A los padres se les va de las Manos
Un periodista le animó a escribir un libro contando su experiencia. Y después llegó la posibilidad de hacer Hermano mayor y El campamento. García Aguado ya trabajaba en un centro terapéutico. "Ayudaba a un segmento, que era el de las adicciones, y quería abrir ese espectro".
Los chavales que ayuda en su programa son historias reales. No hay guión. "Miedo físico no he sentido, pero sí que se nos podía ir de las manos. Trabajamos con mucha tensión. Yo sé como empiezo una acción, pero la reacción del chaval en ocasiones es sorprendente y hay que estar siempre muy rápido para ver como podemos atajar ese brote de violencia, esa emoción desbordada o esa huida". Este campeón del waterpolo cursa el programa de certificación en Coaching Ejecutivo de la Escuela Europea de Coaching y ha montado un centro psicopedagógico para ayudar a adolescentes con trastornos.
"Son chavales que durante toda su vida han seguido estrategias para salirse con la suya y siguen haciéndolo incluso de mayores porque les funciona. Lo malo es que los padres se han rendido". Lo adolescentes protagonistas del programa que hoy arranca han traslado esto a la calle. "La adolescencia ya no es de los 12 a los 16 años. Ahora llega ¿hasta los 38? Eso afecta a la maduración de las personas. Hay padres que han sido demasiado permisivos y han hecho de sus hijos unos discapacitados para vivir en sociedad porque no saben superar frustraciones ni enfrentarse a retos y adversidades. Todo lo solucionan con violencia".
jueves, 6 de octubre de 2011
Mejora La comunicación
EL IDIOMA DE LOS NIÑOS
Os invito a la lectura de un artículo publicado en la página web de una colega Psicoterapeuta Gestalt, formada en el Instituto Francés de Terapia Gestalt, como quién os escribe.
En él nos acerca a una postura desde nuestro yo infantil hacia nuestro hijos-niños. "Desde su altura", tanto físicamente, como desde esas emociones no controladas que emergen en el JUEGO o en momentos espontáneos de expresión no controlada de sus emociones infantiles.
Nos habla de potenciar una comunicación en la que propiciemos momentos en los que viamos la complicidad con el otro (nuestro hijo) y a través de los que podemos olvidarnos por un momento de esa actitud "de estar en guardia" que nos lleva a una "postura de adultos" ( "yo sé más que tú y no puedes enseñarme nada", "yo sé lo que necesitas y es bueno para ti en todo momento", "yo sé qué te pasa y porqué actúas como lo haces" ) ... Actitudes que podemos mostrar sin realmente habernos tomado el tiempo de escuchar previamente al niño, desde una escucha activa, como la autora dice, con todos nuestros sentidos.
Es importante actuar teniendo en cuenta no "sólo lo aparentemente evidente" sino las emociones no tan visibles, ni expresadas por el niño, cuando no se siente aceptado sino juzgado, no tenida en cuenta su vivencia (o la importancia que tiene para él cómo vive lo que le pasa) o no comprendido.
El juego sincero con él/ella, y una comunicación entregada (teniendo en cuenta sus demandas de atención, sus expresiones no controladas de emoción, su necesidad de movimiento, de juego compartido con él ,.., en definitiva, sus necesidades propias de su momento evolutivo), con nuestro hijo favorece en nosotros, adultos, una actitud relajada, expresiva, de acogimiento, el deseo de compartir y disfrutar juntos en este momento (aquí y ahora), de escucha y de olvido "del adulto" (con sus mecanismos defensivos), un surgir de nuestro niño interior con ganas de jugar, sentir, abrirse y expresarse, que comunica y facilita estas mismas actitudes en nuestro hijo.
La actitud anterior abre la puerta a una forma de comunicación empática con él (ponernos en el lugar del niño, pero desde nuestro niño interior, no desde el adulto), para así poder acercarnos a sus emociones y realmente al comprenderle, nuestra forma de "intervención" con él cambia (pues nuestra comprensión de él y nuestra postura ha evolucionado al tener en cuenta su desarrollo y necesidades afectivas propias de su desarrollo evolutivo), cambiando así y mejorando nuestra relación paterno-filial.
Cuando nos permitimos no tener que respondernos enseguida ¿y ahora qué hago?, ¿cómo actúo? en la búsqueda de una solución educativa, sino darnos el tiempo de conocer qué sucede realmente y en lo profundo qué hay detrás de una actitud de nuestro hijo/a que pongamos por caso "nos desagrade o disguste", nuestro hijo siente y recibe este acompañamiento, acogimiento y apoyo que como padres le damos. Estamos ayudándole a madurar, crecer y a que pueda hacer cosas buenas para él sin necesidad de una rebelión desde el cabreo (ya que se siente realmente tenido en cuenta como persona) y la rabia.
Es un tema apasionante el observar y trabajar en hacer de estos momentos de placer, de escucha activa con todos lo sentidos, un momento esperado del día en la relación padre/madre-hijo/a y se convierte en una base de una familia y la satisfacción que crea a nivel familiar los cambios que favorece.
Os dejo con el artículo mencionado, en el que resalto (mediante el color, el subrayado y la negrita) algunos aspectos que me parecen significativos.
"La comunicación es una de las claves en la mejora de las relaciones padre-hijo."
Sabemos que muchas veces en las cosas más sencillas es donde vamos a encontrar el bienestar y la felicidad. Otras tantas dejamos que el día a día nos lleve a una espiral de estrés e incomunicación de la cual somos víctimas y ejecutores al mismo tiempo. Es tan sencillo como parar un momento para pensar en ello y tomar las riendas de nuestra propia vida.
Con los niños nos sucede a cada instante. Ellos nos intentan muchas veces recordar cual es el sentido de la vida, con sus ganas constantes de juego, con sus reclamos de afecto y atención, con sus desinhibiciones emocionales… Tienen tanto que aprender como que aportar(nos). No hay un modo mejor de relacionarse con un niño que en su propio idioma, el juego, el movimiento, la expresión no controlada de la emoción… Además, este idioma no nos es desconocido, nosotros también fuimos niños y por eso, recordando como nos sentíamos de niños, nos estamos acercando a ellos, y a nosotros mismos al mismos tiempo. Nos hace bien dejar la “posición adulta” y permitirnos la espontaneidad que a lo largo de los años hemos ido negándonos.
