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domingo, 10 de agosto de 2014

La Calidad del Profesorado es Clave


EL PROFESORADO COMO FACTOR CLAVE DE LA EFICACIA DE LA EDUCACION.

Resumen: En el momento actual, la enorme aceleración del cambio social modifica de una forma tan rápida nuestras formas de vida, introduciendo nuevas concepciones económicas, nuevos desarrollos científicos y tecnológicos y nuevos valores sociales, que no cabe esperar una tregua en las demandas de cambio de la sociedad sobre nuestros sistemas educativos. Colectivamente, los cuerpos de profesores obtienen éxitos sin precedentes; individualmente, los profesores llevan el peso de unas reformas mal diseñadas por la falta de una visión de conjunto y de unas previsiones mínimas sobre los nuevos problemas emergentes. El desconcierto ante el cambio y  el sentimiento de estar desbordados afecta a la moral de los cuerpos de profesores, que se convierten en los primeros críticos de sus propios sistemas educativos; mientras, desde el punto de vista social, no se da gran importancia a los éxitos, que se interpretan como consecuencias naturales del progreso, al mismo tiempo que se magnifican las deficiencias del sistema educativo como un desastre colectivo que está muy lejos de ser verdad. Una formación de profesores que los prepare para enfrentar los nuevos desafíos de nuestros sistemas educativos aparece como el factor clave para hablar de calidad de la educación.

1. Cambio social y cambio educativo.
El cambio educativo, como señalan Bowe y Ball (1992) se genera en tres contextos diferentes: en primer lugar, el contexto macro, que depende de la evolución de las fuerzas sociales, los grupos políticos y los sectores económicos y financieros, que plantean al sistema educativo continuas exigencias de adaptación al cambio social y a los nuevos sistemas de producción; en segundo lugar, encontramos el contexto político y administrativo, que pretende ordenar la realidad mediante leyes y decretos con una capacidad de cambio limitada, ya que no pueden modificar la mentalidad de los profesores ni el sentido de su trabajo en las aulas; por último, existe un tercer contexto práctico, que hace referencia al trabajo real de los profesores y de los centros educativos. Cualquier intento de reformar la educación que no tenga en cuenta los elementos determinantes de estos tres contextos está abocado al fracaso. El cambio educativo, como señala Cuban (1992), se produce siempre en la línea de las revoluciones silenciosas; ya que todas las transformaciones implican una reconstrucción dialéctica de lo existente. Por eso fracasan todos los intentos de cambio que no tienen en cuenta la cultura profesional, las opiniones y las condiciones de trabajo de los profesores; ya que ellos y las instituciones escolares tienen sus propias tradiciones y estructuras de trabajo, que dependen de personas con una determinada sensibilidad, con una determinada historia personal y una específica concepción de la enseñanza, que se ha formado en un determinado contexto histórico. El estudio de los contextos históricos se convierte, por tanto, en uno de los elementos imprescindibles para entender el estado del sistema educativo.

Los problemas de la educación en nuestras sociedades globalizadas aparecen con caracteres comunes, siguiendo grandes tendencias sociales, en el conjunto de los países desarrollados. Es exactamente igual a lo que sucede con las tendencias económicas, que se rigen por ciclos internacionales con una profunda interdependencia. Si hoy cae la bolsa de Tokio, mañana el movimiento se registra en el conjunto de las bolsas europeas; y si los movimientos de los responsables de las finanzas europeas no tienen en cuenta estos procesos internacionales sus medidas acaban siendo inadecuadas. Otras personas, peor aún, pretenden enfocar los problemas de la educación desde la foto fija de una ideología predeterminada; así, en lugar de partir del análisis de la realidad, pretenden amoldar la realidad a las concepciones establecidas en el ideario al uso. La consecuencia es que los problemas de la educación acaban enfrentándose con políticas erráticas, sin continuidad en las soluciones, y con las visiones fragmentarias de quienes intentan operar sobre los sistemas educativos sin entender su carácter de sistemas; es decir, de estructuras compuestas por elementos interrelacionados, en las que modificar un elemento provoca inmediatamente un cambio en cascada de otros elementos, produciendo así consecuencias muy distintas a las esperadas.

Para tomar decisiones sobre un sistema, primero hay que conocer el estado del sistema (Vázquez, 2002), y sobre todo la forma en que se interrelacionan los elementos del sistema (Colom, 2002). Para ello, es importante partir del análisis de la evolución del sistema en los últimos años, intentando aclarar la génesis de los problemas actuales y las causas que los desencadenan.

Desde las contradicciones generadas entre los tres contextos antes aludidos, podremos entender la situación actual de nuestros sistemas educativos europeos, en los que muchas personas estarían de acuerdo en aceptar la existencia de una profunda crisis; ya que, paradójicamente, en el momento actual, pese a disponer de unas inversiones en educación y de unos medios que no habíamos tenido nunca, pese a estar consiguiendo logros educativos sin precedentes, la imagen social de los sistemas educativos que transmiten los medios de comunicación es de desastre general, con la profesión docente en el ojo del huracán, los profesores puestos en cuestión socialmente, y una serie de disfunciones sin precedentes, que aparecen de forma casi idéntica en Francia, los Países Bajos, Italia, Gran Bretaña, Alemania… y en el conjunto de los países desarrollados.

El punto de partida es dar respuesta a las preguntas: ¿Por qué esta sensación de crisis ahora? ¿Por qué se produce en todos los países más o menos con los mismos síntomas? En efecto, quienes éramos profesores hace treinta años, tenemos una clara conciencia de la transformación de la educación en este periodo de tiempo, convirtiéndose nuestros sistemas educativos en una realidad distinta. Al estudiar esta transformación de nuestros sistemas educativos encontramos una secuencia temporal significativa: los primeros cambios comenzaron en Estados Unidos en la década de 1970, y fueron extendiéndose por Europa, comenzando por Suecia y los países escandinavos, para ir luego afectando al resto de los países europeos conforme éstos iban llegando a un determinado nivel de desarrollo económico, y consecuentemente, se producían nuevas tendencias sociales que modificaban valores y concepciones de vida, al mismo tiempo que se conseguía un grado de desarrollo educativo nunca antes alcanzado. Desde esta perspectiva, la supuesta crisis de nuestros sistemas educativos aparece como una crisis de crecimiento, producida precisamente al conseguir metas educativas nunca antes alcanzadas; y, al mismo tiempo, como una crisis subjetiva, fruto del desconcierto individual de los mismos profesores que han hecho realidad esas metas, al descubrir cambios inesperados que, en realidad, son fruto de la transformación del sistema educativo que ellos mismos han protagonizado (European Commission, 2002). La aparición de los nuevos problemas que afectan a los profesores, como el malestar docente o la figura del profesor quemado, siguen la misma secuencia histórica que el desarrollo de los profundos cambios que van a introducirse en todos los sistemas educativos de los países más desarrollados en los últimos treinta años del siglo XX (Esteve, 1984, 1987, 1995). La imagen presentada en la Introducción de El malestar docente, en la que se comparaba al profesor con un actor al que, sin avisarle, le cambian el decorado que tiene a sus espaldas aún sigue siendo válida. Más aún, los cambios de decorado se suceden sin que nuestros profesores, hasta hace muy pocos años, hayan sabido definir, tras un penoso proceso de ensayo y error, el nuevo papel que deben jugar para adaptarse a los nuevos contextos en los que hoy se desarrolla la educación.

