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domingo, 11 de julio de 2010

El Pequeño Dictador

y ocho años después ganó las oposiciones al Ministerio de Justicia y trabajó tres años con jóvenes conflictivos en Centro Cerrado. Desde 1986 desarrolla su labor en la Fiscalía y en los juzgados de Menores de Madrid. Ha sido el primer defensor del menor en España y presidente de la red europea de defensores del menor.

Desarrollo del cerebro y su influencia en la evolución conductual del niño.

Ambientes donde el niño es el centro de las atenciones, donde carece de cualquier otro tipo de responsabilidad que no sea la escuela, donde se le satisface cualquier antojo inmediatamente, propician que el cerebro se convierta en un cerebro frágil.

El lóbulo frontal regula y organiza la información de forma lógica, de acuerdo con principios racionales, sociales, morales y éticos. Si el niño no se ve enfrentado a situaciones de responsabilidad y no sufre las consecuencias de sus elecciones, este lóbulo no tendrá la suficiente información para su desarrollo. La inmadurez del lóbulo frontal producirá que el cerebro active el área anterior de éste, dando lugar a conductas instintivas y respondiendo con impulsividad a cualquier situación que le provoque alguna amenaza o riesgo de perder su seguridad y comodidad. Estos comportamientos instintivos e impulsivos son producto de un cerebro frágil que no es capaz de afrontar los nuevos desafíos y, en consecuencia, sólo reacciona de forma irreflexiva, precipitada, irracional y despreocupada de las consecuencias de sus actos.

La actual generación de padres puede influir en el retardo madurativo del lóbulo frontal, adoptando conductas permisivas y sumisas y proporcionando a sus hijos un hogar carente de valores, virtudes y carácter. El criar niños sin responsabilidad, intolerantes a la frustración, consentidos hasta el mínimo capricho, ocasiona este retardo en el lóbulo frontal, que hará de ellos adultos incapaces de tomar decisiones importantes, con un estado de dependencia permanente hacia sus padres y los demás.

El dominio emocional y el fortalecimiento del carácter son determinantes en el desarrollo cognitivo e intelectual de la persona.

El humano es un ser que se desarrolla adecuadamente cuando establece vínculos correctos con los demás; si no resuelve esta necesidad padece sufrimientos psicológicos y resulta vulnerable social y biológicamente.

Es importante que, desde el principio, los acostumbremos a no darles todo aquello que nos piden, aunque económicamente no nos suponga problema. Los niños deben valorar las cosas, aprender a esperar, a soñar, a desear lo que quieren, a esforzarse por conseguir lo que anhelan… y a no frustrarse cuando no lo pueden obtener. De otro modo empiezan por no darle valor a las cosas y terminan por no darle valor a las personas. Es muy positivo hacerles saber que hay otros niños que no tienen juguetes, que no tienen nada, que compartir proporciona felicidad; no acaparar, ésa es una forma de regalarles la semilla de la solidaridad y de erradicar el temprano egoísmo. El niño ha de ser rico, pero en el número de sonrisas que recibe. La actividad lúdica es fundamental para el desarrollo global del niño.

Formar hijos íntegros y humanos no es tarea fácil, existe una gran presión social y familiar para educarlos en un mundo de consumismos, complacencias, mediocridades y flojera. Necesitamos padres valerosos que confronten y desafíen a otras familias en el quehacer formativo, padres que ejerzan la durísima cotidianeidad educativa. Educar exige constancia, asiduidad, entrega, disgustos y sonrisas compartidas. No admite el desánimo ni la vacación. Es un programa de vida, un marcarse objetivos e ir cumpliéndolos, repetir los ejemplos correctos sin desfallecimiento. Educar es lo más bello, es compartir, ser flexible, tener criterio, es arduo, es preocuparse, pensar, disgustarse, es tiempo y tiempo, es querer, es llorar, es ilusionarse y aplaudir. Es vida, pura vida. Es transmisión.