En la búsqueda de este punto de encuentro entre madres, padres e hijos podremos realzar el contacto, refrescar al inconsciente, aunque sea durante unos instantes al día, cual es el origen de la relación, procurando hacer presente el momento. Aquí y ahora estamos juntos, aquí y ahora nos sentimos. Sin censuras, sin hacer, sólo estando y acogiendo lo que ocurre tal cual aparece, seremos capaces de entender mejor. Esperando, sin intentar resolver prematuramente. En la escucha desde cualquiera de los sentidos… Así, podemos hacer que nuestras conexiones neuronales conozcan cual es el camino que han de repetir. Expresarse y poder relajarse forman parte del aprendizaje de la relación que mantenemos. Y es tan sencillo como aceptarse a uno mismo y al niño que llevamos dentro que se comunica con nuestro hijo. Si nos sentimos comprendidos en todos los niveles, podemos bajar la guardia, relajarnos y disfrutar. Antes no."
Cristina De la Cuadra Aracil
Os invito a la lectura de un artículo publicado en la página web de una colega Psicoterapeuta Gestalt, formada en el Instituto Francés de Terapia Gestalt, como quién os escribe.
En él nos acerca a una postura desde nuestro yo infantil hacia nuestro hijos-niños. "Desde su altura", tanto físicamente, como desde esas emociones no controladas que emergen en el JUEGO o en momentos espontáneos de expresión no controlada de sus emociones infantiles.
Nos habla de potenciar una comunicación en la que propiciemos momentos en los que viamos la complicidad con el otro (nuestro hijo) y a través de los que podemos olvidarnos por un momento de esa actitud "de estar en guardia" que nos lleva a una "postura de adultos" ( "yo sé más que tú y no puedes enseñarme nada", "yo sé lo que necesitas y es bueno para ti en todo momento", "yo sé qué te pasa y porqué actúas como lo haces" ) ... Actitudes que podemos mostrar sin realmente habernos tomado el tiempo de escuchar previamente al niño, desde una escucha activa, como la autora dice, con todos nuestros sentidos.
Es importante actuar teniendo en cuenta no "sólo lo aparentemente evidente" sino las emociones no tan visibles, ni expresadas por el niño, cuando no se siente aceptado sino juzgado, no tenida en cuenta su vivencia (o la importancia que tiene para él cómo vive lo que le pasa) o no comprendido.
El juego sincero con él/ella, y una comunicación entregada (teniendo en cuenta sus demandas de atención, sus expresiones no controladas de emoción, su necesidad de movimiento, de juego compartido con él ,.., en definitiva, sus necesidades propias de su momento evolutivo), con nuestro hijo favorece en nosotros, adultos, una actitud relajada, expresiva, de acogimiento, el deseo de compartir y disfrutar juntos en este momento (aquí y ahora), de escucha y de olvido "del adulto" (con sus mecanismos defensivos), un surgir de nuestro niño interior con ganas de jugar, sentir, abrirse y expresarse, que comunica y facilita estas mismas actitudes en nuestro hijo.
La actitud anterior abre la puerta a una forma de comunicación empática con él (ponernos en el lugar del niño, pero desde nuestro niño interior, no desde el adulto), para así poder acercarnos a sus emociones y realmente al comprenderle, nuestra forma de "intervención" con él cambia (pues nuestra comprensión de él y nuestra postura ha evolucionado al tener en cuenta su desarrollo y necesidades afectivas propias de su desarrollo evolutivo), cambiando así y mejorando nuestra relación paterno-filial.
Cuando nos permitimos no tener que respondernos enseguida ¿y ahora qué hago?, ¿cómo actúo? en la búsqueda de una solución educativa, sino darnos el tiempo de conocer qué sucede realmente y en lo profundo qué hay detrás de una actitud de nuestro hijo/a que pongamos por caso "nos desagrade o disguste", nuestro hijo siente y recibe este acompañamiento, acogimiento y apoyo que como padres le damos. Estamos ayudándole a madurar, crecer y a que pueda hacer cosas buenas para él sin necesidad de una rebelión desde el cabreo (ya que se siente realmente tenido en cuenta como persona) y la rabia.
Es un tema apasionante el observar y trabajar en hacer de estos momentos de placer, de escucha activa con todos lo sentidos, un momento esperado del día en la relación padre/madre-hijo/a y se convierte en una base de una familia y la satisfacción que crea a nivel familiar los cambios que favorece.
Os dejo con el artículo mencionado, en el que resalto (mediante el color, el subrayado y la negrita) algunos aspectos que me parecen significativos.
"La comunicación es una de las claves en la mejora de las relaciones padre-hijo."
Sabemos que muchas veces en las cosas más sencillas es donde vamos a encontrar el bienestar y la felicidad. Otras tantas dejamos que el día a día nos lleve a una espiral de estrés e incomunicación de la cual somos víctimas y ejecutores al mismo tiempo. Es tan sencillo como parar un momento para pensar en ello y tomar las riendas de nuestra propia vida.
Con los niños nos sucede a cada instante. Ellos nos intentan muchas veces recordar cual es el sentido de la vida, con sus ganas constantes de juego, con sus reclamos de afecto y atención, con sus desinhibiciones emocionales… Tienen tanto que aprender como que aportar(nos). No hay un modo mejor de relacionarse con un niño que en su propio idioma, el juego, el movimiento, la expresión no controlada de la emoción… Además, este idioma no nos es desconocido, nosotros también fuimos niños y por eso, recordando como nos sentíamos de niños, nos estamos acercando a ellos, y a nosotros mismos al mismos tiempo. Nos hace bien dejar la “posición adulta” y permitirnos la espontaneidad que a lo largo de los años hemos ido negándonos.
En la búsqueda de este punto de encuentro entre madres, padres e hijos podremos realzar el contacto, refrescar al inconsciente, aunque sea durante unos instantes al día, cual es el origen de la relación, procurando hacer presente el momento. Aquí y ahora estamos juntos, aquí y ahora nos sentimos. Sin censuras, sin hacer, sólo estando y acogiendo lo que ocurre tal cual aparece, seremos capaces de entender mejor. Esperando, sin intentar resolver prematuramente. En la escucha desde cualquiera de los sentidos… Así, podemos hacer que nuestras conexiones neuronales conozcan cual es el camino que han de repetir. Expresarse y poder relajarse forman parte del aprendizaje de la relación que mantenemos. Y es tan sencillo como aceptarse a uno mismo y al niño que llevamos dentro que se comunica con nuestro hijo. Si nos sentimos comprendidos en todos los niveles, podemos bajar la guardia, relajarnos y disfrutar. Antes no."
Cristina De la Cuadra Aracil
miércoles, 5 de octubre de 2011
Sí a la Cultura del Esfuerzo: Finlandia
El éxito finlandés: eficacia y cultura del deber
Por Mónica Mullor
La escuela finlandesa es la estrella indiscutida del firmamento educacional europeo. Con un gasto por alumno significativamente inferior al español, obtiene resultados muy superiores a los de España. Ello prueba un hecho fundamental: que las deficiencias educacionales españolas no dependen de un problema de recursos, sino del uso de los mismos. Gastamos mucho, pero lo hacemos mal, mientras que los finlandeses gastan menos pero bien.
