El colectivo en peor situación laboral es, sin duda, el que carece de estudios. Casi la mitad de los activos -personas en edad de trabajar- sin formación está en paro. En concreto, un 47,3%, el doble que la tasa media de desempleo (20,1%) en el primer trimestre.
El 72% de los españoles quiere ser funcionario
Tan sólo un 2% de los estudiantes se anima a crear un negocio
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La generación ni-ni triunfa: España, primer país de la UE en jóvenes que no hacen nada
2010-07-22ImprimirEnviarCorregirComentar
M. LLAMAS
El nivel de formación es clave para encontrar trabajo. Esta es la principal conclusión que se extrae del último informe sobre el mercado laboral español elaborado por la Asociación de Grandes Empresas de Trabajo temporal (Agett).
El colectivo que no posee estudios sufre una tasa de paro del 47,3%, más del doble que la media nacional en el primer trimestre del año (20,1%, según los la Encuesta de Población Activa). Es decir, casi la mitad de los activos que no poseen estudios se encuentran en situación de desempleo.
"Las personas con baja cualificación (sin estudios y con educación primaria) son los que más han visto crecer su número de parados" durante la crisis, indica el documento. Por el contrario, los trabajadores con unos niveles de formación elevados son los que menos están sufriendo el drama del desempleo: los que poseen un título de doctorado registran una tasa de paro del 2,1%; seguidos de los que cuentan con educación superior (11,4%); el colectivo con título de secundaria o equivalentetambién posee una tasa por debajo de la media, con un 18,8%.
Por otro lado, en España tan sólo 788.200 de los 4,6 millones de desempleados registrados en el primer trimestre de 2010 realiza algún tipo de formación, esto es, el 17,1% de los parados. Aún así, se han incrementado en un 160% desde que comenzó la crisis (485.000 personas más). Tan sólo en los últimos seis meses 244.700 desempleados han decidido formarse para poder conseguir un empleo.
"La formación es un elemento estratégico para conseguir un empleo y fundamental para lograr un mayor grado de empleabilidad", destaca el estudio. Ante tales datos "parece que los desempleados han interiorizado la importancia que adquierela formación para la mejora y el reciclaje profesional. Desde el tercer trimestre de 2009, el porcentaje de parados que realizan algún tipo de formación se ha visto incrementado desde el 13,2% hasta el 17,1% en el primer trimestre de 2010".
De todos modos, "aunque el porcentaje de parados que se forma va en aumento en los últimos trimestres, aún está lejos del nivel anterior a la crisis. En el segundo trimestre de 2007 en torno al 22% de los desempleados realizaban algún tipo de formación con la finalidad de aumentar sus posibilidades de inserción laboral". Para llegar a dicho 22% sería necesario que un millón de desempleados estuvieran formándose, bien con el objetivo de aumentar su diversificación profesional o de mejorar su nivel de cualificación.
"Lo óptimo sería que el 100% de los desempleados recibiese algún tipo de formación y en especial, aquellos que llevan más de 12 meses en esta situación", según alerta Francisco Aranda, presidente de Agett. "Esta formación no debe ser genérica, sino enfocada a un puesto de trabajo concreto y que le proporcionase al desempleado las herramientas necesarias para poder incorporarse de manera inmediata a un puesto de trabajo", indica.
Por edades
Si se analiza la formación de los desempleados por edades, se observa que son los más jóvenes los que más optan por formarse. En concreto, un 32,8% de los parados que cursa algún tipo de formación son menores de 25 años, mientras que los que menos se forman son los comprendidos entre los 35 y los 44 años, ya que su peso es inferior al 10%. Por último, sólo 13 de cada 100 desempleados que está cursando algún tipo de formación es mayor de 45 años.
"Esto evidencia que cuanto mayor sea la edad del desempleado menos predisposición tiene a formarse para aumentar su abanico de posibilidades de encontrar empleo, quizás apoyando su versatilidad en la mayor experiencia. Mientras, los más jóvenes, sin una carrera profesional todavía definida, son más proclives a aumentar su empleabilidad", según el informe.
Aranda concluye que "en los países europeos con una menor tasa de paro vemos que la formación está más que asimilada por sus ciudadanos. Hay países que superan el 30% de la población entre 25 y 64 años que realiza formación continua (life-long learning), mientras España apenas alcanza el 11%, lo que nos hace intuir que la menor incidencia de la crisis en sus mercados laborales no ha sido fruto de la casualidad sino, más bien, de una mayor protección de sus empleos gracias al aprendizaje continuo de los trabajadores".
jueves, 22 de julio de 2010
domingo, 11 de julio de 2010
Transmitir Valores
. ¿En qué sentido hacer deportes entre padres e hijos ayuda a mejorar los vínculos y transmitir valores?
El deporte es la escuela ideal donde se aprende a aprender. Se interiorizan reglas, se aprende a ser solidario, a hacer amigos, a pasarla bien, se aprende a perder y a tener nociones de que las cosas no siempre salen como uno quiere y a ganar, Porque el que no sabe ganar tampoco sabe perder. Por eso es importante remarcar que no es válido ganar de cualquier manera. Respecto de hacer deporte con los padres, por ejemplo, con pelota, si partimos de que la familia es un equipo, y la pelota la portadora de un mensaje, se establecen interesantes canales comunicación que cohesionan y superan los esperables “ruidos” en la comunicación. Hay pases que son caricias y otros que son insultos….Se fortalecen los vínculos, sin dudas. Se comparte en un balcón, una terraza, un departamento (con una media) o un club….
2. ¿Con las madres sucede lo mismo?
Por supuesto. No es una cuestión de género por más que existe un trasfondo machista donde parece que los hombres y deporte son sinónimos. Pero lo que sucede a mi entender es que el deporte femenino está sub-valorado, cada vez menos, pero no es tan negocio en alto rendimiento como el de hombres….Todo depende del lugar que tenga el deporte para los padres. ¿Cómo se puede transmitir, aquello que no se tiene? Me preguntaba yo en el evento organizado por ALA. La clave es transmitir un hábito para una vida más sana, en el que primero uno tiene que creer. No sirve llevar al hijo a hacer 5 deportes y uno estar todo el día frente al televisor (o computadora) comiendo papas fritas o roscas como Homero. Se incurre en un doble mensaje.
3. ¿Se han hecho estudios/encuestas al respecto?
El estudio de GALLUP es muy aleccionador al respecto. Aquí se práctica casi la mitad de deporte en horas semanales que en España. ¿Por qué? Y el 41 por ciento de los padres dice que va a ver a sus hijos a practicar deporte…pero hay que preguntarles a los hijos si disfrutan el deporte ante la atenta y muchas veces “mortífera” mirada de sus padres. Todos los padres coinciden en que en la escuela se practica menos deporte del que ellos quisieran. Es verdad, pero la escuela no nos puede resolver todo…hay que buscarlo en otro lado… Pero en España los padres realizan 5 veces más deporte con sus hijos que acá…o sea que no pasa por la plata o el tiempo…pasa por el convencimiento y poder apagar el celular y disfrutar con y de tus hijos….
¿Qué pasa con los padres que sin querer queriendo, empujan a sus hijos a abandonar el deporte? ¿Cómo los agentes de motivación en 1ª instancia, terminan siendo estresantes, luego? ¿Por qué les cuesta tanto acompañar sin presionar? El 57 por ciento son influenciadores pero luego se vuelven “presionadores”…, ahí está el problema, todos creen tener un Maradona en su casa…
En encuestas e investigaciones que nosotros, como psicólogos del deporte realizamos, los niños empiezan hacer deporte porque quieren pasarla bien, quieren hacer amigos, porque los padres así lo desean o porque hay una búsqueda de estatus social (obviamente alimentado por los padres sobre todo en un país del 3er mundo como el nuestro y con la mitad de la población debajo de la línea de la pobreza…)
4. ¿Qué pasa con los padres que empujan a los chicos a hacer deportes como carrera? ¿No les provoca, a los chicos, alto nivel de estrés y frustración?
Exactamente. Nosotros con Fenili y Giscafré escribimos un libro que obsequio por los organizadores en el Foro mencionado llamado “Mi hijo el campeón: las presiones de los padres y el entorno” (3ª edición, Lugar editorial) en el que nos posicionamos justamente en contra del modelo de campeonismo y describimos 8 tipos de padres: 1 para armar y siete (si 7) para des-armar…los sobre-protectores, indiferentes, agresivos, elitistas, etc...Por eso decimos que si quieren un campeón en su casa que vayan y se entrenen pero que dejen que sus hijos jueguen felices…el problema somos los adultos que creemos que los niños son adultos en miniatura y no es así. Los malogramos nosotros. Y el cementerio del deporte de alto rendimiento está lleno de talentosos que luego esta sociedad de ganadores y perdedores los hace fracasados…el alto rendimiento es muy cruel…llegan muy pocos…y a veces son los padres los que quieren colgarse la medalla de su hijo. Hay un capítulo excelente de los Simpson donde Homero presiona a Bart a quien dirigía y Marge interviene pidiendo piedad y Homero responde con una pregunta: “¿Tienes alguna otra manera en que le transmita mis propias frustraciones?”.
Más claro imposible, por eso hay que trabajar con los padres….orientarlos. No tienen que preguntar ¿ganaron? ¿Cuántos goles hiciste? Y si tienen que preguntar ¿cómo la pasaste? ¿Disfrutaste?
5. Qué diferencia habría entre practicar deportes en familia y simplemente “jugar”? O en este caso son sinónimos?
Muy buena pregunta. No es lo mismo. Jugar en su etimología significa humor. Hay juegos de azar y hay otros tipos de juegos de mesa. La familia puede jugar al Juego de la Oca, al Scrabel, al Teg, etc. en familia y pasarla bien. Hay un inicio, un desarrollo y un fin. Hay un orden y hay libertad, aunque, por ejemplo en la escondida o el poli ladrón hay más libertad y espontaneidad. Jugar es hacer define Winnicott. En cambio para que haya deporte debe haber agonística y movimiento.
Por eso decíamos lo de la pelota. Yo me pregunto cuantos padres tienen la pelota o las paletas en el baúl del auto y paran con los hijos en cualquier momento en una plaza….Para Huizinga el juego es anterior a la cultura. Y el deporte tiene su origen en las luchas grecorromanas, por eso se puede jugar a determinadas edades sin contar los goles o los puntos para no fomentar la competencia y menos con la familia…Iván Lendl, número 1 del mundo, citado en el libro, dijo que en un momento dejó de jugar al tenis CONTRA la madre y empezó a jugar CON la madre…sin importarles los tantos….Un niño chico que no juega o no hace deporte es un niño enfermo…
.
6. ¿Conoce casos puntuales donde la práctica del deporte con sus padres mejoró alguna patología o problema de un niño? ¿Cómo fue el caso?
Conozco casos de chicos que por tener asma el médico les indicó natación y luego lo practicaron toda la vida en forma electiva y sana u otros casos donde el padre quiso que el hijo practique fútbol a los 5 años, porque se enfermaba siempre y hoy está en la Selección Juvenil….Hay muchos de esos casos pero no puedo dar nombres. El aire libre, oxigenar los pulmones, restando estrés y pensándolo desde la integridad mente- cuerpo siempre aporta…
7. Comentarios generales
El eje planteado está en la disputa entre Niño sano que hace deporte (con padres equilibrados) vs. Niño enfermo que abusa de la tecnología (play station, computadoras, televisor, etc.).