Dar a los niños de todo -juguetes, dinero, objetos- dejarles hacer lo que quieren, ceder ante sus deseos, es un error, pues haremos de ellos unos egoístas y caprichosos, unos consentidos. Pareciera que en la actualidad lo fundamental es complacer a los hijos para evitar enfrentarlos y contradecirlos, sin importar que eso pueda causarles confusión, y sea el origen de sus conductas egoístas, demandantes, impulsivas y hasta agresivas. Estamos enfermos de hiperhedonismo.

Han de desarrollar la humildad, entendida como el proceso de la toma de conciencia de mi ser reflejado en el otro.

Uno de los mayores errores que se pueden cometer con los niños es sobreprotegerlos. Lejos de ayudarlos, les impedimos que elaboren sus propios recursos, que sean realistas, que desarrollen su sentido común, que, en definitiva, se preparen para la vida.

Autoridad, cuyo origen latino viene del término auctoritas, significa aumentar, hacer crecer, ayudar a ser más y mejor, acrecentar. Es una postura ante los hijos de ser y estar, de mostrar coherencia, de ser paciente y firme siempre, de no dejar de educar en ningún momento y estar disponible para ayudarles cuando lo necesiten.

Esta forma de autoridad se convierte en seguridad para los hijos. Hace que crezca su autoestima. Significa decir un no decidido en las ocasiones que sea preciso, y no ceder convirtiéndolo en sí; no halagar si no hay motivos, enseñar a esforzarse, a ser ordenado. Que aprendan desde pequeños que lo que realmente vale tiene un coste, y que lo que conseguimos a través de nuestro esfuerzo tiene mucho más valor que lo logrado gratuitamente, a cambio de nada.

Cuando educamos no cabe la permisividad ni la indiferencia, ni el mirar hacia otro lado para no discutir, para no complicarnos. Los hijos necesitan que los padres actúen como figuras de autoridad, que les dirijan inculcándoles valores y normas de convivencia. No se puede presentar un estilo educativo incongruente con lo que se quiere enseñar. Dice Geoge Bernard Shaw: en la medida que aceptamos obedecer la autoridad acreditada, menos aceptamos las órdenes de personas sin autoridad acreditada.

Cuando decimos que los niños necesitan pautas, normas, reglas, hábitos, no lo hacemos con ánimo de anularlos, sino todo lo contrario; lo argumentamos desde el convencimiento de que, gracias a este modelo educativo, el niño de hoy podrá ser un adulto auténticamente libre en ese mañana que le espera.

Educar en el esfuerzo.

Los que de pequeños se esfuerzan lo mínimo, harán lo mismo de adultos. Son niños que siempre argumentan excusas. Hay que buscar el dominio de uno mismo, educar en el esfuerzo cotidiano, en el creciente fortalecimiento de la voluntad referida a todos los ámbitos, ya sean afectivos, intelectuales, deportivos, culturales, psicológicos o espirituales. Hay que desarrollar el nivel de logro que los hijos se marcan y exigirles autonomía y responsabilidad. El esfuerzo y la tenacidad son lo que da valor real a la vida; lo que se logra con trabajo y empuje se valora, y por tanto, se respeta.

El entorno familiar.

Lo que más moldea la personalidad del niño es el aprendizaje en la familia. La familia es una microsociedad donde el niño comienza a utilizar los valores de interrelación social que le van a marcar las pautas de conducta a utilizar cuando se vea inmerso en la sociedad en general. Relacionarse con un amplio número de miembros familiares favorece la correcta socialización y aporta un amplio espectro de modelos.

El niño tirano vive en familias pequeñas, suele ser intolerante, individualista, demandante de acción inmediata y tiende hacia el aislamiento y el hedonismo. Y los padres, al preocuparse por satisfacer cualquier capricho de los hijos, se convierten en padres obedientes de sus hijos.

Una familia sana es aquella en la que se puede hablar con libertad, en la que hay disgustos y se aceptan, en la que impera la sonrisa. La que comparte iniciativas y afectos y transmite motivaciones. Asistir a manifestaciones culturales, practicar deporte, comentar lo leído, ir a la iglesia, son algunas de las muchísimas actividades que dan sentido a la vida en familia. Está abierta al exterior, pero permite un clima de organización, de equilibrio, de calidez.