¿Qué factores y características explican la excelencia de la escuela finlandesa y, más en concreto, su superioridad respecto de la española? Este es el tipo de cuestiones que deberían estar en el tapete, si es que realmente nos preocupase la educación española. Pero no, todo gira hoy en torno a los intereses de los profesores-funcionarios por mantener, a toda costa, inalterados sus privilegios.
Las claves del éxito de la escuela finlandesa hay que buscarlas en una serie de elementos que se combinan para dar ese resultado. El primero de ellos es la altísima calidad del personal que forma a los maestros. Los profesores de las facultades de Pedagogía son en su gran mayoría doctores. Además, los finlandeses cuentan, según el QS World University Rankings 2011, con una universidad entre las 75 mejores del mundo, mientras que... ¡España no cuenta con ninguna entre las 150 mejores!
El segundo elemento explicativo del éxito finlandés es el alto nivel de excelencia de sus profesores en general, lo que tiene su origen no solo en la exigente formación que reciben, sino en el proceso de selección de los aspirantes a la propia carrera de profesor. Solo uno de cada diez solicitantes logra acceder a ella, es decir, solo los estudiantes mejor dotados y motivados logran convertirse en profesores.
De ello se deduce el tercer elemento de éxito: la profesión de maestro otorga un alto estatus en Finlandia, y para nadie es fácil impugnar la autoridad de los profesores. Esto tiene efectos decisivos respecto del ejercicio mismo de la labor docente, pero es que además explica el cuarto hecho distintivo del éxito finlandés: los políticos se cuidan de meterse en el campo educacional y convertirlo en arena de sus disputas, antojos y proyectos ideológicos. Nada parecido a la Logse se ha visto en Finlandia, sino todo lo contrario. Existe un sólido acuerdo para dejar a los maestros que hagan lo suyo y no alterar la estabilidad de la escuela. De hecho, la escuela finlandesa debe de ser una de las que menos reformas ha padecido en las últimas décadas.
De aquí se deriva el quinto elemento explicativo del éxito finlandés: la gran autonomía de los centros educativos y de los maestros a la hora de articular su labor. Los maestros gozan de una libertad que se han ganado sobremanera: ahí está el respeto generalizado por lo que hacen.
Esto nos lleva al sexto hecho decisivo: no se aceptan el fracaso ni la mediocridad en el ejercicio de la función docente. Esto es lógico cuando se cuenta con un cuerpo docente tan seleccionado, prestigiado y respetado, que lógicamente cuida su buen nombre como el mayor de sus capitales. Los centros saben lo que pueden exigir de un profesor, y si este no gestiona su trabajo de forma satisfactoria, lo cambian por otro. Se trata de premiar la excelencia y la eficacia, para lo cual, evidentemente, todos han de competir con todos en igualdad de condiciones. Este sistema implica que los profesores no tienen el privilegio de poseer contratos vitalicios, es decir, no son funcionarios de carrera, como sí son los españoles.
En séptimo lugar tenemos la disciplina y los controles de calidad. Se trata de un compromiso asumido por los profesionales, los padres y los educandos. No solo se controlan sistemáticamente los rendimientos, sino que los atrasos, la inasistencia y el incumplimiento en la entrega de deberes son considerados graves faltas al sentido del deber y tienen consecuencias. ¡En Finlandia no hay cabida para el "No pasa nada" español!
Finalmente, debemos hacer notar un elemento de mayor amplitud y complejidad. No cabe duda de que los resultados mediocres de los alumnos españoles en informes como los PISA hunden sus raíces en el entramado cultural que se ha desarrollado en las últimas décadas: la cultura del poco esfuerzo. En Finlandia, por el contrario, sigue rigiendo la cultura del deber.
Es este conjunto de cuestiones lo que debemos discutir, con seriedad y urgencia, ya que lo peor sería que, conscientes de nuestro talón de Aquiles, siguiésemos resignados, mientras el futuro de España está en juego.
La lista de deberes para el próximo Gobierno es, por lo explicado, larga. Una de esas tareas, quizá la más difícil, consistirá en abolir el monopolio del uso de los recursos públicos en educación y los privilegios otorgados a los profesores-funcionarios, como la inmovilidad laboral. El motivo fundamental de esta medida es la necesaria transición hacia un mercado laboral más homogéneo, donde todos compitan con todos y la excelencia se pruebe constantemente. Esta ha de ser una de las bases de un gran cambio que nos permita dar inicio a un proceso de transformación del capital humano español mediante el reconocimiento de la calidad y la eficacia educativas como parte estratégica de un nuevo modelo productivo, que España tanto necesita.
Las crisis pueden ser también momentos propicios para emprender grandes reformas. El reloj juega en contra de España. Aquello que durante mucho tiempo no hemos sido capaces de pensar, decir o afrontar se ha transformado en algo urgente, ante el evidente fracaso de nuestros educandos. Todo ello requerirá de mucha valentía, para llamar a las cosas por su nombre y sobrellevar los riesgos políticos de decir lo que se debe y no solo lo que se puede
Por Mónica Mullor
La escuela finlandesa es la estrella indiscutida del firmamento educacional europeo. Con un gasto por alumno significativamente inferior al español, obtiene resultados muy superiores a los de España. Ello prueba un hecho fundamental: que las deficiencias educacionales españolas no dependen de un problema de recursos, sino del uso de los mismos. Gastamos mucho, pero lo hacemos mal, mientras que los finlandeses gastan menos pero bien.
¿Qué factores y características explican la excelencia de la escuela finlandesa y, más en concreto, su superioridad respecto de la española? Este es el tipo de cuestiones que deberían estar en el tapete, si es que realmente nos preocupase la educación española. Pero no, todo gira hoy en torno a los intereses de los profesores-funcionarios por mantener, a toda costa, inalterados sus privilegios.
Las claves del éxito de la escuela finlandesa hay que buscarlas en una serie de elementos que se combinan para dar ese resultado. El primero de ellos es la altísima calidad del personal que forma a los maestros. Los profesores de las facultades de Pedagogía son en su gran mayoría doctores. Además, los finlandeses cuentan, según el QS World University Rankings 2011, con una universidad entre las 75 mejores del mundo, mientras que... ¡España no cuenta con ninguna entre las 150 mejores!