El deporte permite encuentros relajados, tolerantes y maduros cuando se sabe para que se juegue (para pasarla bien y no para ganar)
8. Datos profesionales del entrevistado
Lic. Marcelo Roffé MN 16699 / Psicólogo recibido en la UBA (1990)
psicologia@marceloroffe.com
Master en Psicología del Deporte en la Universidad Complutense de Madrid / Ex Psicólogo Responsable Departamento de Psicología del Deporte en las Selecciones Nacionales AFA del año 2000 al 2006
Presidente de la Asociación de Psicología del Deporte Argentina
Su último libro “Alto rendimiento, Psicología y Deporte” Tendencias actuales (2005) de Lugar Editorial. / www.marceloroffe.com
9. Datos de entidad donde el lector pueda pedir más información y asesorarse.
A .P. D. A. ASOCIACION DE PSICOLOGIA DEL DEPORTE ARGENTINA
14 AÑOS DE VIDA- ENTIDAD SIN FINES DE LUCRO
El deporte es la escuela ideal donde se aprende a aprender. Se interiorizan reglas, se aprende a ser solidario, a hacer amigos, a pasarla bien, se aprende a perder y a tener nociones de que las cosas no siempre salen como uno quiere y a ganar, Porque el que no sabe ganar tampoco sabe perder. Por eso es importante remarcar que no es válido ganar de cualquier manera. Respecto de hacer deporte con los padres, por ejemplo, con pelota, si partimos de que la familia es un equipo, y la pelota la portadora de un mensaje, se establecen interesantes canales comunicación que cohesionan y superan los esperables “ruidos” en la comunicación. Hay pases que son caricias y otros que son insultos….Se fortalecen los vínculos, sin dudas. Se comparte en un balcón, una terraza, un departamento (con una media) o un club….
2. ¿Con las madres sucede lo mismo?
Por supuesto. No es una cuestión de género por más que existe un trasfondo machista donde parece que los hombres y deporte son sinónimos. Pero lo que sucede a mi entender es que el deporte femenino está sub-valorado, cada vez menos, pero no es tan negocio en alto rendimiento como el de hombres….Todo depende del lugar que tenga el deporte para los padres. ¿Cómo se puede transmitir, aquello que no se tiene? Me preguntaba yo en el evento organizado por ALA. La clave es transmitir un hábito para una vida más sana, en el que primero uno tiene que creer. No sirve llevar al hijo a hacer 5 deportes y uno estar todo el día frente al televisor (o computadora) comiendo papas fritas o roscas como Homero. Se incurre en un doble mensaje.
3. ¿Se han hecho estudios/encuestas al respecto?
El estudio de GALLUP es muy aleccionador al respecto. Aquí se práctica casi la mitad de deporte en horas semanales que en España. ¿Por qué? Y el 41 por ciento de los padres dice que va a ver a sus hijos a practicar deporte…pero hay que preguntarles a los hijos si disfrutan el deporte ante la atenta y muchas veces “mortífera” mirada de sus padres. Todos los padres coinciden en que en la escuela se practica menos deporte del que ellos quisieran. Es verdad, pero la escuela no nos puede resolver todo…hay que buscarlo en otro lado… Pero en España los padres realizan 5 veces más deporte con sus hijos que acá…o sea que no pasa por la plata o el tiempo…pasa por el convencimiento y poder apagar el celular y disfrutar con y de tus hijos….
¿Qué pasa con los padres que sin querer queriendo, empujan a sus hijos a abandonar el deporte? ¿Cómo los agentes de motivación en 1ª instancia, terminan siendo estresantes, luego? ¿Por qué les cuesta tanto acompañar sin presionar? El 57 por ciento son influenciadores pero luego se vuelven “presionadores”…, ahí está el problema, todos creen tener un Maradona en su casa…
En encuestas e investigaciones que nosotros, como psicólogos del deporte realizamos, los niños empiezan hacer deporte porque quieren pasarla bien, quieren hacer amigos, porque los padres así lo desean o porque hay una búsqueda de estatus social (obviamente alimentado por los padres sobre todo en un país del 3er mundo como el nuestro y con la mitad de la población debajo de la línea de la pobreza…)
4. ¿Qué pasa con los padres que empujan a los chicos a hacer deportes como carrera? ¿No les provoca, a los chicos, alto nivel de estrés y frustración?
Exactamente. Nosotros con Fenili y Giscafré escribimos un libro que obsequio por los organizadores en el Foro mencionado llamado “Mi hijo el campeón: las presiones de los padres y el entorno” (3ª edición, Lugar editorial) en el que nos posicionamos justamente en contra del modelo de campeonismo y describimos 8 tipos de padres: 1 para armar y siete (si 7) para des-armar…los sobre-protectores, indiferentes, agresivos, elitistas, etc...Por eso decimos que si quieren un campeón en su casa que vayan y se entrenen pero que dejen que sus hijos jueguen felices…el problema somos los adultos que creemos que los niños son adultos en miniatura y no es así. Los malogramos nosotros. Y el cementerio del deporte de alto rendimiento está lleno de talentosos que luego esta sociedad de ganadores y perdedores los hace fracasados…el alto rendimiento es muy cruel…llegan muy pocos…y a veces son los padres los que quieren colgarse la medalla de su hijo. Hay un capítulo excelente de los Simpson donde Homero presiona a Bart a quien dirigía y Marge interviene pidiendo piedad y Homero responde con una pregunta: “¿Tienes alguna otra manera en que le transmita mis propias frustraciones?”.
Más claro imposible, por eso hay que trabajar con los padres….orientarlos. No tienen que preguntar ¿ganaron? ¿Cuántos goles hiciste? Y si tienen que preguntar ¿cómo la pasaste? ¿Disfrutaste?
5. Qué diferencia habría entre practicar deportes en familia y simplemente “jugar”? O en este caso son sinónimos?
Muy buena pregunta. No es lo mismo. Jugar en su etimología significa humor. Hay juegos de azar y hay otros tipos de juegos de mesa. La familia puede jugar al Juego de la Oca, al Scrabel, al Teg, etc. en familia y pasarla bien. Hay un inicio, un desarrollo y un fin. Hay un orden y hay libertad, aunque, por ejemplo en la escondida o el poli ladrón hay más libertad y espontaneidad. Jugar es hacer define Winnicott. En cambio para que haya deporte debe haber agonística y movimiento.
Por eso decíamos lo de la pelota. Yo me pregunto cuantos padres tienen la pelota o las paletas en el baúl del auto y paran con los hijos en cualquier momento en una plaza….Para Huizinga el juego es anterior a la cultura. Y el deporte tiene su origen en las luchas grecorromanas, por eso se puede jugar a determinadas edades sin contar los goles o los puntos para no fomentar la competencia y menos con la familia…Iván Lendl, número 1 del mundo, citado en el libro, dijo que en un momento dejó de jugar al tenis CONTRA la madre y empezó a jugar CON la madre…sin importarles los tantos….Un niño chico que no juega o no hace deporte es un niño enfermo…
.
6. ¿Conoce casos puntuales donde la práctica del deporte con sus padres mejoró alguna patología o problema de un niño? ¿Cómo fue el caso?
Conozco casos de chicos que por tener asma el médico les indicó natación y luego lo practicaron toda la vida en forma electiva y sana u otros casos donde el padre quiso que el hijo practique fútbol a los 5 años, porque se enfermaba siempre y hoy está en la Selección Juvenil….Hay muchos de esos casos pero no puedo dar nombres. El aire libre, oxigenar los pulmones, restando estrés y pensándolo desde la integridad mente- cuerpo siempre aporta…
7. Comentarios generales
El eje planteado está en la disputa entre Niño sano que hace deporte (con padres equilibrados) vs. Niño enfermo que abusa de la tecnología (play station, computadoras, televisor, etc.).
El deporte permite encuentros relajados, tolerantes y maduros cuando se sabe para que se juegue (para pasarla bien y no para ganar)
8. Datos profesionales del entrevistado
Lic. Marcelo Roffé MN 16699 / Psicólogo recibido en la UBA (1990)
psicologia@marceloroffe.com
Master en Psicología del Deporte en la Universidad Complutense de Madrid / Ex Psicólogo Responsable Departamento de Psicología del Deporte en las Selecciones Nacionales AFA del año 2000 al 2006
Presidente de la Asociación de Psicología del Deporte Argentina
Su último libro “Alto rendimiento, Psicología y Deporte” Tendencias actuales (2005) de Lugar Editorial. / www.marceloroffe.com
9. Datos de entidad donde el lector pueda pedir más información y asesorarse.
A .P. D. A. ASOCIACION DE PSICOLOGIA DEL DEPORTE ARGENTINA
14 AÑOS DE VIDA- ENTIDAD SIN FINES DE LUCRO
Transmitir Valores
. ¿En qué sentido hacer deportes entre padres e hijos ayuda a mejorar los vínculos y transmitir valores?
El deporte es la escuela ideal donde se aprende a aprender. Se interiorizan reglas, se aprende a ser solidario, a hacer amigos, a pasarla bien, se aprende a perder y a tener nociones de que las cosas no siempre salen como uno quiere y a ganar, Porque el que no sabe ganar tampoco sabe perder. Por eso es importante remarcar que no es válido ganar de cualquier manera. Respecto de hacer deporte con los padres, por ejemplo, con pelota, si partimos de que la familia es un equipo, y la pelota la portadora de un mensaje, se establecen interesantes canales comunicación que cohesionan y superan los esperables “ruidos” en la comunicación. Hay pases que son caricias y otros que son insultos….Se fortalecen los vínculos, sin dudas. Se comparte en un balcón, una terraza, un departamento (con una media) o un club….
2. ¿Con las madres sucede lo mismo?
Por supuesto. No es una cuestión de género por más que existe un trasfondo machista donde parece que los hombres y deporte son sinónimos. Pero lo que sucede a mi entender es que el deporte femenino está sub-valorado, cada vez menos, pero no es tan negocio en alto rendimiento como el de hombres….Todo depende del lugar que tenga el deporte para los padres. ¿Cómo se puede transmitir, aquello que no se tiene? Me preguntaba yo en el evento organizado por ALA. La clave es transmitir un hábito para una vida más sana, en el que primero uno tiene que creer. No sirve llevar al hijo a hacer 5 deportes y uno estar todo el día frente al televisor (o computadora) comiendo papas fritas o roscas como Homero. Se incurre en un doble mensaje.
3. ¿Se han hecho estudios/encuestas al respecto?
El estudio de GALLUP es muy aleccionador al respecto. Aquí se práctica casi la mitad de deporte en horas semanales que en España. ¿Por qué? Y el 41 por ciento de los padres dice que va a ver a sus hijos a practicar deporte…pero hay que preguntarles a los hijos si disfrutan el deporte ante la atenta y muchas veces “mortífera” mirada de sus padres. Todos los padres coinciden en que en la escuela se practica menos deporte del que ellos quisieran. Es verdad, pero la escuela no nos puede resolver todo…hay que buscarlo en otro lado… Pero en España los padres realizan 5 veces más deporte con sus hijos que acá…o sea que no pasa por la plata o el tiempo…pasa por el convencimiento y poder apagar el celular y disfrutar con y de tus hijos….
¿Qué pasa con los padres que sin querer queriendo, empujan a sus hijos a abandonar el deporte? ¿Cómo los agentes de motivación en 1ª instancia, terminan siendo estresantes, luego? ¿Por qué les cuesta tanto acompañar sin presionar? El 57 por ciento son influenciadores pero luego se vuelven “presionadores”…, ahí está el problema, todos creen tener un Maradona en su casa…
En encuestas e investigaciones que nosotros, como psicólogos del deporte realizamos, los niños empiezan hacer deporte porque quieren pasarla bien, quieren hacer amigos, porque los padres así lo desean o porque hay una búsqueda de estatus social (obviamente alimentado por los padres sobre todo en un país del 3er mundo como el nuestro y con la mitad de la población debajo de la línea de la pobreza…)
4. ¿Qué pasa con los padres que empujan a los chicos a hacer deportes como carrera? ¿No les provoca, a los chicos, alto nivel de estrés y frustración?
Exactamente. Nosotros con Fenili y Giscafré escribimos un libro que obsequio por los organizadores en el Foro mencionado llamado “Mi hijo el campeón: las presiones de los padres y el entorno” (3ª edición, Lugar editorial) en el que nos posicionamos justamente en contra del modelo de campeonismo y describimos 8 tipos de padres: 1 para armar y siete (si 7) para des-armar…los sobre-protectores, indiferentes, agresivos, elitistas, etc...Por eso decimos que si quieren un campeón en su casa que vayan y se entrenen pero que dejen que sus hijos jueguen felices…el problema somos los adultos que creemos que los niños son adultos en miniatura y no es así. Los malogramos nosotros. Y el cementerio del deporte de alto rendimiento está lleno de talentosos que luego esta sociedad de ganadores y perdedores los hace fracasados…el alto rendimiento es muy cruel…llegan muy pocos…y a veces son los padres los que quieren colgarse la medalla de su hijo. Hay un capítulo excelente de los Simpson donde Homero presiona a Bart a quien dirigía y Marge interviene pidiendo piedad y Homero responde con una pregunta: “¿Tienes alguna otra manera en que le transmita mis propias frustraciones?”.