2. La Tercera Revolución Educativa.
Los profundos procesos de cambio social registrados en los últimos treinta años (Castell, 2000), y la enorme transformación de nuestros sistemas educativos europeos, en una carrera inconclusa para adaptarse a la auténtica avalancha de cambio registrada a final del siglo XX, nos permiten hablar de una Tercera Revolución Educativa (Esteve, 2003), que puede justificarse con diferentes indicadores estadísticos referidos a todos los países de la Unión Europea, produciendo una secuencia de cambio educativo tan profunda que sólo puede compararse con las dos anteriores grandes revoluciones educativas: la creación misma de las escuelas en el Antiguo Egipto, y la creación de la primera red estatal de escuelas en la Prusia del siglo XVIII. El análisis de los datos estadísticos no deja lugar a dudas. En los últimos treinta años, nuestros sistemas educativos han conseguido un avance espectacular en todos los indicadores, hasta hacer posible la afirmación de que, en el momento actual, tenemos los mejores sistemas educativos que hemos tenido nunca en cualquiera de los países de Europa. ¿Cómo es posible entonces esta imagen social de crisis colectiva, y la enorme pérdida de prestigio de la profesión docente? La tesis que defiendo es que, paradójicamente, los espectaculares avances de nuestros sistemas educativos han planteado problemas nuevos que no hemos sido capaces de asimilar, probablemente por la falta de una visión de conjunto de los nuevos retos que ha supuesto ese profundo proceso de cambio educativo que he llamado Tercera Revolución Educativa (Commission Européenne: Eurydice et Eurostat, 2002).

Sin embargo, frente a esta presencia de nuevos problemas, una mirada a la realidad práctica de la educación nos permite afirmar que comienzan a superarse el desconcierto y el malestar iniciales, producidos por los profundos cambios sociales y educativos que están en la génesis de esta Tercera Revolución Educativa. Cada día más, en sus propios centros educativos, un mayor número de profesores cambia su forma de ver los problemas actuales de la educación, abandonando las creencias, convicciones y planteamientos de la pedagogía selectiva en la que ellos mismos fueron educados; descubriendo, en muchos casos con sorpresa, las absurdas limitaciones y la falta de justificación de antiguas tradiciones educativas que parecían intocables. Dependiendo de su propia capacidad de innovación y de adaptación al cambio, muchos profesores han ido haciendo, personal y colectivamente, sus propios análisis sobre el nuevo territorio que ahora nos toca recorrer, elaborando nuevas estrategias, poniendo en marcha nuevas soluciones, modificando su mentalidad y sus propuestas para adaptarse a los cambios sociales y educativos que hemos descrito. Cada vez es mayor el número de profesores que asumen la idea de construir unas instituciones en las que la educación sea prioritaria sobre la enseñanza, y en las que todos los niños, sin exclusiones, tengan un lugar para aprender. Cada vez más, se extiende la idea de que nuestros sistemas de enseñanza tienen que plantearse como objetivo prioritario el aprendizaje de los alumnos y no la actividad discursiva de los profesores. Tras un periodo inicial, en el que ha predominado el malestar y el desconcierto, muchos profesores han comenzado a entender los nuevos problemas y a elaborar nuevas estrategias educativas para asimilar los profundos cambios que se han sucedido en los últimos años. Muchos profesores van aceptando la idea de que aún se producirán más cambios a medida que nuestros sistemas educativos vayan alcanzando las metas propuestas, no sólo por la aparición de nuevas expectativas sociales, sino por la misma dinámica interna de acomodación a situaciones no previstas y que exigen nuevas soluciones. En el momento actual, comienza a extenderse entre nuestros profesores la voluntad de dejar de mirar al pasado y de reconstruir nuestros sistemas educativos en clave de futuro. En definitiva, los cambios fundamentales que nos permiten hablar de una Tercera Revolución Educativa son los siguientes:

      1. Extensión real de la educación primaria a todos los niños en edad de recibirla.
      2. Declaración de la obligatoriedad del primer ciclo de la educación secundaria y aumento continuo de la escolarización en el segundo ciclo de secundaria.
      3. Reconocimiento de la importancia de la educación preescolar, integrándola en las planificaciones educativas de los Estados.
      4. El intento de dar respuestas educativas a la diversidad, superando la pedagogía de la exclusión y desplazando la atención desde la enseñanza hacia el aprendizaje.
      5. La intención explícita de reconvertir nuestros sistemas de enseñanza en sistemas educativos, considerando la educación como un derecho y no como un privilegio.
      6. Por efecto de la extensión y democratización de la educación, ésta deja de estar reservada a las minorías, y, en consecuencia, sólo puede generar formación, pero no asegurar el valor de cambio anteriormente asociado a los grados educativos en términos de estatus social y económico.
      7. Planificación social de la educación a partir de los conceptos de reserva de talento, sociedad del conocimiento y capital humano.


3. Los profesores ante el cambio social: los nuevos desafíos de nuestros sistemas educativos.
En el momento actual, la enorme aceleración del cambio social modifica de una forma tan rápida nuestras formas de vida, introduciendo nuevas concepciones económicas, nuevos desarrollos científicos y tecnológicos y nuevos valores sociales, que no cabe esperar una tregua en las demandas de cambio de la sociedad sobre nuestros sistemas educativos (Michel, 2002). Muchos profesores están desorientados por los cambios que han tenido que asumir en los últimos treinta años; pero, el cambio no ha hecho más que comenzar, el nuevo desafío de la integración del aprendizaje electrónico y de la enseñanza por Internet aún planteará profundas exigencias de cambio a nuestros sistemas educativos en los próximos años (European Commission, 2001). Y, sobre todo ello, nuestras sociedades aún plantearán nuevas exigencias de adaptación, pidiendo a nuestros sistemas educativos responder a las imprevisibles demandas de unas sociedades en las que el proceso de cambio social se ha acelerado. Así, la veloz transformación de nuestras sociedades industriales hacia los nuevos patrones de la sociedad del conocimiento plantea ya nuevas exigencias de adaptación a nuestros sistemas educativos (Castells, 2000). La irrupción de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación abre nuevas posibilidades y plantea nuevas exigencias para diseñar el aprendizaje del siglo XXI, basándonos no en tradiciones ancestrales sino en los análisis científicos de la psicología del aprendizaje y en los nuevos planteamientos metodológicos de las TIC. Como plantea Raschke[1] (2003, 113) “muchos de nosotros aún continuamos siendo medievalistas cuando nos enfrentamos al aprendizaje. A pesar de que necesitaríamos aprender a convertirnos en postmodernos dispuestos a seguir la gran aventura intelectual que, a pesar de nuestra supuesta inclinación por la vida intelectual, hemos rehusado emprender”.