El segundo elemento explicativo del éxito finlandés es el alto nivel de excelencia de sus profesores en general, lo que tiene su origen no solo en la exigente formación que reciben, sino en el proceso de selección de los aspirantes a la propia carrera de profesor. Solo uno de cada diez solicitantes logra acceder a ella, es decir, solo los estudiantes mejor dotados y motivados logran convertirse en profesores.
De ello se deduce el tercer elemento de éxito: la profesión de maestro otorga un alto estatus en Finlandia, y para nadie es fácil impugnar la autoridad de los profesores. Esto tiene efectos decisivos respecto del ejercicio mismo de la labor docente, pero es que además explica el cuarto hecho distintivo del éxito finlandés: los políticos se cuidan de meterse en el campo educacional y convertirlo en arena de sus disputas, antojos y proyectos ideológicos. Nada parecido a la Logse se ha visto en Finlandia, sino todo lo contrario. Existe un sólido acuerdo para dejar a los maestros que hagan lo suyo y no alterar la estabilidad de la escuela. De hecho, la escuela finlandesa debe de ser una de las que menos reformas ha padecido en las últimas décadas.
De aquí se deriva el quinto elemento explicativo del éxito finlandés: la gran autonomía de los centros educativos y de los maestros a la hora de articular su labor. Los maestros gozan de una libertad que se han ganado sobremanera: ahí está el respeto generalizado por lo que hacen.
Esto nos lleva al sexto hecho decisivo: no se aceptan el fracaso ni la mediocridad en el ejercicio de la función docente. Esto es lógico cuando se cuenta con un cuerpo docente tan seleccionado, prestigiado y respetado, que lógicamente cuida su buen nombre como el mayor de sus capitales. Los centros saben lo que pueden exigir de un profesor, y si este no gestiona su trabajo de forma satisfactoria, lo cambian por otro. Se trata de premiar la excelencia y la eficacia, para lo cual, evidentemente, todos han de competir con todos en igualdad de condiciones. Este sistema implica que los profesores no tienen el privilegio de poseer contratos vitalicios, es decir, no son funcionarios de carrera, como sí son los españoles.
En séptimo lugar tenemos la disciplina y los controles de calidad. Se trata de un compromiso asumido por los profesionales, los padres y los educandos. No solo se controlan sistemáticamente los rendimientos, sino que los atrasos, la inasistencia y el incumplimiento en la entrega de deberes son considerados graves faltas al sentido del deber y tienen consecuencias. ¡En Finlandia no hay cabida para el "No pasa nada" español!
Finalmente, debemos hacer notar un elemento de mayor amplitud y complejidad. No cabe duda de que los resultados mediocres de los alumnos españoles en informes como los PISA hunden sus raíces en el entramado cultural que se ha desarrollado en las últimas décadas: la cultura del poco esfuerzo. En Finlandia, por el contrario, sigue rigiendo la cultura del deber.
Es este conjunto de cuestiones lo que debemos discutir, con seriedad y urgencia, ya que lo peor sería que, conscientes de nuestro talón de Aquiles, siguiésemos resignados, mientras el futuro de España está en juego.
La lista de deberes para el próximo Gobierno es, por lo explicado, larga. Una de esas tareas, quizá la más difícil, consistirá en abolir el monopolio del uso de los recursos públicos en educación y los privilegios otorgados a los profesores-funcionarios, como la inmovilidad laboral. El motivo fundamental de esta medida es la necesaria transición hacia un mercado laboral más homogéneo, donde todos compitan con todos y la excelencia se pruebe constantemente. Esta ha de ser una de las bases de un gran cambio que nos permita dar inicio a un proceso de transformación del capital humano español mediante el reconocimiento de la calidad y la eficacia educativas como parte estratégica de un nuevo modelo productivo, que España tanto necesita.
Las crisis pueden ser también momentos propicios para emprender grandes reformas. El reloj juega en contra de España. Aquello que durante mucho tiempo no hemos sido capaces de pensar, decir o afrontar se ha transformado en algo urgente, ante el evidente fracaso de nuestros educandos. Todo ello requerirá de mucha valentía, para llamar a las cosas por su nombre y sobrellevar los riesgos políticos de decir lo que se debe y no solo lo que se puede
La depresión en los Jovenes: Un problema oculto
Depresión: un problema oculto en los jóvenes
Patricia Matey | Madrid
Actualizado miércoles 05/10/2011 08:14 horas
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Comentarios 8
Acuden a su médico aquejados de dolores musculares, cansancio o malestar general, aunque la auténtica realidad pasa desapercibida. Porque muchos de los adolescentes que recurren a los centros de salud por sus síntomas físicos en verdad necesitan ayuda para su mente. Sufren depresión, pero salen por la puerta de la consulta sin diagnóstico.
Esta enfermedad mental, que es y será uno de los problemas de salud de mayor impacto en los países desarrollados, es bastante común entre los chicos y chicas de 14 a 19 años. Se estima que cada año entre el 1% y el 6% de los adolescentes del mundo la padecen, pero la mayoría de ellos no tiene un diagnóstico y, consecuentemente, no recibe tratamiento.
Tal y como ha puesto de manifiesto Elena Garralda Hualde, jefa de la Unidad Académica de Psiquiatría Infanto-Juvenil del Imperial Colege, St. Mary´s Hospital de Londres, durante la VI Jornada Científica de la Fundación Alicia Koplowitz que se ha celebrado en La Fundación Jiménez Díaz de Madrid, "pese a que es una patología frecuente, sólo uno de cada 10 adolescentes con depresión que acude a Atención Primaria obtiene un diagnóstico".
La necesidad de que los médicos de cabecera y los pediatras se involucren en la detección de esta enfermedad es algo por lo que trabaja esta especialista y defienden todos los expertos. Fundamentalmente, porque además de provocar un gran sufrimiento, tiene graves implicaciones adversas, como el impacto en el funcionamiento diario, las altas tasas de recurrencia y el aumento del riesgo de suicidio.
Herramientas útiles
Por todo ello, la Guía de la Práctica Clínica de la Depresión en la infancia y en la Adolescencia del Ministerio de Sanidad establece: "los médicos de familia y pediatras de Atención Primaria deberían tener una adecuada formación que les permitiese evaluar aquellos niños y adolescentes con riesgo de depresión y registrar el perfil de riesgo en su historia clínica".
Varios son los motivos que dificultan al médico de cabera la identificación de la depresión en el adolescente. Uno de ellos es que los síntomas se camuflan entre los muchos aspectos que se combinan en los cambios propios de esta edad. "En el adolescente deprimido se debe buscar la agitación o la inquietud, la pérdida de interés por las actividades diarias, el cansancio continuo, el insomnio, los cambios en la ingesta y la tristeza continuada. Otros síntomas complementarios son: el fracaso escolar, la pérdida de concentración, las ideas suicidas y la pérdida de autoestima", destaca la doctora Garralda.