Más claro imposible, por eso hay que trabajar con los padres….orientarlos. No tienen que preguntar ¿ganaron? ¿Cuántos goles hiciste? Y si tienen que preguntar ¿cómo la pasaste? ¿Disfrutaste?
5. Qué diferencia habría entre practicar deportes en familia y simplemente “jugar”? O en este caso son sinónimos?
Muy buena pregunta. No es lo mismo. Jugar en su etimología significa humor. Hay juegos de azar y hay otros tipos de juegos de mesa. La familia puede jugar al Juego de la Oca, al Scrabel, al Teg, etc. en familia y pasarla bien. Hay un inicio, un desarrollo y un fin. Hay un orden y hay libertad, aunque, por ejemplo en la escondida o el poli ladrón hay más libertad y espontaneidad. Jugar es hacer define Winnicott. En cambio para que haya deporte debe haber agonística y movimiento.
Por eso decíamos lo de la pelota. Yo me pregunto cuantos padres tienen la pelota o las paletas en el baúl del auto y paran con los hijos en cualquier momento en una plaza….Para Huizinga el juego es anterior a la cultura. Y el deporte tiene su origen en las luchas grecorromanas, por eso se puede jugar a determinadas edades sin contar los goles o los puntos para no fomentar la competencia y menos con la familia…Iván Lendl, número 1 del mundo, citado en el libro, dijo que en un momento dejó de jugar al tenis CONTRA la madre y empezó a jugar CON la madre…sin importarles los tantos….Un niño chico que no juega o no hace deporte es un niño enfermo…
.
6. ¿Conoce casos puntuales donde la práctica del deporte con sus padres mejoró alguna patología o problema de un niño? ¿Cómo fue el caso?
Conozco casos de chicos que por tener asma el médico les indicó natación y luego lo practicaron toda la vida en forma electiva y sana u otros casos donde el padre quiso que el hijo practique fútbol a los 5 años, porque se enfermaba siempre y hoy está en la Selección Juvenil….Hay muchos de esos casos pero no puedo dar nombres. El aire libre, oxigenar los pulmones, restando estrés y pensándolo desde la integridad mente- cuerpo siempre aporta…
7. Comentarios generales
El eje planteado está en la disputa entre Niño sano que hace deporte (con padres equilibrados) vs. Niño enfermo que abusa de la tecnología (play station, computadoras, televisor, etc.).
El deporte permite encuentros relajados, tolerantes y maduros cuando se sabe para que se juegue (para pasarla bien y no para ganar)
8. Datos profesionales del entrevistado
Lic. Marcelo Roffé MN 16699 / Psicólogo recibido en la UBA (1990)
psicologia@marceloroffe.com
Master en Psicología del Deporte en la Universidad Complutense de Madrid / Ex Psicólogo Responsable Departamento de Psicología del Deporte en las Selecciones Nacionales AFA del año 2000 al 2006
Presidente de la Asociación de Psicología del Deporte Argentina
Su último libro “Alto rendimiento, Psicología y Deporte” Tendencias actuales (2005) de Lugar Editorial. / www.marceloroffe.com
9. Datos de entidad donde el lector pueda pedir más información y asesorarse.
A .P. D. A. ASOCIACION DE PSICOLOGIA DEL DEPORTE ARGENTINA
14 AÑOS DE VIDA- ENTIDAD SIN FINES DE LUCRO
El deporte es la escuela ideal donde se aprende a aprender. Se interiorizan reglas, se aprende a ser solidario, a hacer amigos, a pasarla bien, se aprende a perder y a tener nociones de que las cosas no siempre salen como uno quiere y a ganar, Porque el que no sabe ganar tampoco sabe perder. Por eso es importante remarcar que no es válido ganar de cualquier manera. Respecto de hacer deporte con los padres, por ejemplo, con pelota, si partimos de que la familia es un equipo, y la pelota la portadora de un mensaje, se establecen interesantes canales comunicación que cohesionan y superan los esperables “ruidos” en la comunicación. Hay pases que son caricias y otros que son insultos….Se fortalecen los vínculos, sin dudas. Se comparte en un balcón, una terraza, un departamento (con una media) o un club….
2. ¿Con las madres sucede lo mismo?
Por supuesto. No es una cuestión de género por más que existe un trasfondo machista donde parece que los hombres y deporte son sinónimos. Pero lo que sucede a mi entender es que el deporte femenino está sub-valorado, cada vez menos, pero no es tan negocio en alto rendimiento como el de hombres….Todo depende del lugar que tenga el deporte para los padres. ¿Cómo se puede transmitir, aquello que no se tiene? Me preguntaba yo en el evento organizado por ALA. La clave es transmitir un hábito para una vida más sana, en el que primero uno tiene que creer. No sirve llevar al hijo a hacer 5 deportes y uno estar todo el día frente al televisor (o computadora) comiendo papas fritas o roscas como Homero. Se incurre en un doble mensaje.
3. ¿Se han hecho estudios/encuestas al respecto?
El estudio de GALLUP es muy aleccionador al respecto. Aquí se práctica casi la mitad de deporte en horas semanales que en España. ¿Por qué? Y el 41 por ciento de los padres dice que va a ver a sus hijos a practicar deporte…pero hay que preguntarles a los hijos si disfrutan el deporte ante la atenta y muchas veces “mortífera” mirada de sus padres. Todos los padres coinciden en que en la escuela se practica menos deporte del que ellos quisieran. Es verdad, pero la escuela no nos puede resolver todo…hay que buscarlo en otro lado… Pero en España los padres realizan 5 veces más deporte con sus hijos que acá…o sea que no pasa por la plata o el tiempo…pasa por el convencimiento y poder apagar el celular y disfrutar con y de tus hijos….
¿Qué pasa con los padres que sin querer queriendo, empujan a sus hijos a abandonar el deporte? ¿Cómo los agentes de motivación en 1ª instancia, terminan siendo estresantes, luego? ¿Por qué les cuesta tanto acompañar sin presionar? El 57 por ciento son influenciadores pero luego se vuelven “presionadores”…, ahí está el problema, todos creen tener un Maradona en su casa…
En encuestas e investigaciones que nosotros, como psicólogos del deporte realizamos, los niños empiezan hacer deporte porque quieren pasarla bien, quieren hacer amigos, porque los padres así lo desean o porque hay una búsqueda de estatus social (obviamente alimentado por los padres sobre todo en un país del 3er mundo como el nuestro y con la mitad de la población debajo de la línea de la pobreza…)
4. ¿Qué pasa con los padres que empujan a los chicos a hacer deportes como carrera? ¿No les provoca, a los chicos, alto nivel de estrés y frustración?
Exactamente. Nosotros con Fenili y Giscafré escribimos un libro que obsequio por los organizadores en el Foro mencionado llamado “Mi hijo el campeón: las presiones de los padres y el entorno” (3ª edición, Lugar editorial) en el que nos posicionamos justamente en contra del modelo de campeonismo y describimos 8 tipos de padres: 1 para armar y siete (si 7) para des-armar…los sobre-protectores, indiferentes, agresivos, elitistas, etc...Por eso decimos que si quieren un campeón en su casa que vayan y se entrenen pero que dejen que sus hijos jueguen felices…el problema somos los adultos que creemos que los niños son adultos en miniatura y no es así. Los malogramos nosotros. Y el cementerio del deporte de alto rendimiento está lleno de talentosos que luego esta sociedad de ganadores y perdedores los hace fracasados…el alto rendimiento es muy cruel…llegan muy pocos…y a veces son los padres los que quieren colgarse la medalla de su hijo. Hay un capítulo excelente de los Simpson donde Homero presiona a Bart a quien dirigía y Marge interviene pidiendo piedad y Homero responde con una pregunta: “¿Tienes alguna otra manera en que le transmita mis propias frustraciones?”.
Más claro imposible, por eso hay que trabajar con los padres….orientarlos. No tienen que preguntar ¿ganaron? ¿Cuántos goles hiciste? Y si tienen que preguntar ¿cómo la pasaste? ¿Disfrutaste?
5. Qué diferencia habría entre practicar deportes en familia y simplemente “jugar”? O en este caso son sinónimos?
Muy buena pregunta. No es lo mismo. Jugar en su etimología significa humor. Hay juegos de azar y hay otros tipos de juegos de mesa. La familia puede jugar al Juego de la Oca, al Scrabel, al Teg, etc. en familia y pasarla bien. Hay un inicio, un desarrollo y un fin. Hay un orden y hay libertad, aunque, por ejemplo en la escondida o el poli ladrón hay más libertad y espontaneidad. Jugar es hacer define Winnicott. En cambio para que haya deporte debe haber agonística y movimiento.
Por eso decíamos lo de la pelota. Yo me pregunto cuantos padres tienen la pelota o las paletas en el baúl del auto y paran con los hijos en cualquier momento en una plaza….Para Huizinga el juego es anterior a la cultura. Y el deporte tiene su origen en las luchas grecorromanas, por eso se puede jugar a determinadas edades sin contar los goles o los puntos para no fomentar la competencia y menos con la familia…Iván Lendl, número 1 del mundo, citado en el libro, dijo que en un momento dejó de jugar al tenis CONTRA la madre y empezó a jugar CON la madre…sin importarles los tantos….Un niño chico que no juega o no hace deporte es un niño enfermo…
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6. ¿Conoce casos puntuales donde la práctica del deporte con sus padres mejoró alguna patología o problema de un niño? ¿Cómo fue el caso?
Conozco casos de chicos que por tener asma el médico les indicó natación y luego lo practicaron toda la vida en forma electiva y sana u otros casos donde el padre quiso que el hijo practique fútbol a los 5 años, porque se enfermaba siempre y hoy está en la Selección Juvenil….Hay muchos de esos casos pero no puedo dar nombres. El aire libre, oxigenar los pulmones, restando estrés y pensándolo desde la integridad mente- cuerpo siempre aporta…
7. Comentarios generales
El eje planteado está en la disputa entre Niño sano que hace deporte (con padres equilibrados) vs. Niño enfermo que abusa de la tecnología (play station, computadoras, televisor, etc.).
El deporte permite encuentros relajados, tolerantes y maduros cuando se sabe para que se juegue (para pasarla bien y no para ganar)
8. Datos profesionales del entrevistado
Lic. Marcelo Roffé MN 16699 / Psicólogo recibido en la UBA (1990)
psicologia@marceloroffe.com
Master en Psicología del Deporte en la Universidad Complutense de Madrid / Ex Psicólogo Responsable Departamento de Psicología del Deporte en las Selecciones Nacionales AFA del año 2000 al 2006
Presidente de la Asociación de Psicología del Deporte Argentina
Su último libro “Alto rendimiento, Psicología y Deporte” Tendencias actuales (2005) de Lugar Editorial. / www.marceloroffe.com
9. Datos de entidad donde el lector pueda pedir más información y asesorarse.
A .P. D. A. ASOCIACION DE PSICOLOGIA DEL DEPORTE ARGENTINA
14 AÑOS DE VIDA- ENTIDAD SIN FINES DE LUCRO
Aprender a Perder
Hace años cuando yo era estudiante de Ciencias Económicas comencé a jugar al tenis, me apasionó tanto que durante los tres últimos años de carrera , enseñe tenis. Me divertía, me permitía estudiar y mantenerme en forma, y me sentía extraordinariamente feliz .
Una vez terminé mis estudios decidí dedicarme a la enseñanza del tenis. Realicé todos los cursos de formación existentes y hace 12 años comencé a impartir cursos para entrenadores y profesores de tenis.
Este nuevo reto me ayudó a desarrollar un método de enseñanza que denominé Agílibus Tenis. Este método es un compendio de las experiencias acumuladas durante los 26 años que llevo dedicado a la enseñanza. No es un método inamovible, se va enriqueciendo con nuevas informaciones y es actualizado constantemente.