Las nuevas metas de la educación en Europa, marcadas en los cinco criterios de referencia definidos en noviembre de 2002 por Viviane Reding[2], Comisaria Europea de Educación y Cultura, señalan el desafío de construir antes del 2010, con el apoyo de nuestros sistemas educativos, la economía del conocimiento más competitiva y dinámica del mundo; sin embargo, la mayor parte de nuestros profesores, incluso en el ámbito universitario, y un buen número de las personas que toman decisiones sobre nuestros sistemas educativos, no serían capaces de ofrecer una definición coherente sobre qué cosa sea la economía del conocimiento y qué relación pueda tener la economía del conocimiento con la urgencia de emprender nuevos cambios en nuestros sistemas educativos. Enredados en pequeñas disputas domésticas perdemos el sentido de conjunto, y con ello la capacidad de afrontar los nuevos retos que enfrentan nuestros sistemas educativos y de los que, en última instancia, provienen los nuevos problemas a los que han de hacer frente los profesores en las aulas.

La aceleración del cambio social plantea nuevos retos a nuestros sistemas educativos. Justo cuando ya parecíamos haber concluido la escolarización plena de nuestros niños y comenzábamos a plantearnos como objetivo la mejora de la calidad de nuestros sistemas educativos, nos estamos encontrando con el nuevo desafío de la integración intercultural de una población de niños cada vez mayor, procedente de una inmigración masiva generada por los desequilibrios económicos de un mundo parcialmente globalizado. Si nos limitamos a mirar las estadísticas de nuestros sistemas educativos europeos, al observar datos objetivos como el pobre dominio de la lengua en numerosos alumnos, el retroceso en habilidades matemáticas o el aumento del número de niños que fracasan en su escolaridad, podemos llegar a la conclusión de que nuestros sistemas educativos están empeorando; o, peor aún, de que nuestros profesores son los responsables de semejantes tendencias estadísticas, sin entender los nuevos problemas a los que éstos tienen que hacer frente con la llegada a España en el curso de 2001-2002 –según datos oficiales del MECD- de 60.084 nuevos niños inmigrantes, hasta completar un contingente total de 201.518 alumnos que previsiblemente no dominan la lengua de enseñanza, y que, en consecuencia, tendrán problemas de aprendizaje en todas las materias. El diario EL PAIS, citando fuentes del Instituto Nacional de Estadística, sitúa la población de alumnos extranjeros en 400.000 niños para el curso 2003-04, ya que “desde curso 2001-02 han aumentado los estudiantes inmigrantes a razón de 100.000 por curso” (EL PAIS, 29 septiembre 2003). Poder integrar a todos estos niños en nuestras escuelas supone un logro importante; pero exige un esfuerzo inesperado de nuestros profesores y administradores, y una visión diferente de los indicadores de calidad del sistema. Las tasas de escolarización, superiores al 100% de la población infantil en muchos países de la Unión Europea, tienen este sentido: no sólo hemos escolarizado a todos nuestros niños, sino también a un número importante de niños inmigrantes.

Sin embargo, la maquinaria oficial de nuestros sistemas educativos europeos reacciona con extraordinaria lentitud frente a estos nuevos problemas emergentes, de tal forma que, para cuando se desarrollan nuevas estructuras capaces de afrontar los nuevos retos, ya aparecen otras nuevas tendencias sociales que plantean nuevas exigencias de adaptación a nuestros sistemas educativos; entre tanto, las primeras medidas de urgencia han sembrado el desconcierto entre nuestros profesores, que comienzan a solucionar los problemas más urgentes en base sólo a la buena voluntad y a la iniciativa individual de los maestros y profesores con mayor creatividad, sentido práctico y capacidad de adaptación al cambio (Esteve, 2000). Colectivamente, los cuerpos de profesores obtienen éxitos sin precedentes; individualmente, los profesores llevan el peso de unas reformas mal diseñadas por la falta de una visión de conjunto y de unas previsiones mínimas sobre los nuevos problemas emergentes. El sentimiento de estar desbordados afecta a la moral de los cuerpos de profesores, que se convierten en los primeros críticos de sus propios sistemas educativos; mientras, desde el punto de vista social, no se da gran importancia a los éxitos, que se interpretan como consecuencias naturales del desarrollo y del progreso, al mismo tiempo que se magnifican las deficiencias como un desastre colectivo que está muy lejos de ser verdad. La simple exposición pública de estas ideas y su difusión en los medios de comunicación permitiría romper el desconcierto y el desánimo, situando el trabajo de los profesores en un nuevo contexto histórico, social y económico en el que todas sus acciones cobran un nuevo sentido, al situarse en el marco de un esfuerzo común al que ellos pueden estar orgullosos de contribuir. Las dificultades se asumen siempre con mayor energía cuando se entiende el sentido de la tarea que se realiza, y se tienen claros cuáles son los objetivos conseguidos y los que aún faltan por conseguir. En definitiva, rescatar a nuestros profesores de la crítica social indiscriminada y recuperar la moral de nuestros cuerpos de profesores, pasa necesariamente por plantear un debate en profundidad sobre la realidad actual de nuestros sistemas educativos, sobre las profundas transformaciones que han sufrido en los últimos años, y sobre los retos más importantes a los que aún tendremos que hacer frente en el futuro.

4. Los profesores: el factor clave de la calidad de la educación.
A la hora de modificar la educación, las ambiciosas exigencias del contexto social o económico y los amplios desarrollos legislativos del contexto político y administrativo acaban siempre llegando a un cuello de botella en el que quedan estancadas muchas de las posibilidades de reforma de nuestros sistemas educativos. Me refiero al único contexto ejecutivo del sistema: al contexto de la práctica docente cotidiana, que se desarrolla en los centros educativos a partir de la cultura profesional de sus profesores, de sus concepciones de la enseñanza, de sus tradiciones y de las posibilidades reales de los medios y las condiciones de trabajo de las que disponen.

Jamás tendrá éxito una reforma educativa que pretenda hacerse contra la mentalidad de los profesores. En este sentido, el éxito de una reforma siempre dependerá de la capacidad de forjar una nueva forma de ver la educación, y de crear una opinión favorable hacia ella. La acción educativa está en las manos de nuestros profesores, y, por tanto, la calidad de la educación siempre dependerá de la calidad del personal que la atiende. Al margen de las demandas sociales o de las reglamentaciones legales, siempre son los hombres y mujeres que cada día entran en un aula quienes pueden darle calidad a la educación; por tanto, la formación inicial y continua de nuestros profesores es el elemento esencial para mejorar la calidad de nuestros sistemas educativos. La formación inicial tiene que comenzar ya a preparar a los futuros profesores para los desafíos de la nueva sociedad del conocimiento, y para hacer frente en las aulas a los nuevos problemas derivados de los profundos cambios que hemos vivido en los últimos treinta años. La formación continua debe centrar sus esfuerzos en lograr que los profesores salgan del desconcierto producido por la Tercera Revolución Educativa, de la que son los principales protagonistas, comprendiendo el sentido de los cambios que ellos mismos han generado. Por ello, el primer reto a enfrentar es el de la formación de nuestros profesores.