También es una barrera el hecho de que "los menores consulten con el médico por motivos físicos y no por su problema emocional. El médico se queja de que tiene poco tiempo (10 minutos) por consulta y en ese corto espacio es complicado abordar aspectos emocionales. Sin embargo, los esfuerzos para aumentar la confianza de los profesionales a la hora de hablar con los jóvenes acerca de cómo se sienten, el refuerzo de las habilidades en la identificación de un trastorno depresivo y el conocimiento de las técnicas terapéuticas para el manejo de la patología ayudarían claramente al médico de Atención Primaria", argumenta.
Elena Garralda defiende como una de las opciones para involucrar a Atención Primaria en la identificación de la depresión y su tratamiento, la que ella y su equipo han llevado a cabo en varios centros de salud de Reino Unido. "Se trata del programa Identificación Terapéutica de la Depresión en los Jóvenes (TIDY, sus siglas en inglés). Consiste en un paquete de herramientas desarrolladas para apoyar a los profesionales de Atención Primaria para que se involucren en las conversaciones con los jóvenes (que casi exclusivamente se presentan con molestias físicas) sobre su bienestar emocional. Se dan las pautas para facilitar la identificación de la depresión y un repertorio de estrategias de intervención para los casos más leves que se puedan realizar en consulta. Estas medidas permiten al médico de cabecera diferenciar qué adolescentes deprimidos requieren de la derivación a los especialistas".
Así, por ejemplo, es importante que charlen con sus pacientes "y les inviten a que hablen con alguien de confianza, que les motiven para que hagan cosas y retomen sus actividades diarias, que les feliciten confiar en su médico porque a partir de ese momento le pueden ayudar. Eso va suponer su mejoría: que les digan que tienen depresión, lo que es y que es un problema común y, por supuesto, que tiene solución", determina la doctora Garralda.
Patricia Matey | Madrid
Actualizado miércoles 05/10/2011 08:14 horas
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Acuden a su médico aquejados de dolores musculares, cansancio o malestar general, aunque la auténtica realidad pasa desapercibida. Porque muchos de los adolescentes que recurren a los centros de salud por sus síntomas físicos en verdad necesitan ayuda para su mente. Sufren depresión, pero salen por la puerta de la consulta sin diagnóstico.
Esta enfermedad mental, que es y será uno de los problemas de salud de mayor impacto en los países desarrollados, es bastante común entre los chicos y chicas de 14 a 19 años. Se estima que cada año entre el 1% y el 6% de los adolescentes del mundo la padecen, pero la mayoría de ellos no tiene un diagnóstico y, consecuentemente, no recibe tratamiento.
Tal y como ha puesto de manifiesto Elena Garralda Hualde, jefa de la Unidad Académica de Psiquiatría Infanto-Juvenil del Imperial Colege, St. Mary´s Hospital de Londres, durante la VI Jornada Científica de la Fundación Alicia Koplowitz que se ha celebrado en La Fundación Jiménez Díaz de Madrid, "pese a que es una patología frecuente, sólo uno de cada 10 adolescentes con depresión que acude a Atención Primaria obtiene un diagnóstico".
La necesidad de que los médicos de cabecera y los pediatras se involucren en la detección de esta enfermedad es algo por lo que trabaja esta especialista y defienden todos los expertos. Fundamentalmente, porque además de provocar un gran sufrimiento, tiene graves implicaciones adversas, como el impacto en el funcionamiento diario, las altas tasas de recurrencia y el aumento del riesgo de suicidio.
Herramientas útiles
Por todo ello, la Guía de la Práctica Clínica de la Depresión en la infancia y en la Adolescencia del Ministerio de Sanidad establece: "los médicos de familia y pediatras de Atención Primaria deberían tener una adecuada formación que les permitiese evaluar aquellos niños y adolescentes con riesgo de depresión y registrar el perfil de riesgo en su historia clínica".
Varios son los motivos que dificultan al médico de cabera la identificación de la depresión en el adolescente. Uno de ellos es que los síntomas se camuflan entre los muchos aspectos que se combinan en los cambios propios de esta edad. "En el adolescente deprimido se debe buscar la agitación o la inquietud, la pérdida de interés por las actividades diarias, el cansancio continuo, el insomnio, los cambios en la ingesta y la tristeza continuada. Otros síntomas complementarios son: el fracaso escolar, la pérdida de concentración, las ideas suicidas y la pérdida de autoestima", destaca la doctora Garralda.
También es una barrera el hecho de que "los menores consulten con el médico por motivos físicos y no por su problema emocional. El médico se queja de que tiene poco tiempo (10 minutos) por consulta y en ese corto espacio es complicado abordar aspectos emocionales. Sin embargo, los esfuerzos para aumentar la confianza de los profesionales a la hora de hablar con los jóvenes acerca de cómo se sienten, el refuerzo de las habilidades en la identificación de un trastorno depresivo y el conocimiento de las técnicas terapéuticas para el manejo de la patología ayudarían claramente al médico de Atención Primaria", argumenta.
Elena Garralda defiende como una de las opciones para involucrar a Atención Primaria en la identificación de la depresión y su tratamiento, la que ella y su equipo han llevado a cabo en varios centros de salud de Reino Unido. "Se trata del programa Identificación Terapéutica de la Depresión en los Jóvenes (TIDY, sus siglas en inglés). Consiste en un paquete de herramientas desarrolladas para apoyar a los profesionales de Atención Primaria para que se involucren en las conversaciones con los jóvenes (que casi exclusivamente se presentan con molestias físicas) sobre su bienestar emocional. Se dan las pautas para facilitar la identificación de la depresión y un repertorio de estrategias de intervención para los casos más leves que se puedan realizar en consulta. Estas medidas permiten al médico de cabecera diferenciar qué adolescentes deprimidos requieren de la derivación a los especialistas".
Así, por ejemplo, es importante que charlen con sus pacientes "y les inviten a que hablen con alguien de confianza, que les motiven para que hagan cosas y retomen sus actividades diarias, que les feliciten confiar en su médico porque a partir de ese momento le pueden ayudar. Eso va suponer su mejoría: que les digan que tienen depresión, lo que es y que es un problema común y, por supuesto, que tiene solución", determina la doctora Garralda.
sábado, 1 de octubre de 2011
La capacidad Intelectual de los Hijos es Muy Alta: Fernando Alberca
Fernando Alberca: ‘La capacidad intelectual de los niños es prácticamente infinita’Entrevistamos al autor de ‘Todos los niños pueden ser Einstein’
¿Pueden los padres interferir en la inteligencia de los hijos? ¿Nacen los ‘peques’ con unas capacidades determinadas, o es posible convertirles en pequeños genios desde casa? El profesor Fernando Alberca, autor de ‘Todos los niños pueden ser Einstein’, lo tiene claro: a los niños no sólo hay que enseñarles ‘mates’ y lengua, también hay que enseñarles a pensar. Así lo plasma en su nuevo y original ensayo, en el que demuestra, a través de consejos, trucos y ejercicios sencillos, que todos los padres pueden ayudar a incrementar los coeficientes de sus hijos desde la infancia. ¿Quieres saber más?