Estoy convencido de que siempre se puede aprender algo más , incluso de personas con mucho menos experiencia y éxito. Así pues, te doy la posibilidad de que colabores con tus artículos o experiencias acerca de la enseñanza del tenis para que todos podamos aprender algo más.
Durante los últimos 10 años he estado desarrollando y mejorando mi método de enseñanza Agílibus Tenis para buscar soluciones al problema más grande con el que me he enfrentado en mi carrera: el abandono del deporte en general y en especial del tenis por la gran parte de los adolescentes (13 a 17 años) y el abandono del tenis tanto en niños, jóvenes y adultos después de sus primeras clases.
En este tiempo he impartido ponencias, conferencias y cursos para profesores. He charlado y compartido experiencias con los grandes entrenadores y jugadores españoles, Manuel Santana, Manuel Orantes, William "Pato" Alvarez, Miguel Margets, Alvaro Margets, Eduardo Osta, Emilio Sánchez Vicario, Sergio Casal, Javier Duarte, Josep Perlas, Antonio Martinez Cascales, Javier Piles, Pancho Alvariño, José Altur, Tommy Robredo, Carlos Moyá, David Ferrer y Alex Corretja entre otros muchos.
Todos ellos han contribuido en gran parte a dar respuestas a mis preguntas. Me han dado la clave para poder crear un método de enseñanza, dirigido al desarrollo integral del adolescente, que pueda potenciar al máximo las aptitudes de aprendizaje óptimo en cada etapa para formar a un deportista completo, que a la vez tenga opción de desarrollarse intelectual y socialmente.
Me han ayudado a comprender mejor al deportista, para permitirle ser el mejor que pueda ser, que aprenda a competir contra otros y lo más difícil: consigo mismo, ya que lo más importante es superarse a sí mismo sin importarte lo que hagan o digan los demás y aplicar estos principios tanto a jugadores de iniciación como a profesionales.
Pretendo brindar a los adolescentes en general una oportunidad única para crecer y desarrollarse, ya que el deporte ayuda a llevar una vida ordenada (sin alcohol, tabaco,.....), enseña a aprender a ganar y a perder, puesto que el verdadero deportista aprende de las victorias y de las derrotas.
En definitiva, proporcionar a los alumnos, sin distinción de categorías o nivel de juego unos valores que les haga crecer como personas y les sirvan en todos los aspectos de la vida..
Mariano Peinado
Director
Una vez terminé mis estudios decidí dedicarme a la enseñanza del tenis. Realicé todos los cursos de formación existentes y hace 12 años comencé a impartir cursos para entrenadores y profesores de tenis.
Este nuevo reto me ayudó a desarrollar un método de enseñanza que denominé Agílibus Tenis. Este método es un compendio de las experiencias acumuladas durante los 26 años que llevo dedicado a la enseñanza. No es un método inamovible, se va enriqueciendo con nuevas informaciones y es actualizado constantemente.
Estoy convencido de que siempre se puede aprender algo más , incluso de personas con mucho menos experiencia y éxito. Así pues, te doy la posibilidad de que colabores con tus artículos o experiencias acerca de la enseñanza del tenis para que todos podamos aprender algo más.
Durante los últimos 10 años he estado desarrollando y mejorando mi método de enseñanza Agílibus Tenis para buscar soluciones al problema más grande con el que me he enfrentado en mi carrera: el abandono del deporte en general y en especial del tenis por la gran parte de los adolescentes (13 a 17 años) y el abandono del tenis tanto en niños, jóvenes y adultos después de sus primeras clases.
En este tiempo he impartido ponencias, conferencias y cursos para profesores. He charlado y compartido experiencias con los grandes entrenadores y jugadores españoles, Manuel Santana, Manuel Orantes, William "Pato" Alvarez, Miguel Margets, Alvaro Margets, Eduardo Osta, Emilio Sánchez Vicario, Sergio Casal, Javier Duarte, Josep Perlas, Antonio Martinez Cascales, Javier Piles, Pancho Alvariño, José Altur, Tommy Robredo, Carlos Moyá, David Ferrer y Alex Corretja entre otros muchos.
Todos ellos han contribuido en gran parte a dar respuestas a mis preguntas. Me han dado la clave para poder crear un método de enseñanza, dirigido al desarrollo integral del adolescente, que pueda potenciar al máximo las aptitudes de aprendizaje óptimo en cada etapa para formar a un deportista completo, que a la vez tenga opción de desarrollarse intelectual y socialmente.
Me han ayudado a comprender mejor al deportista, para permitirle ser el mejor que pueda ser, que aprenda a competir contra otros y lo más difícil: consigo mismo, ya que lo más importante es superarse a sí mismo sin importarte lo que hagan o digan los demás y aplicar estos principios tanto a jugadores de iniciación como a profesionales.
Pretendo brindar a los adolescentes en general una oportunidad única para crecer y desarrollarse, ya que el deporte ayuda a llevar una vida ordenada (sin alcohol, tabaco,.....), enseña a aprender a ganar y a perder, puesto que el verdadero deportista aprende de las victorias y de las derrotas.
En definitiva, proporcionar a los alumnos, sin distinción de categorías o nivel de juego unos valores que les haga crecer como personas y les sirvan en todos los aspectos de la vida..
Mariano Peinado
Director
El Arte de Aprender a Perder
La Revista Colegio Tecnológico que dirige mi querida amiga Tamara Palacios, siempre tiene interesantes artículos de reflexión educativa. En esta ocasión, quiero presentarles la columna “Aprender a perder”, que publicó Javier Martínez hace algunos meses y que yo acabo de leer.
Los invito a reflexionar sobre este interesante punto de vista:
“He fallado más de 9.000 tiros a lo largo de mi carrera, he perdido casi 300 partidos, 26 veces he errado el último tiro que decidía un partido. He fracasado una y otra vez durante mi vida y esa es, precisamente, la razón por la que he sido exitoso.
Michael Jordan (posiblemente el mejor jugador de baloncesto de la historia)
Cada vez estoy más convencido de que si hay algo importante en la vida es saber perder. El mundo del deporte ofrece multitud de ejemplos al respecto. Valentino Rossi, aclamado como el mejor piloto de motos de todos los tiempos, reconocía, después de pasar 2 años sin ganar títulos “He debido aprender a perder”.
Todos los deportistas saben que perder no sólo forma parte del juego sino que hay más posibilidades de perder que de ganar, a fin de cuentas sólo hay un campeón. Evidentemente, el objetivo es ganar, saborear el placer de la victoria, para muchos alcanzar la gloria. A nadie le gusta perder pero como hemos comentado en otras columnas anteriores, las derrotas ofrecen oportunidades mucho más enriquecedoras que los triunfos. Cuando pierdes, pueden pasar básicamente 2 cosas:
1. Que te enfades, te culpes o culpes a otros/s, te autoengañes, te desmoralices y tires la toalla.
2. Que decidas no resignarte ni darte por vencido por nada del mundo sino al contrario, ser más persistente, perseverante e insistente. Que consideres que has perdido una batalla, pero no la guerra y que examines lo que debía haber ocurrido, lo que realmente ocurrió, por qué se dieron las diferencias y qué cambios hay que hacer la próxima vez para que te vaya mejor. Es decir, reconocer con humildad que otro fue mejor que tú y asumir qué necesitas aprender para mejorar. De hecho, hay situaciones donde lo mejor que puede pasar es que pierdas para aprender una lección que seguro te resultará muy útil en el futuro.
En 1996, la actual Presidenta de Chile, Michelle Bachelet perdió abultadamente la primera elección en que la se presentó (a Alcaldesa donde obtuvo un 2,35% de los votos) pero parece que sacó lecciones muy valiosas. En enero de 2006, ganó una elección presidencial en la que, entre otros, había competido el mismo adversario que la había derrotado una década antes.
El aprendizaje nunca ocurre en el aula o cuando fracasas ante un problema sino que se demuestra en la vida real o la siguiente vez que debes enfrentar ese mismo problema y eres capaz de resolverlo. Los padres tienen una especial responsabilidad en este sentido y por eso es incomprensible el discurso contradictorio de reconocer, por un lado, que se aprende sobre todo “en la cancha”, que hay que saber convivir con la derrota y por otro lado, exigir a los niños aprender multitud de cosas inútiles y teóricas y ser siempre el mejor, sobre todo en un entorno, el escolar, que a los niños apenas les interesa. Cuando juego con mis hijos, a veces les dejo ganar y otras veces no porque no quiero acostumbrarlos a ganar siempre, a creer que las cosas ocurren sin esfuerzo sino que se eduquen sabiendo que surgen obstáculos, aparecen sinsabores que hay que saber sortear sin frustrarse ni rendirse. ¿Por qué unas personas se rinden y otras no? Si quieres despertar en alguien el deseo de superarse y mejorar, necesitas situar a esa persona frente a desafíos que le interesen pero que se sitúen un poco por encima de sus capacidades actuales de modo que tenga que esforzarse pero vea que el objetivo es alcanzable.
En el mundo de los negocios, la realidad no es muy distinta. Cuando un cliente busca un producto o un servicio, muchos son los llamados pero sólo uno es el elegido.
Sin embargo, nadie nos enseña a perder (algo que no se puede hacer directamente), más bien al contrario, nos educan para ganar, los mensajes que recibimos a todas horas tienen cómo máxima premisa el éxito a toda costa. El sistema educativo castiga el fracaso (las malas notas) que se convierte en un tabú y convierte la educación en una competición donde lo único que importa es ganar y quienes mejores resultados obtienen son admirados, recompensados y tomados como el modelo a seguir. Estresamos a los niños convirtiéndolos, desde temprano, en esclavos del triunfo lo que les conduce a sufrir lo indecible cuando no logran estar a la altura de las expectativas. Está dinámica produce una fractura en 3 grupos:
1. Los alumnos brillantes (los ganadores), acostumbrados a conseguir siempre las metas que se proponen, que en muchos casos continúan su inmaculada carrera en el mundo profesional desempeñando puestos de responsabilidad en las empresas e instituciones más importantes.
2. Los alumnos mediocres, que pasan sin pena ni gloria por el colegio y la universidad y que ingresan al mundo laboral sin una noción clara de lo que quieren para sus vidas.
3. Los malos alumnos (los perdedores), a quienes las malas notas los condenan desde el principio a penar durante toda su trayectoria con el estigma de vagos, tontos, etc.
Es interesante observar lo qué ocurre cuando los ganadores, educados para vencer, deben probar el amargo sabor de la derrota. Aparecen elementos desconocidos para ellos: la frustración, el miedo, la depresión, la destrucción de la autoestima, la negación de la responsabilidad, las excusas. Mi experiencia es que cuanto más exitosa ha sido la trayectoria de una persona, más pánico le tiene a demostrar debilidad, a equivocarse, en definitiva, a la caída y la razón estriba en que nunca aprendieron a perder. El verdadero talante de las personas se muestra cuando pierden, no cuando ganan. La victoria tiene muchos padres, la derrota suele ser huérfana.
Por ejemplo, resulta patético observar las reacciones de los políticos cuando analizan los resultados electorales: Nunca pierden. Al igual que existe el problema de negar el fracaso, existe en la misma medida el riesgo del conformismo, ser incapaz de sobreponerse, acostumbrarse a perder, el famoso calificativo de “Perdedor”.
Si llevamos esa reflexión a la actualidad, no estoy muy seguro si estamos enfrentando una crisis económica, una desaceleración o solamente los efectos de una burbuja pasajera. Lo que si me preocupa es quien sale perdiendo con esta espiral de inestabilidad. Me temo que una vez más, pierden los mismos y ganan (parece que en tiempos de crisis es donde se labran las grandes fortunas) los de siempre.
¿Qué relación tiene esta crisis con la gestión del conocimiento?. Las ventajas competitivas de una organización están directamente relacionadas con el conocimiento que tienen sus miembros. Es evidente que en épocas de crisis, a lo único que puedes agarrarte es a tu conocimiento. Puede que te quedes sin recursos, sin infraestructura, sin clientes, sin acceso a información, sin equipo incluso sin trabajo pero de lo que nadie puede despojarte es de tu conocimiento. Lo único que tienes siempre es tu conocimiento y tu capacidad de aprender. ¿Tal vez a esto se refería el Yes we can de Obama?