Es fundamental tener un posicionamiento alegre y positivo en la familia y transmitirlo a sus miembros y a la sociedad.

Una realidad actual en nuestro país es el fenómeno de los hijos tiranos en las nuevas familias venidas de otros países. Padres de otros países, con otro sostén social, viajan al denominado primer mundo, democrático en sus relaciones, donde el diálogo y el debate son la forma de interrelacionarse, y los hijos aprecian lo que estiman o interpretan como una laxitud normativa y se produce un choque generacional, cultural, religioso que puede fracturar lo que comúnmente es una evolución progresiva.

Las tres condiciones para facilitar la formación de personas individualistas son concederles todo, concederles inmediatamente y concederles sin esfuerzo.

El acto de darles a cumplir algunas obligaciones, además de las escolares, los hace más humildes, responsables y bondadosos, y por consiguiente, menos tiranos.

Hay que educar en el afecto, la tolerancia, la empatía y a administrar la capacidad para planificar, para demorar los impulsos; ésta es la auténtica prevención. Enseñar a labrar el propio ser con amor, sembrándolo de generosidad. Transmitir una fundada sospecha de la perduración de las cosas, algo con lo que convivimos, pues cuando se nos mueren los nuestros, anticipamos nuestra propia muerte. Hay que domar el sentido de la vida, incluyendo un componente vital, como la espiritualidad.

Los padres quieren lo mejor para sus hijos y se preocupan por su educación, pero algunos han errado en sus prioridades, la educación de los hijos ha de ocupar los primeros puestos. Lo fundamental no es que los hijos cuenten con recursos abundantes ni con otras ayudas, sino con nuestra implicación permanente en su vivir diario y muy especialmente en su formación. Los niños necesitan ser escuchados, demandan atención, tiempo, dedicación, ilusión, que se disfrute con ellos. Precisan normas, conceptos, que se les enseñe a debatir, a aceptar la crítica, a reírse de sí mismos; y esto no es factible si el padre y la madre están siempre ausentes, o cuando están no se dedican al niño.

Los padres son los verdaderos responsables de la educación de sus hijos y ésta no puede ser delegada en los demás.

La adolescencia, responsabilidad y amor a la verdad.

Nuestros hijos, más que nunca, se enfrentarán por ellos mismos con la pornografía, el satanismo, el materialismo, la drogadicción, la vulgaridad y la glorificación de la violencia. Necesitarán una familia valerosa que pueda decir "no" y mantenerse firme en sus reglas y normas familiares, a pesar de la presión psicológica que pueden ejercer hacia sus padres para obtener sus deseos.

No estaría mal que los jóvenes conozcan lo que cuesta cada plaza escolar, ponerlo en la puerta de cada clase.

Los padres han de hacer comprobar al hijo que es mucho más ventajoso decir la verdad (aunque suponga el reconocimiento de algo mal hecho). Como siempre, se basa en el ejemplo de los adultos, en la responsabilización, en evitar la complicidad o entender la mentira.

Dice F. Mayor Zaragoza sobre los jóvenes: El gran error ha sido que muchas veces, con la mejor voluntad, hemos hecho cosas para ellos, pero nos hemos olvidado de hacerlas con ellos y, sobre todo, que las hagan ellos mismos.

A los niños hay que ir delegándoles responsabilidades, transmitirles que asuman las consecuencias de sus actos o de su no hacer. El niño no sólo es el futuro, es el presente y en éste, hoy, debemos formarlo para que sea independiente, autónomo, al fin libre... Lo más triste es ver un niño envejecido; pero observar a un adulto infantilizado, esclavo de sus impulsos y deseos, incapaz de planificar, dependiente, resulta descorazonador. La denominada postmodernidad se sustenta en la debilidad.

Acoso a otros jóvenes. Necesidad de cultivar el CORAJE MORAL.