Fernando Alberca, autor de ‘Todos los niños pueden ser Einstein’. (PULSA SOBRE LA IMAGEN PARA AMPLIARLA)
¿Hasta qué nivel puede desarrollar un niño su capacidad intelectual?
Hasta cotas que no podríamos siquiera sospechar. Por eso podemos decir de una manera inexacta pero práctica, que la capacidad del ser humano, también del niño, es prácticamente infinita.
¿Hay ejercicios que sirvan también para los padres y las personas adultas, o es el cerebro de los niños más ‘flexible’?
La mayor capacidad de los niños para aprender es un tópico erróneo. El cerebro se va haciendo más capaz conforme la experiencia es mayor y se ejercita más la inteligencia. Por eso los adultos son en realidad mucho más capaces que los niños. Lo que sí se da en los niños es una mayor atención e interés en aprender o experimentar.
Si la genética no determina la inteligencia de los hijos, ¿son los niños superdotados una excepción?
En efecto, lo son, y además son pocos en realidad. Genéticamente hay muchas alteraciones que dan como consecuencia brillantes habilidades, pero los genios que hacen progresar a la humanidad y reconocemos como grandes sabios, fueron en su mayoría personas de inteligencia normal, aunque muy bien aprovechada.
Qué es más importante en el proceso de educación de los ‘peques’: el profesor, los padres o el niño.
Los padres de forma clara. Después los profesores –especialmente para su autoestima-, y el resto de familiares adultos a los que el niño aprecia. Y, por último, el niño.
¿Cuál es el secreto para ser buenos padres y buenos educadores?
Querer. Querer a los hijos y a los alumnos. Educa mejor quien más quiere de verdad, buscando el bien real, y eso el niño lo nota.
¿Es posible incrementar el coeficiente intelectual, o sólo las capacidades de aprendizaje?
El coeficiente intelectual apenas varía a lo largo de la vida. Pero la inteligencia sí. La capacidad que nuestro cerebro tiene para resolver los problemas que se nos planteen, esa sí puede ir creciendo a lo largo de nuestra vida.
¿Qué edad es la más adecuada para comenzar a ejercitar el intelecto de los niños?
En orden de importancia: de 0 a 3 años en primer lugar. Después de 4 a 6. De 7 y 12 en tercer lugar. Y a partir de ahí, siempre.
¿Cómo hay que reaccionar cuando estamos ante un mal estudiante?
Dándose cuenta de que las malas calificaciones o el poco rendimiento son una consecuencia en vez de una causa, y que generalmente están relacionadas con la baja autoestima o el deseo de llamar la atención por un problema emocional. Y en ambos casos comenzar por la motivación –de la que hablo de forma principal en el libro-, y por practicar algunas técnicas de estudio: lectura, subrayado, resumen, esquemas, presentación, una memoria más eficaz, concentración y relajación.
Un truco o ejercicio sencillo para hacer en casa, y que anime a los padres a comprar el libro.
Como el libro propone dos grandes líneas, la motivación y un método eficaz, sugiero por un lado alabar a nuestro hijo cinco veces por cada reproche que le hagamos, y por otro, rellenar un tarro transparente de sal y otro de azúcar, y que nuestro hijo intente acertar cuál es cuál a simple vista en el menor tiempo posible.
¿Pueden los padres interferir en la inteligencia de los hijos? ¿Nacen los ‘peques’ con unas capacidades determinadas, o es posible convertirles en pequeños genios desde casa? El profesor Fernando Alberca, autor de ‘Todos los niños pueden ser Einstein’, lo tiene claro: a los niños no sólo hay que enseñarles ‘mates’ y lengua, también hay que enseñarles a pensar. Así lo plasma en su nuevo y original ensayo, en el que demuestra, a través de consejos, trucos y ejercicios sencillos, que todos los padres pueden ayudar a incrementar los coeficientes de sus hijos desde la infancia. ¿Quieres saber más?
Fernando Alberca, autor de ‘Todos los niños pueden ser Einstein’. (PULSA SOBRE LA IMAGEN PARA AMPLIARLA)
¿Hasta qué nivel puede desarrollar un niño su capacidad intelectual?
Hasta cotas que no podríamos siquiera sospechar. Por eso podemos decir de una manera inexacta pero práctica, que la capacidad del ser humano, también del niño, es prácticamente infinita.
¿Hay ejercicios que sirvan también para los padres y las personas adultas, o es el cerebro de los niños más ‘flexible’?
La mayor capacidad de los niños para aprender es un tópico erróneo. El cerebro se va haciendo más capaz conforme la experiencia es mayor y se ejercita más la inteligencia. Por eso los adultos son en realidad mucho más capaces que los niños. Lo que sí se da en los niños es una mayor atención e interés en aprender o experimentar.
Si la genética no determina la inteligencia de los hijos, ¿son los niños superdotados una excepción?
En efecto, lo son, y además son pocos en realidad. Genéticamente hay muchas alteraciones que dan como consecuencia brillantes habilidades, pero los genios que hacen progresar a la humanidad y reconocemos como grandes sabios, fueron en su mayoría personas de inteligencia normal, aunque muy bien aprovechada.
Qué es más importante en el proceso de educación de los ‘peques’: el profesor, los padres o el niño.
Los padres de forma clara. Después los profesores –especialmente para su autoestima-, y el resto de familiares adultos a los que el niño aprecia. Y, por último, el niño.
¿Cuál es el secreto para ser buenos padres y buenos educadores?
Querer. Querer a los hijos y a los alumnos. Educa mejor quien más quiere de verdad, buscando el bien real, y eso el niño lo nota.
¿Es posible incrementar el coeficiente intelectual, o sólo las capacidades de aprendizaje?
El coeficiente intelectual apenas varía a lo largo de la vida. Pero la inteligencia sí. La capacidad que nuestro cerebro tiene para resolver los problemas que se nos planteen, esa sí puede ir creciendo a lo largo de nuestra vida.
¿Qué edad es la más adecuada para comenzar a ejercitar el intelecto de los niños?