No hay nada más barato que gestionar tu propio conocimiento. La respuesta a la crisis es ser más eficiente, más competitivo, es decir, sacar todo el partido posible del conocimiento y los que obtienen más resultados con menos recursos son los que suelen salir adelante. Cada venta, cada persona, cada habilidad, cada actividad son esenciales. Sólo tenemos que abrir los ojos, tenemos el conocimiento frente a nuestras narices, no se nos ha olvidado, no lo puedes perder. Sin embargo, esto que resulta tan simple de escribir, no sucede tan fácilmente en la vida real.
Ocurre que las personas gestionan su Conocimiento cada segundo, inconscientemente. No saben que lo hacen, ni como lo hacen pero les da buenos resultados. Las empresas también gestionan conocimiento cada segundo pero no se pueden permitir que ese proceso sea inconsciente porque su objetivo es ganar dinero. Cada paso que se ejecuta en una empresa debiese tener un propósito bien calculado: Tiene que ser una tarea concreta (y no otra) ejecutada por una persona concreta (y no otra) en un determinado momento del proceso (y no otro). Cada persona debe saber Qué hacer, Cómo (mejor práctica) y Por qué y la Organización debe saber qué hace cada persona. Pero, ¿Sabe cada persona lo Qué debe hacer, Por Qué y cuál es la Mejor manera? ¿Sabe la organización Qué hace cada persona, si es la Adecuada, si cuenta con el Conocimiento necesario, si dispone de toda la Ayuda que le va a hacer falta? En realidad no lo saben y, a fin de cuentas, cada persona no tiene otro remedio que actuar a partir de su conocimiento en lugar de aprovechar el enorme caudal de experiencia que acumula su empresa.
La Gestión del Conocimiento persigue que la organización será más INTELIGENTE (casi siempre para ser más rentable). ¿Cuál es el Cerebro de la empresa? ¿Dónde está? ¿No debería traerme lo que necesito para este cliente/proyecto/problema que estoy tratando de gestionar? Y no estamos hablando precisamente de procedimientos, artículos o presentaciones. Hay que tener en cuenta que las personas no piensan en términos de Documentos/Datos/Cifras, sino que más bien piensan en Objetivos, Planes, Expectativas, Conflictos, Fracasos, Explicaciones.
El objetivo de la gestión del conocimiento es que las personas sepan lo que necesitan para hacer bien su trabajo. Esto exige anticiparse, saber qué está haciendo siempre cada persona y qué ayuda necesita en ese momento (Just In Time). Se trata en definitiva de llevar la información adecuada a la persona correcta en el momento que lo necesita para resolver un problema o tomar la mejor decisión. Si lo que buscamos es lograr que nadie reinvente la rueda, comience desde cero ni cometa 2 veces el mismo error, entonces el mejor camino es aprovechar el conocimiento de miles de cerebros que han hecho antes que yo lo mismo que estoy tratando de hacer. Para saber esto, es necesario haber “perdido” unas cuentas veces anteriormente y sobre todo, haber hecho un muy buen trabajo de análisis y aprendizaje de esa derrota.
Las empresas se hacen una pregunta clave: ¿Cuanto mejoraría mi empresa si todos los comerciales fuesen como mi mejor comercial, todos los Directores de Sucursal fuesen como mi mejor Director de Sucursal, todos los Jefes de Proyecto, o programadores, o …fuesen como el mejor? Sin embargo hay una pregunta mágica que olvidan: ¿Y por qué todos no rinden como el mejor? No existe explicación para que todos no rindan como el número 1. La razón es que son incapaces de gestionar el conocimiento porque ese es un problema de conocimiento. ¿Cómo se soluciona el problema? ¿Explicitando el conocimiento de esos vendedores y almacenándolo en bases de datos, gestores documentales, manuales o procedimientos? Claramente no.
¿Cómo diseñamos un sistema de Gestión del Conocimiento que, al igual que en el caso de las personas, te traiga el conocimiento sin pedirlo? Parece lógico pensar que ese sistema necesita un modelo bastante detallado del mundo en que transcurre el trabajo de las personas que lo utilicen. Necesita saber qué está pasando: que hace cada persona y por qué para llevarle el conocimiento en momento justo. Tiene que entender que la experiencia que acaba de vivir Pedro le sirve de ayuda a María para el problema que está enfrentando.
De estas reflexiones surgen algunas preguntas interesantes:
¿Cuál es el conocimiento que tienes y por el que tu empresa te paga y del que a su vez obtiene rendimiento económico? ¿Cómo lo adquiriste? ¿Cómo lo gestionas?
Resulta imposible vivir sin gestionar el conocimiento. A su vez, la fuente de producción del Conocimiento es el Aprendizaje. Tu inteligencia depende de los desafíos que has enfrentado (y has resuelto) a lo largo de tu vida. ¿Qué has aprendido en tu vida hasta ahora y cuanto de ello se lo debes a cosas o situaciones en que has perdido? ¿Sabes cómo aprendes?
Estos temas los abordaremos en columnas sucesivas.”
Articulo enviado por: Javier Martinez
Los invito a reflexionar sobre este interesante punto de vista:
“He fallado más de 9.000 tiros a lo largo de mi carrera, he perdido casi 300 partidos, 26 veces he errado el último tiro que decidía un partido. He fracasado una y otra vez durante mi vida y esa es, precisamente, la razón por la que he sido exitoso.
Michael Jordan (posiblemente el mejor jugador de baloncesto de la historia)
Cada vez estoy más convencido de que si hay algo importante en la vida es saber perder. El mundo del deporte ofrece multitud de ejemplos al respecto. Valentino Rossi, aclamado como el mejor piloto de motos de todos los tiempos, reconocía, después de pasar 2 años sin ganar títulos “He debido aprender a perder”.
Todos los deportistas saben que perder no sólo forma parte del juego sino que hay más posibilidades de perder que de ganar, a fin de cuentas sólo hay un campeón. Evidentemente, el objetivo es ganar, saborear el placer de la victoria, para muchos alcanzar la gloria. A nadie le gusta perder pero como hemos comentado en otras columnas anteriores, las derrotas ofrecen oportunidades mucho más enriquecedoras que los triunfos. Cuando pierdes, pueden pasar básicamente 2 cosas:
1. Que te enfades, te culpes o culpes a otros/s, te autoengañes, te desmoralices y tires la toalla.
2. Que decidas no resignarte ni darte por vencido por nada del mundo sino al contrario, ser más persistente, perseverante e insistente. Que consideres que has perdido una batalla, pero no la guerra y que examines lo que debía haber ocurrido, lo que realmente ocurrió, por qué se dieron las diferencias y qué cambios hay que hacer la próxima vez para que te vaya mejor. Es decir, reconocer con humildad que otro fue mejor que tú y asumir qué necesitas aprender para mejorar. De hecho, hay situaciones donde lo mejor que puede pasar es que pierdas para aprender una lección que seguro te resultará muy útil en el futuro.
En 1996, la actual Presidenta de Chile, Michelle Bachelet perdió abultadamente la primera elección en que la se presentó (a Alcaldesa donde obtuvo un 2,35% de los votos) pero parece que sacó lecciones muy valiosas. En enero de 2006, ganó una elección presidencial en la que, entre otros, había competido el mismo adversario que la había derrotado una década antes.
El aprendizaje nunca ocurre en el aula o cuando fracasas ante un problema sino que se demuestra en la vida real o la siguiente vez que debes enfrentar ese mismo problema y eres capaz de resolverlo. Los padres tienen una especial responsabilidad en este sentido y por eso es incomprensible el discurso contradictorio de reconocer, por un lado, que se aprende sobre todo “en la cancha”, que hay que saber convivir con la derrota y por otro lado, exigir a los niños aprender multitud de cosas inútiles y teóricas y ser siempre el mejor, sobre todo en un entorno, el escolar, que a los niños apenas les interesa. Cuando juego con mis hijos, a veces les dejo ganar y otras veces no porque no quiero acostumbrarlos a ganar siempre, a creer que las cosas ocurren sin esfuerzo sino que se eduquen sabiendo que surgen obstáculos, aparecen sinsabores que hay que saber sortear sin frustrarse ni rendirse. ¿Por qué unas personas se rinden y otras no? Si quieres despertar en alguien el deseo de superarse y mejorar, necesitas situar a esa persona frente a desafíos que le interesen pero que se sitúen un poco por encima de sus capacidades actuales de modo que tenga que esforzarse pero vea que el objetivo es alcanzable.
En el mundo de los negocios, la realidad no es muy distinta. Cuando un cliente busca un producto o un servicio, muchos son los llamados pero sólo uno es el elegido.
Sin embargo, nadie nos enseña a perder (algo que no se puede hacer directamente), más bien al contrario, nos educan para ganar, los mensajes que recibimos a todas horas tienen cómo máxima premisa el éxito a toda costa. El sistema educativo castiga el fracaso (las malas notas) que se convierte en un tabú y convierte la educación en una competición donde lo único que importa es ganar y quienes mejores resultados obtienen son admirados, recompensados y tomados como el modelo a seguir. Estresamos a los niños convirtiéndolos, desde temprano, en esclavos del triunfo lo que les conduce a sufrir lo indecible cuando no logran estar a la altura de las expectativas. Está dinámica produce una fractura en 3 grupos:
1. Los alumnos brillantes (los ganadores), acostumbrados a conseguir siempre las metas que se proponen, que en muchos casos continúan su inmaculada carrera en el mundo profesional desempeñando puestos de responsabilidad en las empresas e instituciones más importantes.
2. Los alumnos mediocres, que pasan sin pena ni gloria por el colegio y la universidad y que ingresan al mundo laboral sin una noción clara de lo que quieren para sus vidas.
3. Los malos alumnos (los perdedores), a quienes las malas notas los condenan desde el principio a penar durante toda su trayectoria con el estigma de vagos, tontos, etc.
Es interesante observar lo qué ocurre cuando los ganadores, educados para vencer, deben probar el amargo sabor de la derrota. Aparecen elementos desconocidos para ellos: la frustración, el miedo, la depresión, la destrucción de la autoestima, la negación de la responsabilidad, las excusas. Mi experiencia es que cuanto más exitosa ha sido la trayectoria de una persona, más pánico le tiene a demostrar debilidad, a equivocarse, en definitiva, a la caída y la razón estriba en que nunca aprendieron a perder. El verdadero talante de las personas se muestra cuando pierden, no cuando ganan. La victoria tiene muchos padres, la derrota suele ser huérfana.
Por ejemplo, resulta patético observar las reacciones de los políticos cuando analizan los resultados electorales: Nunca pierden. Al igual que existe el problema de negar el fracaso, existe en la misma medida el riesgo del conformismo, ser incapaz de sobreponerse, acostumbrarse a perder, el famoso calificativo de “Perdedor”.
Si llevamos esa reflexión a la actualidad, no estoy muy seguro si estamos enfrentando una crisis económica, una desaceleración o solamente los efectos de una burbuja pasajera. Lo que si me preocupa es quien sale perdiendo con esta espiral de inestabilidad. Me temo que una vez más, pierden los mismos y ganan (parece que en tiempos de crisis es donde se labran las grandes fortunas) los de siempre.
¿Qué relación tiene esta crisis con la gestión del conocimiento?. Las ventajas competitivas de una organización están directamente relacionadas con el conocimiento que tienen sus miembros. Es evidente que en épocas de crisis, a lo único que puedes agarrarte es a tu conocimiento. Puede que te quedes sin recursos, sin infraestructura, sin clientes, sin acceso a información, sin equipo incluso sin trabajo pero de lo que nadie puede despojarte es de tu conocimiento. Lo único que tienes siempre es tu conocimiento y tu capacidad de aprender. ¿Tal vez a esto se refería el Yes we can de Obama?
No hay nada más barato que gestionar tu propio conocimiento. La respuesta a la crisis es ser más eficiente, más competitivo, es decir, sacar todo el partido posible del conocimiento y los que obtienen más resultados con menos recursos son los que suelen salir adelante. Cada venta, cada persona, cada habilidad, cada actividad son esenciales. Sólo tenemos que abrir los ojos, tenemos el conocimiento frente a nuestras narices, no se nos ha olvidado, no lo puedes perder. Sin embargo, esto que resulta tan simple de escribir, no sucede tan fácilmente en la vida real.