En el caso de los escolares que en los casos de acoso a otros jóvenes sólo intervienen como observadores, esa exposición vicaria a la violencia puede dar lugar a una conducta antisocial, pasiva ante los problemas ajenos, a relaciones entre iguales de dominio- sumisión, a unos valores poco solidarios. "Pueden ver inhibida su capacidad de distinguir conductas positivas y negativas, aceptables o deleznables. Los espectadores están o sufriendo o aprendiendo unas formas de relación que le son negativas. Ejemplo de esto es el rechazo o el aislamiento que sufren las víctimas entre sus compañeros de colegio. Se acostumbran a vivir siendo cómplices del agresor y a no ser coherentes con la valentía que exige la justicia y la dignidad humanas.Bueno será que se plantee la vivencia de la víctima, que comprenda que hay muchas formas de ayudar ( información, testimonio, no reír la gracia, apoyo…) . Hay que hacerle ver que una cosa es ser chivato y otra bien distinta denunciar unos hechos que son inaceptables. Debe sentir que no intervenir por miedo conlleva convivir con culpabilidad. Por ello, destacamos la importancia de desarrollar el CORAJE MORAL en nuestros hijos, que sean capaces de rebelarse frente a lo que observan que es inmoral.

Destacamos la importancia de desarrollar el CORAJE MORAL en nuestros hijos, que sean capaces de rebelarse frente a lo que observan que es inmoral.

ESCUELA DE PADRES: LA TAREA DE EDUCAR A LOS HIJOS/AS

ESCUELA DE PADRES: LA TAREA DE EDUCAR A LOS HIJOS/AS
// fecha de publicación 08/05/2006 6:02:00
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ISSN 1886-1385 © INFOCOP ONLINE


El pasado 26 de abril, se presentaba ante los medios una colección de cuadernillos que, bajo el nombre genérico de Escuelas de Padres, pretende ofrecer una herramienta útil para madres y padres, aportando consejos prácticos acerca de la educación de sus hijos, con una edad comprendida entre los cero y los tres años. Alrededor de 6.000 pediatras distribuirán estos libros en las consultas de Atención Primaria de todo el país.

Ángela Bartolomé, autora de estos materiales educativos, habla para los lectores de Infocop Online acerca del papel de la Psicología en el ámbito educativo, partiendo de sus más de 20 años de experiencia profesional. Desde su propuesta educativa, Escuela de Padres, la autora ofrece diferentes claves desde las cuales, tanto padres como madres, pueden educar a sus hijos de manera adecuada, utilizando las herramientas y los conocimientos que la Psicología puede aportar en este campo. La autora concluye con aquellos aspectos que, desde su punto de vista, son los más destacados y define el papel de la Psicología en el ámbito escolar, poniendo énfasis en la prevención, la evaluación y la intervención.



Ángela Bartolomé

Ángela Bartolomé García desempeña su labor profesional en la clínica privada Alba Psicólogos desde 1986, desarrollando tareas de evaluación y tratamiento clínico y escolar. Desde la misma fecha, trabaja en diversas escuelas infantiles, impartiendo el modelo educativo denominado Escuelas de Padres. Igualmente realiza asesoría psicológica y familiar en radio (Rk80) y en televisión (El Corredor del Henares). Es autora de Escuela de Padres, editado por laboratorios Lutsine.

Ángela Bartolomé García

Escuela de Padres es un proyecto que nace con la vocación de ayudar a los padres y madres de hoy a afrontar la tarea de educar a sus hijos: comprender por qué actúan de una determinada manera, y saber solucionar de forma autónoma los pequeños conflictos que surgen en el día a día.

En mis años de trabajo, he llegado a la conclusión de que los padres son perfectamente capaces de afrontar, resolviendo con éxito, las pequeñas dificultades que les van planteando sus hijos. Mi labor, como psicóloga, es orientarles sobre las preguntas que se deben hacer o qué aspectos tienen que observar, dónde tienen que mirar, etc. Y una vez que disponen de esta información, ellos deben adaptarla tanto a sus hijos, como a la situación concreta.