A pesar de los enormes cambios descritos, nuestros sistemas de formación de profesores apenas si han modificado, y muy lentamente, sus contenidos y estrategias (Fabra y Doménech, 2001). De esta forma, en muchas instituciones de formación de profesores, siguen empeñados en preparar profesores para un sistema educativo que ya no existe; y así, cada vez aumenta más la distancia entre los conocimientos y destrezas que los profesores necesitan para asumir sus nuevas responsabilidades y la formación inicial que reciben. En este sentido, ya he justificado en publicaciones anteriores (Esteve, 1997) la afirmación de que la mayor parte de los profesores aprenden a serlo por ensayo y error, en las peores condiciones laborales posibles, y con escasa formación útil para enfrentar los nuevos retos de la enseñanza con un trabajo de calidad.

Nuestra sociedad pide que los profesores se impliquen en la prevención de las drogodependencias, en enfoques interculturales de la educación o en el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación; pero difícilmente se aceptan estos nuevos contenidos en los programas de formación inicial de profesores, que, en algunos casos, aún continúan con enfoques que apenas si han cambiado en los últimos treinta años, y en los que se sigue considerando que el elemento central de la formación de profesores es el estudio de los contenidos científicos de las materias tradicionales: Matemáticas, Física, Química, Historia, Lengua, etc., sin prever una formación especializada.

Intentando responder a estos nuevos retos educativos diversos países europeos han modificado en los últimos años sus programas de formación de profesorado con tres tendencias claras:

      1. Un aumento en los años de formación inicial para llegar a ser profesor, y consecuentemente, un aumento en el grado académico necesario, pasando de estudios de ciclo corto (Diplomaturas) a estudios de ciclo largo (Licenciaturas).
      2. Una clara apuesta por la especialización y la profesionalización de los estudios de formación inicial, diseñando títulos profesionales para la formación inicial de profesores, no sólo en la primaria sino también en secundaria.
      3. Una generalizada aceptación de los modelos de formación simultáneos, abandonando los modelos de formación sucesivos (European Commission, 2002, XXVI).

Analicemos las nuevas tendencias europeas en la formación de profesores.

4.1.  Mayores exigencias de formación para los profesores de primaria.
En toda Europa, en el momento actual, se exigen al menos doce años de escolaridad (el equivalente a la formación secundaria completa), para acceder a los cursos de formación de maestros de primaria. En ningún país de Europa se accede ya a las instituciones de formación de profesores con una escolarización primaria o de grado medio. Igualmente, en toda Europa, la tendencia actual plantea situar la formación de profesores de primaria en el marco de la Universidad, si bien con distintas fórmulas. Entre ellas se perfilan dos vías distintas para organizar la formación de profesores: los modelos profesionales simultáneos, en los que se diseñan títulos profesionales específicamente dedicados a la docencia, integrando al mismo tiempo la formación científica y la formación psicopedagógica; y los modelos sucesivos, en los que se exige una formación científica previa, certificada por otro centro universitario, antes de acceder a la formación profesional. En general, tiende a considerarse que el aumento de las exigencias y de las nuevas responsabilidades educativas que pedimos a nuestros profesores y el aumento del nivel cultural de los países europeos exige una formación universitaria equivalente a una licenciatura para que nuestros profesores de primaria mantengan un buen nivel profesional, acorde con las nuevas exigencias que les pedimos, y una alta consideración social que responda al aumento del nivel cultural de la población. En esta línea de mayor profesionalización de nuestros profesores de educación primaria, la mayoría de los países europeos contemplan una o más especializaciones con recorridos currriculares diferenciados que respondan a la diversificación de exigencias que se hacen a nuestros profesores de este nivel.

4.2. La profesionalización de la formación de los profesores de secundaria.
En toda Europa, y con independencia del modelo seguido, se acepta ya la necesidad de una formación específica de carácter profesional y práctico, abandonando el antiguo supuesto de que para dar clases en secundaria lo único importante era dominar profundamente los contenidos científicos de una materia determinada. Los modelos sucesivos presentan el problema de crear una identidad profesional falsa en los futuros profesores de secundaria, que llegan a imaginarse a sí mismos, profesionalmente, trabajando como historiadores o como químicos, cuando en realidad van a trabajar profesionalmente como profesores de Historia o como profesores de Química. Por el contrario, los modelos simultáneos parecen producir una identidad profesional más adecuada a la realidad, en la que el futuro profesor recibe una formación específica y práctica en todos aquellos aspectos no académicos en los que se juega el éxito o el fracaso en la enseñanza: destrezas sociales en al aula, organización del trabajo en clase, disciplina, etc. En efecto, el aprendizaje de los mismos contenidos científicos se hace de otra forma cuando el estudiante piensa que va luego a utilizar esos conocimientos como profesor, que cuando el estudiante trabaja para convertirse en historiador o en químico, y luego debe comenzar a reestructurar sus conocimientos pensando en que profesionalmente se va a dedicar a la educación. La creación de títulos profesionales de profesor de Matemáticas, de profesor de Química o de profesor de Historia parece una estrategia más adecuada a las actuales dificultades de la enseñanza secundaria que continuar con los modelos sucesivos.

4.3. Reorganización científica y metodológica de la formación de profesores de educación preescolar.
Frente a planteamientos anteriores en los que se consideraba que cualquier persona con un mínimo de educación podía atender a los niños de esta etapa, pues sólo se esperaba de ellas que custodiaran a los alumnos, en el momento actual, la mayor parte de los países europeos ha situado la formación de profesores de preescolar en el ámbito de la Universidad y en el marco de programas de formación con una duración mínima de tres o cuatro años (Bélgica, España, Finlandia, Francia, Grecia, Portugal, Reino Unido). En muy pocos países, aún se continúa situando esta formación en el ámbito de la formación secundaria de grado superior (formación profesional), y en instituciones al margen de la Universidad (Alemania, Austria, Italia). La importancia de este periodo de la educación preescolar ha quedado demostrada en numerosas investigaciones, que han destacado además la necesidad de afrontar esta etapa no desde un enfoque asistencial de cuidado de los niños en las edades de 3 a 6 años, sino desde un enfoque netamente educativo, elaborando programaciones específicas adecuadas a esta etapa evolutiva. Con ellas, se lograrían minimizar las desigualdades detectadas al inicio de la primaria entre niños de diferentes orígenes sociales. La generalización de este planteamiento educativo supondría una formación más sólida de la que actualmente se ofrece en el ámbito de la formación profesional, ya que el trabajo educativo en esta etapa plantea más dificultades que con niños de edad superior a los seis años.