Ocurre que las personas gestionan su Conocimiento cada segundo, inconscientemente. No saben que lo hacen, ni como lo hacen pero les da buenos resultados. Las empresas también gestionan conocimiento cada segundo pero no se pueden permitir que ese proceso sea inconsciente porque su objetivo es ganar dinero. Cada paso que se ejecuta en una empresa debiese tener un propósito bien calculado: Tiene que ser una tarea concreta (y no otra) ejecutada por una persona concreta (y no otra) en un determinado momento del proceso (y no otro). Cada persona debe saber Qué hacer, Cómo (mejor práctica) y Por qué y la Organización debe saber qué hace cada persona. Pero, ¿Sabe cada persona lo Qué debe hacer, Por Qué y cuál es la Mejor manera? ¿Sabe la organización Qué hace cada persona, si es la Adecuada, si cuenta con el Conocimiento necesario, si dispone de toda la Ayuda que le va a hacer falta? En realidad no lo saben y, a fin de cuentas, cada persona no tiene otro remedio que actuar a partir de su conocimiento en lugar de aprovechar el enorme caudal de experiencia que acumula su empresa.
La Gestión del Conocimiento persigue que la organización será más INTELIGENTE (casi siempre para ser más rentable). ¿Cuál es el Cerebro de la empresa? ¿Dónde está? ¿No debería traerme lo que necesito para este cliente/proyecto/problema que estoy tratando de gestionar? Y no estamos hablando precisamente de procedimientos, artículos o presentaciones. Hay que tener en cuenta que las personas no piensan en términos de Documentos/Datos/Cifras, sino que más bien piensan en Objetivos, Planes, Expectativas, Conflictos, Fracasos, Explicaciones.
El objetivo de la gestión del conocimiento es que las personas sepan lo que necesitan para hacer bien su trabajo. Esto exige anticiparse, saber qué está haciendo siempre cada persona y qué ayuda necesita en ese momento (Just In Time). Se trata en definitiva de llevar la información adecuada a la persona correcta en el momento que lo necesita para resolver un problema o tomar la mejor decisión. Si lo que buscamos es lograr que nadie reinvente la rueda, comience desde cero ni cometa 2 veces el mismo error, entonces el mejor camino es aprovechar el conocimiento de miles de cerebros que han hecho antes que yo lo mismo que estoy tratando de hacer. Para saber esto, es necesario haber “perdido” unas cuentas veces anteriormente y sobre todo, haber hecho un muy buen trabajo de análisis y aprendizaje de esa derrota.
Las empresas se hacen una pregunta clave: ¿Cuanto mejoraría mi empresa si todos los comerciales fuesen como mi mejor comercial, todos los Directores de Sucursal fuesen como mi mejor Director de Sucursal, todos los Jefes de Proyecto, o programadores, o …fuesen como el mejor? Sin embargo hay una pregunta mágica que olvidan: ¿Y por qué todos no rinden como el mejor? No existe explicación para que todos no rindan como el número 1. La razón es que son incapaces de gestionar el conocimiento porque ese es un problema de conocimiento. ¿Cómo se soluciona el problema? ¿Explicitando el conocimiento de esos vendedores y almacenándolo en bases de datos, gestores documentales, manuales o procedimientos? Claramente no.
¿Cómo diseñamos un sistema de Gestión del Conocimiento que, al igual que en el caso de las personas, te traiga el conocimiento sin pedirlo? Parece lógico pensar que ese sistema necesita un modelo bastante detallado del mundo en que transcurre el trabajo de las personas que lo utilicen. Necesita saber qué está pasando: que hace cada persona y por qué para llevarle el conocimiento en momento justo. Tiene que entender que la experiencia que acaba de vivir Pedro le sirve de ayuda a María para el problema que está enfrentando.
De estas reflexiones surgen algunas preguntas interesantes:
¿Cuál es el conocimiento que tienes y por el que tu empresa te paga y del que a su vez obtiene rendimiento económico? ¿Cómo lo adquiriste? ¿Cómo lo gestionas?
Resulta imposible vivir sin gestionar el conocimiento. A su vez, la fuente de producción del Conocimiento es el Aprendizaje. Tu inteligencia depende de los desafíos que has enfrentado (y has resuelto) a lo largo de tu vida. ¿Qué has aprendido en tu vida hasta ahora y cuanto de ello se lo debes a cosas o situaciones en que has perdido? ¿Sabes cómo aprendes?
Estos temas los abordaremos en columnas sucesivas.”
Articulo enviado por: Javier Martinez
Aprender a perder Por Javier Martínez Aldanondo
Aprender a perder
Por Javier Martínez Aldanondo
“He fallado más de 9.000 tiros a lo largo de mi carrera, he perdido casi 300 partidos, 26 veces he errado el último tiro que decidía un partido. He fracasado una y otra vez durante mi vida y esa es, precisamente, la razón por la que he sido exitoso”
Michael Jordan (posiblemente el mejor jugador de baloncesto de la historia)
Cada vez estoy más convencido de que si hay algo importante en la vida es saber perder. El mundo del deporte ofrece multitud de ejemplos al respecto. Valentino Rossi, aclamado como el mejor piloto de motos de todos los tiempos, reconocía, después de pasar 2 años sin ganar títulos "He debido aprender a perder".
Todos los deportistas saben que perder no sólo forma parte del juego sino que hay más posibilidades de perder que de ganar, a fin de cuentas sólo hay un campeón. Evidentemente, el objetivo es ganar, saborear el placer de la victoria, para muchos alcanzar la gloria. A nadie le gusta perder pero como hemos comentado en otras columnas anteriores, las derrotas ofrecen oportunidades mucho más enriquecedoras que los triunfos. Cuando pierdes, pueden pasar básicamente 2 cosas:
Que te enfades, te culpes o culpes a otros/s, te autoengañes, te desmoralices y tires la toalla.
Que decidas no resignarte ni darte por vencido por nada del mundo sino al contrario, ser más persistente, perseverante e insistente. Que consideres que has perdido una batalla, pero no la guerra y que examines lo que debía haber ocurrido, lo que realmente ocurrió, por qué se dieron las diferencias y qué cambios hay que hacer la próxima vez para que te vaya mejor. Es decir, reconocer con humildad que otro fue mejor que tú y asumir qué necesitas aprender para mejorar. De hecho, hay situaciones donde lo mejor que puede pasar es que pierdas para aprender una lección que seguro te resultará muy útil en el futuro.
En 1996, la actual Presidenta de Chile, Michelle Bachelet perdió abultadamente la primera elección en que la se presentó (a Alcaldesa donde obtuvo un 2,35% de los votos) pero parece que sacó lecciones muy valiosas. En enero de 2006, ganó una elección presidencial en la que, entre otros, había competido el mismo adversario que la había derrotado una década antes.
El aprendizaje nunca ocurre en el aula o cuando fracasas ante un problema sino que se demuestra en la vida real o la siguiente vez que debes enfrentar ese mismo problema y eres capaz de resolverlo. Los padres tienen una especial responsabilidad en este sentido y por eso es incomprensible el discurso contradictorio de reconocer, por un lado, que se aprende sobre todo "en la cancha", que hay que saber convivir con la derrota y por otro lado, exigir a los niños aprender multitud de cosas inútiles y teóricas y ser siempre el mejor, sobre todo en un entorno, el escolar, que a los niños apenas les interesa. Cuando juego con mis hijos, a veces les dejo ganar y otras veces no porque no quiero acostumbrarlos a ganar siempre, a creer que las cosas ocurren sin esfuerzo sino que se eduquen sabiendo que surgen obstáculos, aparecen sinsabores que hay que saber sortear sin frustrarse ni rendirse. ¿Por qué unas personas se rinden y otras no? Si quieres despertar en alguien el deseo de superarse y mejorar, necesitas situar a esa persona frente a desafíos que le interesen pero que se sitúen un poco por encima de sus capacidades actuales de modo que tenga que esforzarse pero vea que el objetivo es alcanzable.
En el mundo de los negocios, la realidad no es muy distinta. Cuando un cliente busca un producto o un servicio, muchos son los llamados pero sólo uno es el elegido.
Sin embargo, nadie nos enseña a perder (algo que no se puede hacer directamente), más bien al contrario, nos educan para ganar, los mensajes que recibimos a todas horas tienen cómo máxima premisa el éxito a toda costa. El sistema educativo castiga el fracaso (las malas notas) que se convierte en un tabú y convierte la educación en una competición donde lo único que importa es ganar y quienes mejores resultados obtienen son admirados, recompensados y tomados como el modelo a seguir. Estresamos a los niños convirtiéndolos, desde temprano, en esclavos del triunfo lo que les conduce a sufrir lo indecible cuando no logran estar a la altura de las expectativas. Esta dinámica produce una fractura en 3 grupos:
Los alumnos brillantes (los ganadores), acostumbrados a conseguir siempre las metas que se proponen, que en muchos casos continúan su inmaculada carrera en el mundo profesional desempeñando puestos de responsabilidad en las empresas e instituciones más importantes.
Los alumnos mediocres, que pasan sin pena ni gloria por el colegio y la universidad y que ingresan al mundo laboral sin una noción clara de lo que quieren para sus vidas.
Los malos alumnos (los perdedores), a quienes las malas notas los condenan desde el principio a penar durante toda su trayectoria con el estigma de vagos, tontos, etc.
Es interesante observar lo qué ocurre cuando los ganadores, educados para vencer, deben probar el amargo sabor de la derrota. Aparecen elementos desconocidos para ellos: la frustración, el miedo, la depresión, la destrucción de la autoestima, la negación de la responsabilidad, las excusas. Mi experiencia es que cuanto más exitosa ha sido la trayectoria de una persona, más pánico le tiene a demostrar debilidad, a equivocarse, en definitiva, a la caída y la razón estriba en que nunca aprendieron a perder. El verdadero talante de las personas se muestra cuando pierden, no cuando ganan. La victoria tiene muchos padres, la derrota suele ser huérfana.
Por ejemplo, resulta patético observar las reacciones de los políticos cuando analizan los resultados electorales: Nunca pierden. Al igual que existe el problema de negar el fracaso, existe en la misma medida el riesgo del conformismo, ser incapaz de sobreponerse, acostumbrarse a perder, el famoso calificativo de "Perdedor".
Si llevamos esa reflexión a la actualidad, no estoy muy seguro si estamos enfrentando una crisis económica, una desaceleración o solamente los efectos de una burbuja pasajera. Lo que si me preocupa es quien sale perdiendo con esta espiral de inestabilidad. Me temo que una vez más, pierden los mismos y ganan (parece que en tiempos de crisis es donde se labran las grandes fortunas) los de siempre.
¿Qué relación tiene esta crisis con la gestión del conocimiento?. Las ventajas competitivas de una organización están directamente relacionadas con el conocimiento que tienen sus miembros. Es evidente que en épocas de crisis, a lo único que puedes agarrarte es a tu conocimiento. Puede que te quedes sin recursos, sin infraestructura, sin clientes, sin acceso a información, sin equipo incluso sin trabajo pero de lo que nadie puede despojarte es de tu conocimiento. Lo único que tienes siempre es tu conocimiento y tu capacidad de aprender. ¿Tal vez a esto se refería el Yes we can de Obama?
No hay nada más barato que gestionar tu propio conocimiento. La respuesta a la crisis es ser más eficiente, más competitivo, es decir, sacar todo el partido posible del conocimiento y los que obtienen más resultados con menos recursos son los que suelen salir adelante. Cada venta, cada persona, cada habilidad, cada actividad son esenciales. Sólo tenemos que abrir los ojos, tenemos el conocimiento frente a nuestras narices, no se nos ha olvidado, no lo puedes perder. Sin embargo, esto que resulta tan simple de escribir, no sucede tan fácilmente en la vida real.