En un primer momento, es esencial hacer conscientes a padres y madres de que la conducta de sus hijos es modificable, que se puede cambiar; cosa que muchos de ellos se cuestionan como algo imposible, ante las dificultades que tienen que afrontar. A continuación, es necesario que los padres y las madres reflexionen sobre el estilo educativo que suelen seguir con más frecuencia, haciéndoles conocedores de sus ventajas e inconvenientes. Y posteriomente, plantearles la existencia del modelo educativo propuesto por la Escuela de Padres, contándoles también sus ventajas y algún que otro inconveniente, en cuanto al aprendizaje que supone y la tarea de cambio consecuente (cuadernillo uno).

Hay que enseñar a los padres las consecuencias que tiene el hecho de que sus palabras no vayan acompañadas de acciones concretas; de cómo sus palabras se quedan vacías, sin contenido; de cómo sin quererlo, fomentan la "sordera conductual"; de por qué las palabras de los padres pierden credibilidad, y el sentido de autoridad no existe en el niño. En este sentido, los padres entienden "el por qué" y entonces pueden disponer de recursos para afrontar las situaciones, construyendo.(cuadernillo dos).



Últimamente se habla mucho en los medios de comunicación, en la calle… que la falta de límites está generando problemas muy serios. Los padres se sienten presionados para poner a sus hijos estos límites, pero tampoco saben cómo hacerlo; en algunos casos lo hacen de forma indiscriminada y desde un modelo autoritario; en otros casos lo intentan, viéndose sobrepasados y vuelven al modelo permisivo. En estos casos, les decimos lo que no tienen que hacer, lo que no es correcto. A veces les decimos lo que hay que hacer, pero no les explicamos porqué hay que hacerlo y cómo hay que hacerlo. Por poner un ejemplo, es como si estás comiendo la sopa con tenedor y te dicen que la sopa no se come con tenedor; con suerte te dicen que la comas con cuchara, pero no te dan la cuchara y tampoco te explican porqué se come la sopa con cuchara. Yo propongo explicarles detalladamente porqué la sopa se come con cuchara y además enseñarles a construir la cuchara.

Hay que poner limites, pero desde el análisis. ¿Y si enseñamos a los padres? Es fácil, ellos aprenden con mucha rapidez, están muy motivados para hacerlo. Les enseñamos que toda conducta tiene una finalidad, que sólo existen cuatro finalidades, a saber: atención, revancha, poder y autosuficiencia. Si la conducta de nuestro hijo es positiva, debemos "alimentar" dicha finalidad, para que aumente la probabilidad de su repetición y, por el contrario; si la conducta es inadecuada, basta con no darle su finalidad, para que ésta tienda a disminuir (cuadernillo uno).

En ocasiones, es necesario aplicar consecuencias (lógicas, naturales, opciones limitadas…); hay que elegirlas bien, en base al análisis anterior, y se deben aplicar de formas muy concretas (teniendo en cuenta la edad del niño, el comportamiento anterior,…) (cuadernillo tres).

Y por último, el cuadernillo cuatro se centra en la comunicación entre padres e hijos; en cómo elogiar, estimular, trasmitir normas,… y aplicar todo lo dicho desde el respeto y el amor.

También es importante trasmitir a los padres las siguientes ideas:

La educación de un hijo es una tarea complicada y difícil, pero se puede simplificar mucho más de lo que creemos y éste es uno de los errores que cometemos: pensar que es muy difícil y que no lo vamos a hacer bien. En mi opinión, dentro de su complejidad, la educación de un hijo es bastante más sencilla de lo que pensamos y si tuviéramos una formación y unos conocimientos adecuados, podríamos simplificar esta tarea.

El segundo error que se suele cometer es que reaccionamos y no actuamos con los hijos; es decir, constantemente partimos de reacciones. Por ejemplo, si nuestro hijo no quiere lavarse los dientes o no quiere comer, reaccionamos repitiendo, rogando, sermoneando... y diciendo todos los días lo mismo. Esto es un error y lo que hay que hacer es pararse a pensar, analizar y elegir una forma de actuar, porque puedes pasar años repitiendo lo mismo y no conseguir nada.