4.4. Planes de Estudio específicos para Educación Especial y Formación Profesional.
La atención a los niños con necesidades educativas especiales tiende a organizarse como una especialidad situada en el marco de los estudios universitarios, reconociendo la importancia de una formación específica para atender a este grupo de alumnos. Se considera que la educación de estos niños requiere una formación especializada desde el punto de vista científico y metodológico, en la que también se pretende sustituir los enfoques asistenciales y caritativos por enfoques científicos.          En la misma línea se tiende a plantear la necesidad de una formación específica para los profesores de los centros de formación profesional; pero, aunque se reconoce generalmente la calidad del sistema de formación profesional de Alemania y Austria, no se acaba de extender su modelo en el resto de Europa, probablemente por problemas presupuestarios. El modelo alemán parte de la imposibilidad de que los centros educativos de formación profesional puedan asumir la modernización de las nuevas tecnologías empleadas en los procesos de fabricación industrial, disponiendo para las clases prácticas de las máquinas-herramientas más modernas y renovándolas conforme lo hace la industria; por esta razón consideran que la formación profesional dada en centros educativos será siempre anticuada, y más en aquellas actividades en las que máquinas-herramienta y procedimientos de trabajo cambian profundamente cada pocos años. Por ello dividen la semana escolar en unos días en los que los alumnos de formación profesional reciben formación general y humanística en centros de secundaria y otros días en los que acuden a las aulas situadas en las fábricas y centros de producción, donde trabajadores voluntarios con una amplia experiencia, actúan como maestros, pagados por la Administración educativa, que también  compensa a las fábricas por el mantenimiento de las aulas. El sistema ofrece la ventaja de que los alumnos pueden aprender el manejo de las máquinas-herramienta más modernas, siguiendo el ritmo de renovación tecnológica de las empresas y adquirir una visión real de los sistemas actuales de trabajo.

            4.5. Integración y accesibilidad entre los cuerpos de profesores.
            Al situar todos los escalones de la formación de profesores en la Universidad y en el marco de ciclos largos equivalentes a una licenciatura  se desdibujan las tradicionales separaciones entre los profesores de primaria y de secundaria, tal como ha ocurrido en Francia o Portugal. Al mismo tiempo, los distintos sistemas educativos europeos están estableciendo sistemas de acceso más flexibles entre las distintas categorías de profesores, permitiendo el reconocimiento de las licenciaturas de los profesores de primaria que, considerando escasa la formación recibida en sus diplomaturas, decidieron completarla siguiendo estudios universitarios superiores. Igualmente, se está favoreciendo el acceso de determinados profesores de secundaria a la Universidad. Al partir del principio de especialización en cada una de las etapas del sistema educativo, carece de sentido mantener un sistema en el que la promoción de los profesores dependa de la posibilidad de pasar al nivel superior de enseñanza, consagrando la idea de que dedicarse a los niños de preescolar es una labor menor, que requiere escasa especialización y consecuentemente un menor nivel de retribución salarial, repitiendo el mismo esquema conceptual  en el paso a la educación primaria, secundaria, y universitaria. La tendencia es a reconocer los méritos y la excelencia del trabajo de los profesores en su propio nivel de enseñanza, sin que su promoción profesional o salarial tenga que depender del cambio de nivel de enseñanza. Sin embargo, aún siguen existiendo distintos programas de formación, con contenidos curriculares diferenciados en Alemania, España y Finlandia.

4.6. El reconocimiento de la existencia de nuevas dificultades para ejercer la docencia.
La mayor parte de los sistemas educativos europeos ha reconocido la existencia de una profunda transformación de las condiciones de trabajo de los docentes, a partir de los cambios sociales y educativos que hemos descrito, situando a nuestros sistemas educativos actuales en nuevos contextos nunca antes explorados. Teniendo en cuenta las nuevas dificultades que implican estos profundos cambios que afectan al trabajo cotidiano de los profesores en el aula, se plantea la necesidad de un cambio en los enfoques y contenidos de la formación inicial que se imparte a los profesores, intentando evitar que, en los nuevos sistemas de formación, se reproduzcan los antiguos contenidos y objetivos de unos enfoques de la formación de profesores que correspondían a unos sistemas educativos que ya no existen. No tiene sentido cambiar las estructuras y las instituciones encargadas de la formación, y continuar trabajando con los contenidos y objetivos del sistema anterior. Si personalmente tuviera que elegir entre cambiar las estructuras de formación o cambiar los objetivos y contenidos de esta formación, elegiría lo segundo. Hay que revisar si los contenidos que componen la formación, en cada materia, son los adecuados para formar profesores o si se continúa una tradición en la que se incluyen ciertos contenidos y enfoques simplemente porque así se ha hecho desde siempre, y nos resulta más fácil seguir así porque ya disponemos de formadores que vienen impartiendo esas materias desde tiempos inmemoriales; mientras que cambiar los enfoques y aceptar el desafío de asumir la docencia de nuevas materias emergentes, como es el caso de las TIC, implica afrontar la formación de los mismos formadores. Es importante, pues, explicitar las principales exigencias de adaptación  que deben enfrentar nuestros sistemas educativos, y los cambios de objetivos que estas nuevas exigencias plantean en la formación inicial de profesores. Razonablemente, no podemos esperar una mayor flexibilidad y capacidad de adaptación de nuestros sistemas educativos mientras sigamos formando profesores como si siguiéramos en el sistema anterior a la Tercera Revolución Educativa: los cambios sociales y educativos son innegables; y, nos gusten o no, debemos responder a las exigencias del nuevo contexto en el que ahora trabaja la educación; sin afrontar la renovación de objetivos de la formación inicial será muy difícil romper la resistencia al cambio de los profesores, impidiendo o retrasando la adaptación de nuestros sistemas educativos a las cambiantes exigencias de la sociedad del conocimiento. 

Todo el mundo habla de darle calidad a nuestro sistema educativo, pero si no se enfrentan los nuevos problemas generados por estos cambios, aún se agudizarán las disfunciones de nuestro sistema educativo, y aún descenderá la calidad de nuestra enseñanza, ya que la actual situación de crisis aumenta la desmoralización del personal educativo. Y éste, junto con las Organizaciones No-Gubernamentales son de las pocas instituciones que están implicadas, cada día, en mantener la cohesión social y en paliar las consecuencias de marginación que están generando los nuevos cambios sociales.

El aumento de la escolaridad obligatoria y los indiscutibles logros de la Tercera Revolución Educativa suponen un nuevo esfuerzo para los profesores. Fundamentalmente en las zonas más desfavorecidas y con mayores tasas de fracaso escolar. En ellas, hay que diversificar las opciones ofrecidas a los alumnos, con más personal y mejores medios, planteando un mapa realista de zonas de educación compensatoria, para evitar que la generalización de la escolaridad suponga en la práctica, para muchos niños, unos años de aparcamiento gratuito en el sistema escolar, convirtiendo a sus profesores en simples vigilantes de su permanencia formal en la aulas.