En orden de importancia: de 0 a 3 años en primer lugar. Después de 4 a 6. De 7 y 12 en tercer lugar. Y a partir de ahí, siempre.
¿Cómo hay que reaccionar cuando estamos ante un mal estudiante?
Dándose cuenta de que las malas calificaciones o el poco rendimiento son una consecuencia en vez de una causa, y que generalmente están relacionadas con la baja autoestima o el deseo de llamar la atención por un problema emocional. Y en ambos casos comenzar por la motivación –de la que hablo de forma principal en el libro-, y por practicar algunas técnicas de estudio: lectura, subrayado, resumen, esquemas, presentación, una memoria más eficaz, concentración y relajación.
Un truco o ejercicio sencillo para hacer en casa, y que anime a los padres a comprar el libro.
Como el libro propone dos grandes líneas, la motivación y un método eficaz, sugiero por un lado alabar a nuestro hijo cinco veces por cada reproche que le hagamos, y por otro, rellenar un tarro transparente de sal y otro de azúcar, y que nuestro hijo intente acertar cuál es cuál a simple vista en el menor tiempo posible.
viernes, 30 de septiembre de 2011
Las Personas necesitan Creer en Ellas Mismas
Ocho hijos
¡Ocho hijos! Algo sabrá de crianza y educación este hombre: "A partir del cuarto hijo todo es fácil, pues entre ellos lo hacen todo: ponen la mesa, se hacen la cama, los mayores bañan a los pequeños...", me explica. Llega acompañado de su hija mayor (en la foto), "cuya inteligencia es normal, pero lee en 15 segundos una página de un libro". Alberca supo motivarla: "Los niños quieren leer desde los dos años... pero los frenan hasta los seis años. ¡Qué pena! Yo los incito, se sienten gratificados... y hoy leen mucho". Seguro que la chica ya ha leído Todos los niños pueden ser Einstein (Toromitico), libro en que Alberca aboga por el afecto en vez de la amenaza y la sanción para acabar con el fracaso escolar.
Todos los niños pueden ser Einstein?
Tus hijos pueden alcanzar cualquier logro intelectual.
Pero Einstein... ¡eso es picar muy alto!
Einstein fue carne de fracaso escolar hasta los 15 años. "Mortalmente lerdo", diagnosticó de él una profesora. "No está preparado para aprender, no llegará a nada", dijo otro.
¿Tan desastroso era?
Su propia madre decía que era retrasado mental. Hasta los nueve años no habló bien.
¿Qué le pasó para pasar a ser genial?
Lo que puede pasarle a cualquiera: motivación y método. Motivación: pese a haber suspendido, un profesor le invitó a asistir gratis a sus clases. Por primera vez, sintió que le valoraban, que creían en él. ¡Sintió cariño!
¿Asistió Einstein a esa clase?
Tuvo que irse a otra escuela. Pero allí un profesor de historia hizo lo que nadie antes: pedirle opinión sobre las cosas.
¿Esto motivó a Einstein?
Sí. Si sientes que confían en ti, ¡te creces, para ser merecedor!
¿Y qué es eso del método?
Usó el hemisferio derecho para resolver problemas del izquierdo. Visualizaba una solución, y su esposa le ayudaba a formularla matemáticamente. Pero era el hemisferio derecho, el intuitivo y creativo, el que resolvía, no el izquierdo, el matemático.
Yo lo pasé fatal con las matemáticas.
Tus profesores no valoraron el uso de tu hemisferio derecho: podrías haber acabado encontrando la solución, pero no te dieron tiempo. Todos los escolares pueden ser motivados y todos pueden triunfar.
Cada uno nace con su inteligencia...
El coeficiente de inteligencia es innato, permanece inalterable... y no sirve para nada. ¡Lo determinante es la motivación!
¿Cómo motiva usted a sus alumnos?
Les digo que todos pueden sacar un 10 conmigo. A partir de ahí, ¡un 5 les parece poco!
¿Tan fácil?
La escuela pone el foco en la sanción, fomenta el miedo al error. Debería ponerlo en el acierto. Y en la creatividad. Pregunté a mis alumnos: "De ocho caracoles de una cesta, salen tres, ¿cuántos quedan?".
Cinco, le dirían.
"Ocho –respondió uno–, porque han salido del caparazón, ¡pero no de la cesta!". ¡Es una respuesta que no debería ser penalizada!
Entre tanto, 30% de fracaso escolar.
Nuestra escuela parece reñida con la inteligencia. ¡Es imposible que haya un 30% de tontos! Desconfiamos de los alumnos, los educamos para evitar el fracaso y no para tener éxito. ¡Aprendamos a jugar al éxito!
¿A usted le funciona?
Desde 1993 sólo he tenido que suspender a dos alumnos. Me han reñido por aprobar tanto. ¿Por qué? ¿No está bien lograr estimular a los alumnos para que triunfen?
Pues aconseje a sus colegas profesores.
Sabed ser el jefe de la camada. Alguien a quien los alumnos quieran seguir. Que noten que tú les ayudarás a mejorar.
¿Algo más?
Sí: no olvidéis la grandeza de este oficio. Centraos en los por qué y para qué más que en los cómo. Y usad lo que hoy se sabe acerca del aprendizaje.
¿Qué se sabe?
Que somos animales emocionales, y que una simple mirada aprobatoria de un profesor... estimulará al alumno. ¡Sólo educa quien quiere a alguien! Si queréis a vuestros alumnos, educaréis. Si no, no.
Nada estimula más a un alumno que el afecto, me quiere decir.
Es así. Sonríe... y exige. Si tu hijo detecta que confías en él, querrá superarse. A los niños les atrae el reto, la heroicidad.
Los padres, ¿debemos ayudarles o no a hacer los deberes?
Si tu niño puede abrocharse el abrigo, no se lo abroches tú. Oriéntale en los deberes, pero dile que sabes que él los resolverá. Si se los resuelves tú, le enseñas a ser incapaz.
Si pudiera imponer una sola reforma escolar, ¿cuál sería?
Dedicaría toda la primaria a una sola y única cosa: ¡aprender bien a leer y escribir!
¿Y nada más?
¡Nada hay más decisivo! Si están bien avezados en la lectura, podrán estudiar lo que quieran: se abren la puerta a todos los conocimientos. Y cuantas más cosas aprendan leyendo, ¡más inteligentes serán!
¿No es al revés?
"El aprendizaje es experiencia, el resto es información", dijo Einstein. No aprendes cosas porque eres inteligente: aprender cosas te hace inteligente.
¿Y feliz?
Si de verdad eres inteligente, serás feliz.
¿Ah , sí?
La inteligencia consiste en resolver problemas, y el problema más difícil es ser feliz.