Ocurre que las personas gestionan su Conocimiento cada segundo, inconscientemente. No saben que lo hacen, ni como lo hacen pero les da buenos resultados. Las empresas también gestionan conocimiento cada segundo pero no se pueden permitir que ese proceso sea inconsciente porque su objetivo es ganar dinero. Cada paso que se ejecuta en una empresa debiese tener un propósito bien calculado: Tiene que ser una tarea concreta (y no otra) ejecutada por una persona concreta (y no otra) en un determinado momento del proceso (y no otro). Cada persona debe saber Qué hacer, Cómo (mejor práctica) y Por qué y la Organización debe saber qué hace cada persona. Pero, ¿Sabe cada persona lo Qué debe hacer, Por Qué y cuál es la Mejor manera? ¿Sabe la organización Qué hace cada persona, si es la Adecuada, si cuenta con el Conocimiento necesario, si dispone de toda la Ayuda que le va a hacer falta? En realidad no lo saben y, a fin de cuentas, cada persona no tiene otro remedio que actuar a partir de su conocimiento en lugar de aprovechar el enorme caudal de experiencia que acumula su empresa.
La Gestión del Conocimiento persigue que la organización será más INTELIGENTE (casi siempre para ser más rentable). ¿Cuál es el Cerebro de la empresa? ¿Dónde está? ¿No debería traerme lo que necesito para este cliente/proyecto/problema que estoy tratando de gestionar? Y no estamos hablando precisamente de procedimientos, artículos o presentaciones. Hay que tener en cuenta que las personas no piensan en términos de Documentos/Datos/Cifras, sino que más bien piensan en Objetivos, Planes, Expectativas, Conflictos, Fracasos, Explicaciones.
El objetivo de la gestión del conocimiento es que las personas sepan lo que necesitan para hacer bien su trabajo. Esto exige anticiparse, saber qué está haciendo siempre cada persona y qué ayuda necesita en ese momento (Just In Time). Se trata en definitiva de llevar la información adecuada a la persona correcta en el momento que lo necesita para resolver un problema o tomar la mejor decisión. Si lo que buscamos es lograr que nadie reinvente la rueda, comience desde cero ni cometa 2 veces el mismo error, entonces el mejor camino es aprovechar el conocimiento de miles de cerebros que han hecho antes que yo lo mismo que estoy tratando de hacer. Para saber esto, es necesario haber "perdido" unas cuentas veces anteriormente y sobre todo, haber hecho un muy buen trabajo de análisis y aprendizaje de esa derrota.
Las empresas se hacen una pregunta clave: ¿Cuanto mejoraría mi empresa si todos los comerciales fuesen como mi mejor comercial, todos los Directores de Sucursal fuesen como mi mejor Director de Sucursal, todos los Jefes de Proyecto, o programadores, o …fuesen como el mejor? Sin embargo hay una pregunta mágica que olvidan: ¿Y por qué todos no rinden como el mejor? No existe explicación para que todos no rindan como el número 1. La razón es que son incapaces de gestionar el conocimiento porque ese es un problema de conocimiento. ¿Cómo se soluciona el problema? ¿Explicitando el conocimiento de esos vendedores y almacenándolo en bases de datos, gestores documentales, manuales o procedimientos? Claramente no.
¿Cómo diseñamos un sistema de Gestión del Conocimiento que, al igual que en el caso de las personas, te traiga el conocimiento sin pedirlo? Parece lógico pensar que ese sistema necesita un modelo bastante detallado del mundo en que transcurre el trabajo de las personas que lo utilicen. Necesita saber qué está pasando: que hace cada persona y por qué para llevarle el conocimiento en momento justo. Tiene que entender que la experiencia que acaba de vivir Pedro le sirve de ayuda a María para el problema que está enfrentando.
De estas reflexiones surgen algunas preguntas interesantes:
¿Cuál es el conocimiento que tienes y por el que tu empresa te paga y del que a su vez obtiene rendimiento económico? ¿Cómo lo adquiriste? ¿Cómo lo gestionas?
Resulta imposible vivir sin gestionar el conocimiento. A su vez, la fuente de producción del Conocimiento es el Aprendizaje. Tu inteligencia depende de los desafíos que has enfrentado (y has resuelto) a lo largo de tu vida. ¿Qué has aprendido en tu vida hasta ahora y cuanto de ello se lo debes a cosas o situaciones en que has perdido? ¿Sabes cómo aprendes?
Estos temas los abordaremos en columnas sucesivas. Mientras tanto, aquí está el acceso a la segunda parte del Artículo Gestión del Conocimiento para Peatones
Por Javier Martínez Aldanondo
“He fallado más de 9.000 tiros a lo largo de mi carrera, he perdido casi 300 partidos, 26 veces he errado el último tiro que decidía un partido. He fracasado una y otra vez durante mi vida y esa es, precisamente, la razón por la que he sido exitoso”
Michael Jordan (posiblemente el mejor jugador de baloncesto de la historia)
Cada vez estoy más convencido de que si hay algo importante en la vida es saber perder. El mundo del deporte ofrece multitud de ejemplos al respecto. Valentino Rossi, aclamado como el mejor piloto de motos de todos los tiempos, reconocía, después de pasar 2 años sin ganar títulos "He debido aprender a perder".
Todos los deportistas saben que perder no sólo forma parte del juego sino que hay más posibilidades de perder que de ganar, a fin de cuentas sólo hay un campeón. Evidentemente, el objetivo es ganar, saborear el placer de la victoria, para muchos alcanzar la gloria. A nadie le gusta perder pero como hemos comentado en otras columnas anteriores, las derrotas ofrecen oportunidades mucho más enriquecedoras que los triunfos. Cuando pierdes, pueden pasar básicamente 2 cosas:
Que te enfades, te culpes o culpes a otros/s, te autoengañes, te desmoralices y tires la toalla.
Que decidas no resignarte ni darte por vencido por nada del mundo sino al contrario, ser más persistente, perseverante e insistente. Que consideres que has perdido una batalla, pero no la guerra y que examines lo que debía haber ocurrido, lo que realmente ocurrió, por qué se dieron las diferencias y qué cambios hay que hacer la próxima vez para que te vaya mejor. Es decir, reconocer con humildad que otro fue mejor que tú y asumir qué necesitas aprender para mejorar. De hecho, hay situaciones donde lo mejor que puede pasar es que pierdas para aprender una lección que seguro te resultará muy útil en el futuro.
En 1996, la actual Presidenta de Chile, Michelle Bachelet perdió abultadamente la primera elección en que la se presentó (a Alcaldesa donde obtuvo un 2,35% de los votos) pero parece que sacó lecciones muy valiosas. En enero de 2006, ganó una elección presidencial en la que, entre otros, había competido el mismo adversario que la había derrotado una década antes.
El aprendizaje nunca ocurre en el aula o cuando fracasas ante un problema sino que se demuestra en la vida real o la siguiente vez que debes enfrentar ese mismo problema y eres capaz de resolverlo. Los padres tienen una especial responsabilidad en este sentido y por eso es incomprensible el discurso contradictorio de reconocer, por un lado, que se aprende sobre todo "en la cancha", que hay que saber convivir con la derrota y por otro lado, exigir a los niños aprender multitud de cosas inútiles y teóricas y ser siempre el mejor, sobre todo en un entorno, el escolar, que a los niños apenas les interesa. Cuando juego con mis hijos, a veces les dejo ganar y otras veces no porque no quiero acostumbrarlos a ganar siempre, a creer que las cosas ocurren sin esfuerzo sino que se eduquen sabiendo que surgen obstáculos, aparecen sinsabores que hay que saber sortear sin frustrarse ni rendirse. ¿Por qué unas personas se rinden y otras no? Si quieres despertar en alguien el deseo de superarse y mejorar, necesitas situar a esa persona frente a desafíos que le interesen pero que se sitúen un poco por encima de sus capacidades actuales de modo que tenga que esforzarse pero vea que el objetivo es alcanzable.
En el mundo de los negocios, la realidad no es muy distinta. Cuando un cliente busca un producto o un servicio, muchos son los llamados pero sólo uno es el elegido.
Sin embargo, nadie nos enseña a perder (algo que no se puede hacer directamente), más bien al contrario, nos educan para ganar, los mensajes que recibimos a todas horas tienen cómo máxima premisa el éxito a toda costa. El sistema educativo castiga el fracaso (las malas notas) que se convierte en un tabú y convierte la educación en una competición donde lo único que importa es ganar y quienes mejores resultados obtienen son admirados, recompensados y tomados como el modelo a seguir. Estresamos a los niños convirtiéndolos, desde temprano, en esclavos del triunfo lo que les conduce a sufrir lo indecible cuando no logran estar a la altura de las expectativas. Esta dinámica produce una fractura en 3 grupos:
Los alumnos brillantes (los ganadores), acostumbrados a conseguir siempre las metas que se proponen, que en muchos casos continúan su inmaculada carrera en el mundo profesional desempeñando puestos de responsabilidad en las empresas e instituciones más importantes.
Los alumnos mediocres, que pasan sin pena ni gloria por el colegio y la universidad y que ingresan al mundo laboral sin una noción clara de lo que quieren para sus vidas.
Los malos alumnos (los perdedores), a quienes las malas notas los condenan desde el principio a penar durante toda su trayectoria con el estigma de vagos, tontos, etc.
Es interesante observar lo qué ocurre cuando los ganadores, educados para vencer, deben probar el amargo sabor de la derrota. Aparecen elementos desconocidos para ellos: la frustración, el miedo, la depresión, la destrucción de la autoestima, la negación de la responsabilidad, las excusas. Mi experiencia es que cuanto más exitosa ha sido la trayectoria de una persona, más pánico le tiene a demostrar debilidad, a equivocarse, en definitiva, a la caída y la razón estriba en que nunca aprendieron a perder. El verdadero talante de las personas se muestra cuando pierden, no cuando ganan. La victoria tiene muchos padres, la derrota suele ser huérfana.
Por ejemplo, resulta patético observar las reacciones de los políticos cuando analizan los resultados electorales: Nunca pierden. Al igual que existe el problema de negar el fracaso, existe en la misma medida el riesgo del conformismo, ser incapaz de sobreponerse, acostumbrarse a perder, el famoso calificativo de "Perdedor".
Si llevamos esa reflexión a la actualidad, no estoy muy seguro si estamos enfrentando una crisis económica, una desaceleración o solamente los efectos de una burbuja pasajera. Lo que si me preocupa es quien sale perdiendo con esta espiral de inestabilidad. Me temo que una vez más, pierden los mismos y ganan (parece que en tiempos de crisis es donde se labran las grandes fortunas) los de siempre.
¿Qué relación tiene esta crisis con la gestión del conocimiento?. Las ventajas competitivas de una organización están directamente relacionadas con el conocimiento que tienen sus miembros. Es evidente que en épocas de crisis, a lo único que puedes agarrarte es a tu conocimiento. Puede que te quedes sin recursos, sin infraestructura, sin clientes, sin acceso a información, sin equipo incluso sin trabajo pero de lo que nadie puede despojarte es de tu conocimiento. Lo único que tienes siempre es tu conocimiento y tu capacidad de aprender. ¿Tal vez a esto se refería el Yes we can de Obama?
No hay nada más barato que gestionar tu propio conocimiento. La respuesta a la crisis es ser más eficiente, más competitivo, es decir, sacar todo el partido posible del conocimiento y los que obtienen más resultados con menos recursos son los que suelen salir adelante. Cada venta, cada persona, cada habilidad, cada actividad son esenciales. Sólo tenemos que abrir los ojos, tenemos el conocimiento frente a nuestras narices, no se nos ha olvidado, no lo puedes perder. Sin embargo, esto que resulta tan simple de escribir, no sucede tan fácilmente en la vida real.
Ocurre que las personas gestionan su Conocimiento cada segundo, inconscientemente. No saben que lo hacen, ni como lo hacen pero les da buenos resultados. Las empresas también gestionan conocimiento cada segundo pero no se pueden permitir que ese proceso sea inconsciente porque su objetivo es ganar dinero. Cada paso que se ejecuta en una empresa debiese tener un propósito bien calculado: Tiene que ser una tarea concreta (y no otra) ejecutada por una persona concreta (y no otra) en un determinado momento del proceso (y no otro). Cada persona debe saber Qué hacer, Cómo (mejor práctica) y Por qué y la Organización debe saber qué hace cada persona. Pero, ¿Sabe cada persona lo Qué debe hacer, Por Qué y cuál es la Mejor manera? ¿Sabe la organización Qué hace cada persona, si es la Adecuada, si cuenta con el Conocimiento necesario, si dispone de toda la Ayuda que le va a hacer falta? En realidad no lo saben y, a fin de cuentas, cada persona no tiene otro remedio que actuar a partir de su conocimiento en lugar de aprovechar el enorme caudal de experiencia que acumula su empresa.