José M. Esteve
Catedrático de Teoría de la Educación.
Universidad de Málaga.



[1] Sobre las enormes posibilidades de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación para mejorar la educación se recomienda ver: Raschke, C.A. (2003) The Digital Revolution and the Coming of the Postmodern University. London and New  York, Routledge and Falmer. Dutton, H. and Loader, B.D. (2002) Digital Academe. London and New York, Routledge. Garrison, D.R. and Anderson, T. (2003) E-learning in the 21 st Century. London and New York, Routledge and Falmer. Carchidi, D.M. (2002) The Virtual Delivery and Virtual Organization of Postsecondary Education. London and New York, Routledge and Falmer.
[2] Reding, V. (2002). Cinq critères de référence européens pour les systèmes d’education et de formation. Bruxelles, Commisssion Européene. Vid: http://www.europa.eu.int/rapid/start/cgi

La Importancia de La Inteligencia Emocional para Padres y PROFES

La Inteligencia Emocional (IE) es un revolucionario y moderno concepto que da cuenta de la inteligencia no como algo único, sino como un conjunto de capacidades humanas multifactoriales, diversas, complejas, en permanente cambio y desarrollo. El precursor de este concepto fue el Dr. Howard Gardner quien en el año 83, acuñó el concepto de Inteligencias Múltiples, señalando ocho tipos de Inteligencia : Lingüística o Verbal, Lógico-Matemática, Musical, Visual-Espacial, Kinestésica-Corporal, Naturalista y las Inteligencias Personales Intrapersonal e Interpersonal.
El término Inteligencia Emocional fue utilizado por primera vez por los psicólogos Peter Salovey y John Mayer de la Universidad de Harvard (1990), y fue definido como: "la habilidad para percibir, evaluar, comprender y expresar emociones, y la habilidad para regular estas emociones que promuevan el crecimiento intelectual y emocional". Se empleó para describir las cualidades emocionales que parecer tener importancia para el éxito, como son:
  • La empatía.
  • La expresión y compresión de los sentimientos.
  • El control de nuestro carácter.
  • La independencia.
  • La capacidad de adaptación.
  • La simpatía.
  • La capacidad de resolver los problemas de forma interpersonal.
  • La persistencia.
  • La cordialidad.
  • La amabilidad.
  • El respeto.
Posteriormente en el año 95, Daniel Goleman un psicólogo e investigador americano, escribió su libro “La Inteligencia Emocional”, el cual se transformó prontamente en un best seller. La inteligencia emocional fue definida como un conjunto de destrezas, actitudes, habilidades y competencias que determinan la conducta de un individuo, sus reacciones, estados mentales, etc., y que puede definirse, según el propio Goleman, como la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, motivarnos y manejar adecuadamente las relaciones. En el año 97 el psicoterapeuta infantil, Lawrence Shapiro escribió su libro “La Inteligencia Emocional de los Niños”, entregando valiosas herramientas a padres y profesores, para desarrollar la inteligencia emocional en los niños.
La Inteligencia Emocional incluye dos tipos de inteligencias, la personal y la interpersonal.
La Inteligencia Personal: está compuesta a su vez por una serie de competencias que determinan el modo en que nos relacionamos con nosotros mismos. Esta inteligencia comprende tres componentes :
Conciencia en uno mismo: es la capacidad de reconocer y entender en uno mismo las propias fortalezas, debilidades, estados de ánimo, emociones e impulsos, así como el efecto que éstos tienen sobre los demás. Esta competencia se manifiesta en personas con habilidades para juzgarse a sí mismas de forma realista, que son conscientes de sus propias limitaciones y admiten con sinceridad sus errores, que son sensibles al aprendizaje y que poseen un alto grado de autoconfianza. Se responsabilizan de los propios actos, piensan antes de actuar.
Autorregulación o control de sí mismo: es la habilidad de controlar nuestras propias emociones e impulsos para adecuarlos a un objetivo. Las personas que poseen esta competencia son sinceras e íntegras, controlan el estrés y la ansiedad ante situaciones comprometidas y son flexibles ante los cambios o las nuevas ideas.
Automotivación: es la habilidad de estar en un estado de continua búsqueda y persistencia en la consecución de los objetivos, haciendo frente a los problemas y encontrando soluciones. Esta competencia se manifiesta en las personas con pensamiento positivo, que muestran un gran entusiasmo por el logro de las metas,con un alto grado de iniciativa y compromiso, con gran optimismo en la consecución de sus objetivos.
La Inteligencia Interpersonal: al igual que la anterior, esta inteligencia también está compuesta por otras competencias que determinan el modo en que nos relacionamos con los demás : Empatía: es la habilidad para entender las necesidades, sentimientos y problemas de los demás, poniéndose en su lugar, y responder correctamente a sus reacciones emocionales.
Las personas empáticas son aquellas capaces de escuchar a los demás, entender sus problemas y motivaciones, que normalmente tienen mucha popularidad y reconocimiento social, que se anticipan a las necesidades de los demás y que aprovechan las oportunidades que les ofrecen otras personas.
Habilidades sociales: es el talento en el manejo de las relaciones con los demás, en saber persuadir e influenciar a los demás. Quienes poseen habilidades sociales son excelentes negociadores, tienen una gran capacidad para liderar grupos y para dirigir cambios, y son capaces de trabajar colaborando en un equipo y creando sinergias grupales.
Estas cinco competencias son fundamentales en nuestra vida:
- Propenden a nuestro bienestar psicológico, base para el desarrollo armónico y equilibrado de nuestra personalidad.
- Contribuyen a nuestra buena salud física, moderando o eliminando patrones y/o hábitos psicosomáticos dañinos o destructivos, y previniendo enfermedades producidas por desequilibrios emocionales permanentes (angustia, miedo, ansiedad, ira, irritabilidad, etc.).
- Favorecen nuestro entusiasmo y motivación. Gran parte de nuestra motivación en distintas áreas de la vida está basada en estímulos emocionales.
- Permiten un mejor desarrollo de nuestras relaciones con las personas, en el área familiar-afectiva, social y ,laboral-profesional.
Todos los investigadores coinciden en las características de los niños emocionalmente inteligentes, que, a modo de resumen, son las siguientes : 
Poseen un buen nivel de autoestima. Aprenden más y mejor. Presentan menos problemas de conducta. Se sienten bien consigo mismos. Son personas positivas y optimistas. Tienen la capacidad de entender los sentimientos de los demás. Resisten mejor la presión de sus compañeros. Superan sin dificultad las frustraciones. Resuelven bien los conflictos. Son más felices, saludables y tienen más éxito
Los especialistas de las ciencias sociales creen que los problemas de los niños de hoy, pueden explicarse por los cambios complejos que se han producido en las pautas sociales en los últimos años, incluyendo el aumento de divorcios, la influencia de la televisión y los medios de comunicación, la falta de respeto hacia las escuelas como centros de autoridad, y el tiempo cada vez más reducido que los padres les dedican a sus hijos.
En decenas de escuelas norteamericanas se imparten ya, asignaturas como Habilidad Social o Control de las Emociones. Se empezó hace unos doce años a nivel experimental, pero a raíz del éxito del libro de Goleman se están extendiendo estas nociones, a los programas de enseñanza. Uno de los lugares pioneros fue New Haven, donde los alumnos estudian Empatía, Autocontrol, Autoestima, Cooperación. Pero la escuela más innovadora en la enseñanza de la Inteligencia Emocional tal vez sea el Nueva Learning Center, de San Francisco. A la hora de pasar lista, los niños dicen un número, del diez al uno, según su mejor o peor estado de ánimo. Así los profesores saben a qué atenerse y les ayudan a liberarse de sus preocupaciones, antes de empezar la jornada. Las mejoras en los niños saltan por lo general a la vista: menos agresividad, menos propensión a las drogas, autocontrol, sociabilidad, disposición para el trabajo en grupo.
  • Se informa acerca de estos nuevos conceptos y acepta el desafío de mejorar la calidad de la educación de la IE en y profesores, alumnos y padres.
  • Capacita a sus profesores en Inteligencia Emocional mediante entrega de material bibliográfico,.charlas, cursos, talleres. Premia y valora a los profesores que incorpora nuevas iniciativas en el aula y obtienen buenos resultados en el corto plazo.
  • Realiza Escuela de Padres con especialistas del propio Colegio o profesionales externos.
Un Profesor Emocionalmente Inteligente:
  • Asume su rol formador de personas, y la importancia de ser un modelo fundamental de IE, para sus alumnos.
  • Ama y valora a sus niños, como personas en desarrollo, crecimiento y evolución.
  • Es capaz de realizar un autoanálisis de sus estados emocionales predominantes, decidiendo cambiar lo que no es correcto ni adecuado, desarrollando nuevas habilidades.
  • Entiende que debe desechar viejas estructuras y modelos, adaptándose a las necesidades de los nuevos tiempos. Reconoce que el rol de un educador autoritario, dominante, castigador, está pasado de moda.
  • Reconoce la importancia de sus estados de ánimo, verbalizaciones y conductas, en el estado emocional, en el rendimiento escolar y en la formación de la personalidad de sus alumnos.
  • Ocupa situaciones de conflicto entre sus alumnos, no para castigar, sino para enseñar.
  • Averigua acerca de la problemática familiar de sus niños, que presentan bajo rendimiento escolar o problemas de conducta. Orienta y apoya a los padres.
  • Usa las reuniones de curso, para entregar nociones de IE a los padres y apoderados.
  • Premia y valora a los alumnos que demuestran un buen desarrollo de su IE, más que a los que tiene buenas notas y o son excesivamente pasivos.
  • Sabe y reconoce sus fortalezas de sus alumnos para desarrollarlas y estimularlas, así como también sus debilidades para trabajar y mejorarlas.
  • Impone normas y límites claros de acuerdo a la edad y capacidades, estimula, refuerza, corrige y exige con firmeza y cariño.
  • Acoge y entiende las emociones de sus alumnos, tratando de ponerse en su lugar.
  • Respeta el ritmo del niño, sus características y riqueza individual. Lo ayuda a crecer, brinda espacios, herramientas y posibilidades, está disponible.
La responsabilidad del Colegio en la educación emocional de sus alumnos es fundamental e ineludible y comienza en primer lugar por una disposición positiva por parte de los Directivos, para luego apuntar a la necesidad de una capacitación permanente del Estamento Docente, así como también apoyar a los padres a través de la Escuela de Padres. Para realizar la noble tarea de desarrollar habilidades emocionales en niños y jóvenes, se requiere más bien de interés y buena disposición : la consecuencia puede ser contribuir al desarrollo de personas más sanas y exitosas, para el presente y también para el futuro.

