sus padres.