¿Puedo enseñarles a mis hijos cómo vivir felices?
Enséñales a superar obstáculos. A ver lo extraordinario en lo ordinario. A que todo acto tiene consecuencias. Y a amar de verdad.
¿Cómo se ama de verdad?
Sin esperar nada a cambio. Nada reporta tanta felicidad como hacer feliz al otro sin que siquiera se entere.
¿Haciendo eso nuestros hijos sean inteligentes y felices?
Dependerán menos de los azares y serán capaces de lo que se propongan. Y lo inteligente podría ser proponerse no estudiar una carrera.
¡Ocho hijos! Algo sabrá de crianza y educación este hombre: "A partir del cuarto hijo todo es fácil, pues entre ellos lo hacen todo: ponen la mesa, se hacen la cama, los mayores bañan a los pequeños...", me explica. Llega acompañado de su hija mayor (en la foto), "cuya inteligencia es normal, pero lee en 15 segundos una página de un libro". Alberca supo motivarla: "Los niños quieren leer desde los dos años... pero los frenan hasta los seis años. ¡Qué pena! Yo los incito, se sienten gratificados... y hoy leen mucho". Seguro que la chica ya ha leído Todos los niños pueden ser Einstein (Toromitico), libro en que Alberca aboga por el afecto en vez de la amenaza y la sanción para acabar con el fracaso escolar.
Todos los niños pueden ser Einstein?
Tus hijos pueden alcanzar cualquier logro intelectual.
Pero Einstein... ¡eso es picar muy alto!
Einstein fue carne de fracaso escolar hasta los 15 años. "Mortalmente lerdo", diagnosticó de él una profesora. "No está preparado para aprender, no llegará a nada", dijo otro.
¿Tan desastroso era?
Su propia madre decía que era retrasado mental. Hasta los nueve años no habló bien.
¿Qué le pasó para pasar a ser genial?
Lo que puede pasarle a cualquiera: motivación y método. Motivación: pese a haber suspendido, un profesor le invitó a asistir gratis a sus clases. Por primera vez, sintió que le valoraban, que creían en él. ¡Sintió cariño!
¿Asistió Einstein a esa clase?
Tuvo que irse a otra escuela. Pero allí un profesor de historia hizo lo que nadie antes: pedirle opinión sobre las cosas.
¿Esto motivó a Einstein?
Sí. Si sientes que confían en ti, ¡te creces, para ser merecedor!
¿Y qué es eso del método?
Usó el hemisferio derecho para resolver problemas del izquierdo. Visualizaba una solución, y su esposa le ayudaba a formularla matemáticamente. Pero era el hemisferio derecho, el intuitivo y creativo, el que resolvía, no el izquierdo, el matemático.
Yo lo pasé fatal con las matemáticas.
Tus profesores no valoraron el uso de tu hemisferio derecho: podrías haber acabado encontrando la solución, pero no te dieron tiempo. Todos los escolares pueden ser motivados y todos pueden triunfar.
Cada uno nace con su inteligencia...
El coeficiente de inteligencia es innato, permanece inalterable... y no sirve para nada. ¡Lo determinante es la motivación!
¿Cómo motiva usted a sus alumnos?
Les digo que todos pueden sacar un 10 conmigo. A partir de ahí, ¡un 5 les parece poco!
¿Tan fácil?
La escuela pone el foco en la sanción, fomenta el miedo al error. Debería ponerlo en el acierto. Y en la creatividad. Pregunté a mis alumnos: "De ocho caracoles de una cesta, salen tres, ¿cuántos quedan?".
Cinco, le dirían.
"Ocho –respondió uno–, porque han salido del caparazón, ¡pero no de la cesta!". ¡Es una respuesta que no debería ser penalizada!
Entre tanto, 30% de fracaso escolar.
Nuestra escuela parece reñida con la inteligencia. ¡Es imposible que haya un 30% de tontos! Desconfiamos de los alumnos, los educamos para evitar el fracaso y no para tener éxito. ¡Aprendamos a jugar al éxito!
¿A usted le funciona?
Desde 1993 sólo he tenido que suspender a dos alumnos. Me han reñido por aprobar tanto. ¿Por qué? ¿No está bien lograr estimular a los alumnos para que triunfen?
Pues aconseje a sus colegas profesores.
Sabed ser el jefe de la camada. Alguien a quien los alumnos quieran seguir. Que noten que tú les ayudarás a mejorar.
¿Algo más?
Sí: no olvidéis la grandeza de este oficio. Centraos en los por qué y para qué más que en los cómo. Y usad lo que hoy se sabe acerca del aprendizaje.
¿Qué se sabe?
Que somos animales emocionales, y que una simple mirada aprobatoria de un profesor... estimulará al alumno. ¡Sólo educa quien quiere a alguien! Si queréis a vuestros alumnos, educaréis. Si no, no.
Nada estimula más a un alumno que el afecto, me quiere decir.
Es así. Sonríe... y exige. Si tu hijo detecta que confías en él, querrá superarse. A los niños les atrae el reto, la heroicidad.
Los padres, ¿debemos ayudarles o no a hacer los deberes?
Si tu niño puede abrocharse el abrigo, no se lo abroches tú. Oriéntale en los deberes, pero dile que sabes que él los resolverá. Si se los resuelves tú, le enseñas a ser incapaz.
Si pudiera imponer una sola reforma escolar, ¿cuál sería?
Dedicaría toda la primaria a una sola y única cosa: ¡aprender bien a leer y escribir!
¿Y nada más?
¡Nada hay más decisivo! Si están bien avezados en la lectura, podrán estudiar lo que quieran: se abren la puerta a todos los conocimientos. Y cuantas más cosas aprendan leyendo, ¡más inteligentes serán!
¿No es al revés?
"El aprendizaje es experiencia, el resto es información", dijo Einstein. No aprendes cosas porque eres inteligente: aprender cosas te hace inteligente.
¿Y feliz?
Si de verdad eres inteligente, serás feliz.
¿Ah , sí?
La inteligencia consiste en resolver problemas, y el problema más difícil es ser feliz.
¿Puedo enseñarles a mis hijos cómo vivir felices?
Enséñales a superar obstáculos. A ver lo extraordinario en lo ordinario. A que todo acto tiene consecuencias. Y a amar de verdad.
¿Cómo se ama de verdad?
Sin esperar nada a cambio. Nada reporta tanta felicidad como hacer feliz al otro sin que siquiera se entere.
¿Haciendo eso nuestros hijos sean inteligentes y felices?
Dependerán menos de los azares y serán capaces de lo que se propongan. Y lo inteligente podría ser proponerse no estudiar una carrera.
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