La Motivación cultiva la FUERZA

Sin motivación, la fuerza desaparece. 
Pongaselo Fácil
Que disfrute de lo que hace
Póngaselo fácil. Imagínese la idea de hacer deporte. No importa la razón por la que lo hagan sus amigos o sus compañeros de trabajo; debe buscar la suya. Esa será la causa que le lleve a trabajar sus músculos. Para otros puede ser una tontería. No se preocupe, hacer juicios de valor es deporte nacional. Si usted ha encontrado su motivación, ya es suficiente argumento para ganar a la dejadez.

Sin Motivación La FUERZA DeSAPARECE

Sin motivación, la fuerza desaparece. Póngaselo fácil. Imagínese la idea de hacer deporte. No importa la razón por la que lo hagan sus amigos o sus compañeros de trabajo; debe buscar la suya. Esa será la causa que le lleve a trabajar sus músculos. Para otros puede ser una tontería. No se preocupe, hacer juicios de valor es deporte nacional. Si usted ha encontrado su motivación, ya es suficiente argumento para ganar a la dejadez.

La FUERZA de VOLUNTAD PATRICIA RAMIREZ

La Voluntad tiene un COMPONENTE Consciente
La Voluntad tiene un componente MENTAL INCONSCIENTE de ESQUEMAS MENTALES


¿Cuántos proyectos, sueños y oportuni­dades ha dejado pasar por falta de voluntad? Muchos. ¿Y cómo se ha sentido? Mal, rematadamente mal. ¿Y qué le ha dicho su crítico interior? “Eres un vago, todo te da pereza, es imposible conseguir algo en la vida si no te implicas y te esfuerzas”. Cuando no tenemos fuerza de voluntad nos descalificamos sin piedad. Es de las flaquezas que menos nos perdonamos, porque la lectura que sacamos de nosotros es debilidad, falta de compromiso, dejadez y holgazanería. Los errores cometidos por su valentía, tienen perdón. No alcanzar los objetivos cuando uno no se esfuerza, no.
Pero no solo es crítico usted con su desidia, también el resto de la sociedad: familiares, profesores, entrenadores, amigos, incluso su pareja. Nadie se queda inmune ante la dejadez, que es una de las debilidades más criticadas. El mundo se divide entre los voluntariosos, capaces de invertir en esfuerzo y trabajo para lograr un proyecto, y los que no lo son.
Esa fuerza es la capacidad que tenemos para decidir qué hacer, y optar por un determinado tipo de comportamiento. Y se asocia con el ahínco necesario para alcanzar objetivos que a corto plazo suponen un sacrificio, pero que benefician a largo plazo. Y aquí es donde aparece el primer problema: el sacrificio inmediato. Cuesta mucho pensar en el largo plazo.
La voluntad no es innata. Así que deje de lamentarse por no haber sido agraciado por la fortuna de la voluntad, y arremánguese para tenerla de su lado.
Deje de etiquetarse. Y de tener expectativas negativas sobre usted mismo. Que los demás le juzguen tiene un pase, que se machaque usted a sí mismo, no. Si cree que volverá a postergar y fallar en el intento, al final es lo que conseguirá: abandonar. Coja su idea con ilusión, enamórese de ella y espere cosas buenas de usted y de la relación que ahora comienza con este nuevo propósito. Se puede equivocar todas las veces que sea necesario; lo que debe rechazar es no verse capaz de cometer errores y tirar adelante. ¿De verdad que va a permitir que la falta de voluntad le frene? Deje de justificarse y dele al modo acción.