La Gestión del Conocimiento persigue que la organización será más INTELIGENTE (casi siempre para ser más rentable). ¿Cuál es el Cerebro de la empresa? ¿Dónde está? ¿No debería traerme lo que necesito para este cliente/proyecto/problema que estoy tratando de gestionar? Y no estamos hablando precisamente de procedimientos, artículos o presentaciones. Hay que tener en cuenta que las personas no piensan en términos de Documentos/Datos/Cifras, sino que más bien piensan en Objetivos, Planes, Expectativas, Conflictos, Fracasos, Explicaciones.
El objetivo de la gestión del conocimiento es que las personas sepan lo que necesitan para hacer bien su trabajo. Esto exige anticiparse, saber qué está haciendo siempre cada persona y qué ayuda necesita en ese momento (Just In Time). Se trata en definitiva de llevar la información adecuada a la persona correcta en el momento que lo necesita para resolver un problema o tomar la mejor decisión. Si lo que buscamos es lograr que nadie reinvente la rueda, comience desde cero ni cometa 2 veces el mismo error, entonces el mejor camino es aprovechar el conocimiento de miles de cerebros que han hecho antes que yo lo mismo que estoy tratando de hacer. Para saber esto, es necesario haber "perdido" unas cuentas veces anteriormente y sobre todo, haber hecho un muy buen trabajo de análisis y aprendizaje de esa derrota.
Las empresas se hacen una pregunta clave: ¿Cuanto mejoraría mi empresa si todos los comerciales fuesen como mi mejor comercial, todos los Directores de Sucursal fuesen como mi mejor Director de Sucursal, todos los Jefes de Proyecto, o programadores, o …fuesen como el mejor? Sin embargo hay una pregunta mágica que olvidan: ¿Y por qué todos no rinden como el mejor? No existe explicación para que todos no rindan como el número 1. La razón es que son incapaces de gestionar el conocimiento porque ese es un problema de conocimiento. ¿Cómo se soluciona el problema? ¿Explicitando el conocimiento de esos vendedores y almacenándolo en bases de datos, gestores documentales, manuales o procedimientos? Claramente no.
¿Cómo diseñamos un sistema de Gestión del Conocimiento que, al igual que en el caso de las personas, te traiga el conocimiento sin pedirlo? Parece lógico pensar que ese sistema necesita un modelo bastante detallado del mundo en que transcurre el trabajo de las personas que lo utilicen. Necesita saber qué está pasando: que hace cada persona y por qué para llevarle el conocimiento en momento justo. Tiene que entender que la experiencia que acaba de vivir Pedro le sirve de ayuda a María para el problema que está enfrentando.
De estas reflexiones surgen algunas preguntas interesantes:
¿Cuál es el conocimiento que tienes y por el que tu empresa te paga y del que a su vez obtiene rendimiento económico? ¿Cómo lo adquiriste? ¿Cómo lo gestionas?
Resulta imposible vivir sin gestionar el conocimiento. A su vez, la fuente de producción del Conocimiento es el Aprendizaje. Tu inteligencia depende de los desafíos que has enfrentado (y has resuelto) a lo largo de tu vida. ¿Qué has aprendido en tu vida hasta ahora y cuanto de ello se lo debes a cosas o situaciones en que has perdido? ¿Sabes cómo aprendes?
Estos temas los abordaremos en columnas sucesivas. Mientras tanto, aquí está el acceso a la segunda parte del Artículo Gestión del Conocimiento para Peatones
El Arte de Perder y Ganar
Cuando un niño acaba de perder un partido de fútbol con sus amigos y llega enfadado a casa sus padres le tranquilizan y le dicen: "tranquilo, lo importante es participar". Qué bien suena ¿verdad?, pero ¡qué difícil de llevar a la práctica! No vale decirle al niño que no pasa nada por perder, que lo importante es participar, y luego cuando el papá ve en la tele que su equipo de fútbol va perdiendo no se cansa de soltar improperios y descalificativos. El niño se siente engañado.
Así, nos encontramos niños que si sospechan que van a perder ya ni siquiera empiezan a jugar, otros abandonan a mitad de juego. Otros no admiten que la causa de su derrota sea una equivocación suya, una falta de esfuerzo o que el otro ha sido mejor. Buscan alguna excusa que justifique esa situación o culpan a alguien de lo que ha pasado (es muy habitual oír a los niños "me han suspendido" en vez de "he suspendido") y se pillan un enfado un tanto desproporcionado.
En el otro extremo nos encontramos niños que ganan y humillan a su adversario, o que van fanfarroneando por ahí con sus éxitos. Ni lo uno ni lo otro. Hay que enseñar a los niños, lo que decíamos en el primer párrafo, que lo importante es participar y que para ello hay que prepararse y esforzarse en dar lo mejor de sí mismo.
Este aprendizaje se hace desde muy pequeño, cuando el niño empieza a jugar con sus padres. En muchas ocasiones éstos le dejan ganar para que el niño no se frustre y se sienta bien. Esto no está mal, a veces hay que dejarle ganar para que el niño tenga interés en mejorar, pero también hay que dejar que pierda para que no se crea que él todo lo puede, y luego se lleve un chasco con sus amigos que seguro no le van a dejar ganar.
El hecho de que el niño se enfade cuando pierde es una reacción normal. A nadie le gusta perder, y menos a un niño. Ellos lo viven como un fracaso, y como viven en el presente, el futuro les queda muy lejos, y por tanto les cuesta darse cuenta que "perder una batalla no significa perder la guerra". Uno siempre puede volver a intentarlo en otro momento, pero hay que estar preparado para ello.
Como padres debemos tener en cuenta una serie de aspectos:
Hay que ser consecuentes entre lo que decimos y hacemos. Tenemos que aprender también nosotros a perder y a medir nuestras reacciones. En el día a día hay que reconocer el mérito del que se esfuerza, del que mejora y no solamente del que gana (p. ej. hemos perdido el partido pero Luis lo ha dado todo).
Cuando el adulto gane o pierda con el niño o con otros, debe hacerle de modelo en sus reacciones (p. ej. "He ganado, pero no ha sido fácil, tirabas los balones con mucha fuerza", o "Felicidades, has ganado. Yo he perdido porque no he estado muy atento y me equivoqué tirando esa carta").
Es normal que tras perder uno se sienta un poco triste y decepcionado, pero no se deben permitir reacciones desproporcionadas (agresiones verbales, físicas o contra el material). Si se producen hay que dejar muy claro al niño que en esas condiciones no puede jugar y se queda fuera del grupo hasta que se calme.
Hay que mantener las formas. Se gane o se pierda hay que felicitar al adversario ("Felicidades lo has hecho muy bien") o solidarizarse con él ("Lo siento. Ha sido un placer jugar contigo").
Tanto los padres como los hijos tienen que aprender a hacer autocrítica para saber qué aspectos tiene uno que tener en cuenta para mejorar. Es más fácil criticar al otro que a uno mismo. Cuando el niño esté triste porque ha perdido, ayudadle a analizar el partido y hacedle preguntas sobre qué se podría haber evitado o qué se puede cambiar para la próxima vez, en función de su edad. Para poder hablar de la derrota a veces hay que esperar a que el niño se calme un poco y lo pueda ver con un poco de distancia. En el momento de la frustración es difícil dialogar y ver las cosas.
Se le debe enseñar a jugar limpio. Hay que establecer reglas y hay que respetarlas, por eso si son pequeños no debe haber muchas. Además, éstas no se pueden cambiar cuando a uno le interesa.
A ningún padre le gusta ver sufrir a su hijo, y a todos les gustaría que su hijo fuese el mejor, pero no puede ser. La vida no es siempre un camino de rosas y por tanto los niños tienen que aprender a tolerar la frustración y a sobreponerse de ella. Además, tienen que saber asumir la victoria, y que no se crean más de lo que son.
Así, nos encontramos niños que si sospechan que van a perder ya ni siquiera empiezan a jugar, otros abandonan a mitad de juego. Otros no admiten que la causa de su derrota sea una equivocación suya, una falta de esfuerzo o que el otro ha sido mejor. Buscan alguna excusa que justifique esa situación o culpan a alguien de lo que ha pasado (es muy habitual oír a los niños "me han suspendido" en vez de "he suspendido") y se pillan un enfado un tanto desproporcionado.
En el otro extremo nos encontramos niños que ganan y humillan a su adversario, o que van fanfarroneando por ahí con sus éxitos. Ni lo uno ni lo otro. Hay que enseñar a los niños, lo que decíamos en el primer párrafo, que lo importante es participar y que para ello hay que prepararse y esforzarse en dar lo mejor de sí mismo.
Este aprendizaje se hace desde muy pequeño, cuando el niño empieza a jugar con sus padres. En muchas ocasiones éstos le dejan ganar para que el niño no se frustre y se sienta bien. Esto no está mal, a veces hay que dejarle ganar para que el niño tenga interés en mejorar, pero también hay que dejar que pierda para que no se crea que él todo lo puede, y luego se lleve un chasco con sus amigos que seguro no le van a dejar ganar.
El hecho de que el niño se enfade cuando pierde es una reacción normal. A nadie le gusta perder, y menos a un niño. Ellos lo viven como un fracaso, y como viven en el presente, el futuro les queda muy lejos, y por tanto les cuesta darse cuenta que "perder una batalla no significa perder la guerra". Uno siempre puede volver a intentarlo en otro momento, pero hay que estar preparado para ello.
Como padres debemos tener en cuenta una serie de aspectos:
Hay que ser consecuentes entre lo que decimos y hacemos. Tenemos que aprender también nosotros a perder y a medir nuestras reacciones. En el día a día hay que reconocer el mérito del que se esfuerza, del que mejora y no solamente del que gana (p. ej. hemos perdido el partido pero Luis lo ha dado todo).
Cuando el adulto gane o pierda con el niño o con otros, debe hacerle de modelo en sus reacciones (p. ej. "He ganado, pero no ha sido fácil, tirabas los balones con mucha fuerza", o "Felicidades, has ganado. Yo he perdido porque no he estado muy atento y me equivoqué tirando esa carta").
Es normal que tras perder uno se sienta un poco triste y decepcionado, pero no se deben permitir reacciones desproporcionadas (agresiones verbales, físicas o contra el material). Si se producen hay que dejar muy claro al niño que en esas condiciones no puede jugar y se queda fuera del grupo hasta que se calme.
Hay que mantener las formas. Se gane o se pierda hay que felicitar al adversario ("Felicidades lo has hecho muy bien") o solidarizarse con él ("Lo siento. Ha sido un placer jugar contigo").
Tanto los padres como los hijos tienen que aprender a hacer autocrítica para saber qué aspectos tiene uno que tener en cuenta para mejorar. Es más fácil criticar al otro que a uno mismo. Cuando el niño esté triste porque ha perdido, ayudadle a analizar el partido y hacedle preguntas sobre qué se podría haber evitado o qué se puede cambiar para la próxima vez, en función de su edad. Para poder hablar de la derrota a veces hay que esperar a que el niño se calme un poco y lo pueda ver con un poco de distancia. En el momento de la frustración es difícil dialogar y ver las cosas.
Se le debe enseñar a jugar limpio. Hay que establecer reglas y hay que respetarlas, por eso si son pequeños no debe haber muchas. Además, éstas no se pueden cambiar cuando a uno le interesa.
A ningún padre le gusta ver sufrir a su hijo, y a todos les gustaría que su hijo fuese el mejor, pero no puede ser. La vida no es siempre un camino de rosas y por tanto los niños tienen que aprender a tolerar la frustración y a sobreponerse de ella. Además, tienen que saber asumir la victoria, y que no se crean más de lo que son.
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