De camino a la cima

CANCIÓN
‘Eye of the tiger’
Survivor
PELÍCULAS
‘En busca de la felicidad’
Gabriele Muccino
‘Go Now’
Michael Winterbottom
La vida de un enfermo con esclerosis múltiple que no se rinde.
Sin motivación, la fuerza desaparece. Póngaselo fácil. Imagínese la idea de hacer deporte. No importa la razón por la que lo hagan sus amigos o sus compañeros de trabajo; debe buscar la suya. Esa será la causa que le lleve a trabajar sus músculos. Para otros puede ser una tontería. No se preocupe, hacer juicios de valor es deporte nacional. Si usted ha encontrado su motivación, ya es suficiente argumento para ganar a la dejadez.
Organícese. No postergar, la mayoría de las veces es cuestión de organizarse mejor. El éxito radica en cómo establecen sus prioridades y distribuyen el tiempo los que no dejan las cosas para otro día. Las personas que llevan una vida saludable, que practican deporte, que tienen tiempo para ver a sus amigos y ver una película de forma relajada no cuentan con una vida más ociosa, solo se organizan mejor. Si lo desea, puede robarle tiempo a la televisión, a las largas horas contemplando los chats del WhatsApp, incluso a alguna hora de siesta. Y decida en qué invertiría ese tiempo.
Atienda a su sistema reflexivo. Es mejor que guiarse por impulsos. La falta de voluntad obedece más a lo segundo que a lo primero. Se siente eldeseo de algo, y queremos satisfacerlo de forma inmediata. Espere, piense, pare, frene. Solo retrase el deseo, a ver cuánto es capaz de esperar. Si de verdad es tan intenso, también lo tendrá dentro de 15 minutos o de media hora. Dele una tregua. No se trata de que se prohíba hacer algo, sino de dar tiempo a su paciencia y reflexión para que puedan intervenir.
Planifique. Esté preparado. Tener pensado qué va a hacer cuando flaquee, aumenta la probabilidad de tener éxito. Cuando una persona siente un fuerte impulso que le incita a romper con sus propósitos, la emoción que percibe en ese momento es tan fuerte que pierde la capacidad de razonar y la reflexión. Confeccione una lista con distintas alternativas que eviten “el pecado”. Tenga su lista de “si la voluntad me falla, que las alternativas estén conmigo” y consúltela cuando surja la necesidad.
Modifique sus hábitos. Es más sencillo cambiar que eliminar. Psicológicamente no es lo mismo ponerse a dieta que modificar sus hábitos alimenticios. La segunda opción suena menos restrictiva. Así que en lugar de pensar todo lo que tiene que abandonar, piense solo en qué va a hacer para sustituir y rellenar ese espacio. Mire estos ejemplos:
No se ponga a dieta; incluya más fruta, verduras y hortalizas en sus comidas diarias. No se prohíba los refrescos cargados de calorías; beba más agua. Sustituya media hora de tele todos los días por media hora de un buen libro o media hora de paseo. Baje del tranvía o del bus una parada antes y empiece a caminar. Deje de ver un programa que no le dice nada y empiece a ver una serie en versión original.
Autocontrol y fuerza de voluntad no son lo mismo, pero mantienen una estrecha relación. Autocontrol es la capacidad consciente de regular los impulsos. La fuerza de voluntad hace referencia al esfuerzo que invierte para alcanzar algo. Una persona con autocontrol suele manejar bien sus emociones. Si lo tiene, también será capaz de no ceder ante el primer impulso que por ejemplo le lleve a comer en exceso o a abandonar cuando está cansado.
Para mejorar su autocontrol, lo primero que necesita es el deseo de realizar un cambio, el que cree que es bueno para usted, no el que le imponen los demás. No es suficiente motivo trabajar sobre su impaciencia, si usted no tiene la sensación de que le perjudica.
Priorice. ¡Ojo!, el autocontrol tiene un tope. Estudios recientes de la Universidad de Minnesota afirman que la capacidad de autocontrol tiene un desgaste. No es bueno abusar mucho de él. Si intenta controlarlo todo, al final se cansará y sucumbirá. Por ello, establezca prioridades. No quiera cambiar todo su mundo de golpe: dejar de comprar de forma compulsiva, hacer deporte, perder peso, dejar el tabaco, etcétera. Elija qué es lo más importante para usted y empiece por ahí.
Aplíquese la “terapia del fastídiate”. No todo en la vida puede producir satisfacción, ni siempre se podrá mover solo por sus motivaciones. Ojalá fuera así, pero no lo es. Así que asuma como parte del juego de la vida, que tiene que hacer cosas a pesar de que no le apetezcan, y que no tiene otra alternativa. Si se plantea otra opción, la cogerá. Olvídese, no existe el plan B. Es esto o nada. La mayoría de los objetivos necesitan perseverancia, esfuerzo, trabajo y sacrificio. Y están al alcance de todos. La diferencia entre los que lo consiguen y los que no está en que muchos se esfuerzan porque saben que lo tienen que hacer, que llegar a la meta pasa por etapas en las que no se está cómodo. En esta vida no nos podemos mover solo por placer.
No discuta con su diablito. Todos tenemos una figura negativa en nuestro cerebro que nos argumenta constantemente lo bien que se está en el mundo de lo fácil. Ese diablillo lleva toda la vida venciendo la batalla a la fuerza de voluntad. Si usted le escucha a él en lugar de a su Pepito Grillo, encontrará muchas excusas para dejar de hacer lo que debe en lugar de lo que le place.
Cuanto antes se ponga manos a la obra, antes entrará en el bucle de los que se sienten bien consigo mismos por ser los responsables de sus éxitos. Esas personas sufren, disfrutan, trabajan, descansan al igual que usted. En esta vida hay tiempo para todo. Se sentirá muy satisfecho de sí mismo si desde hoy empieza a dejar de limitarse y excusarse en que la fuerza de voluntad no es lo suyo. Sí lo es. Solo tiene que actuar P

sábado, 9 de agosto de 2014

Las Constelaciones Familiares ENFOQUE de TERAPIA SISTEMICA

 Cada Familia tiene unas NORMAS de la Familia
 Unas son Evidentes y Explicitas
 Y Otras no lo son Tanto
 Son SISTEMAS de CREENCIAS que se aceptan como adecuadas.
 Cada Familia tiene Estos ESQUEMAS MENTALES
Y ESQUEMAS EMOCIONALES

jueves, 7 de agosto de 2014

Cubrir Tus NECESIDADES DESCUBRIR NECESIDADES PARA ALCANZAR la PLENITUD

1.-Alegria
2.-Ilusion
3.-Hacer lo que te gusta
4.-Ganas de Vivir
5.-Ganas de Vivir