Otro error es que esa forma de reaccionar la hacemos desde el enfado (muchas veces porque partimos de un modelo permisivo autoritario) y no conseguimos que el niño obedezca. Entonces, poco a poco nos vamos enfadando más y no hablamos con serenidad y tranquilidad, lo cual, considero que es un error bastante importante.



Este proyecto de Escuela de Padres está basado es un pequeño resumen de la escuela que yo vengo impartiendo en los centros escolares donde trabajo, desde hace 20 años. El programa tiene una duración de veinte horas aproximadamente y a lo largo de ellas, se va creando un ambiente positivo, donde creo que los padres deben sentirse identificados y comprendidos, para así poder construir. Creo que la crítica negativa, voraz y destructiva que se está haciendo hoy en día de los padres y las madres, no los prepara para su labor; muy al contrario, los confunde, desalienta y les crea todo tipo de dudas. Los psicólogos debemos dar respuestas concretas y apoyar a los padres en su gran tarea.

Pero hay que apoyarles desde la formación, si entienden los porqués de las conductas de sus hijos, están en una posición cómoda y segura para responder. Estamos hablando de conductas cotidianas, que no implican ninguna patología. Los psicólogos, cuando escuchan a un padre, un pequeño problema de conducta: "no se quiere ir a la cama"; realizamos las preguntas pertinentes, que nos llevan a un análisis, buscamos saber cuál es la finalidad del niño, necesitamos saber cómo responde el padre para conocer qué está alimentando o manteniendo esas conductas… Pues bien, si madres y padres cuentan con las herramientas y los conocimientos adecuados, pueden resolverlo de forma autónoma. Y que acudan al psicólogo para resolver problemas complejos y patologías concretas. Trabajemos desde la prevención.

Una tarea muy similar realizo con las educadoras, las apoyo en la resolución de los problemas que surgen en el aula, juntas buscamos soluciones. Pero desde el mismo marco, desde la observación y el análisis, teniendo ellas un papel activo.

El papel de un psicólogo en una escuela infantil puede ser muy importante, sobre todo, en las siguientes áreas:

Detección de retrasos madurativos, dificultades de aprendizaje, problemas conductuales… Con su posterior derivación, en aquellos casos que sea necesario.

Detección y, en su caso, corrección de modelos educativos no adecuados (sobreprotección, inhibicionismo, etc.).
Formación a padres en pautas educativas correctas.
Trabajo conjunto con educadoras y educadores, optimizando su tarea y favoreciendo un clima positivo y estimulador en el aula.
Colaborando en la creación con educadoras y educadores de una programación didáctica, adecuada y ajustada a las necesidades y potencialidades de cada niño.
Primera toma de contacto de los padres con el mundo de la psicología. En este sentido, la relación debe ser cercana y útil.
Trabajo dirigido a la prevención, fomentando dinámicas familiares saludables. Favoreciendo, por tanto, el crecimiento del niño en ambientes positivos y estimuladores.
Trasmitir a los padres y las madres cercanía, apoyo, comprensión, etc. es la primera labor del psicólogo; para que ellos te cuenten y de ese modo, poderles enseñar que ellos tienen todas las respuestas. Sólo hay que ayudarles a mirar hacia la dirección adecuada, tal y como una vez me dijo un padre "Ángela, en realidad no nos cuentas nada del otro mundo, pero a la vez es muy sorprendente lo que nos dices, a mi me has colocado el armario". Utilicemos los conocimientos que nos ha dado la Psicología sobre la conducta humana para hacerles reflexionar, que es el primer paso para aprender. Ellos ya ponen el amor.

sábado, 10 de julio de 2010

Cambiar para Mejorar

-¿Cómo se decide a saltar de su consulta a un programa de televisión?
-El proyecto que me presentaron me pareció interesante, un reto distinto dentro de mi trayectoria profesional.
-¿Cómo compagina ambas cosas?
-Ambas tienen que ver con la educación y la psicología, están relacionadas. En definitiva, no hago nada en el programa que no lleve a cabo en el Centro de Psicología que dirijo (www.rocioramos-paul.com).
-¿Ha cambiado su vida desde que empezó esta «aventura»?
-Por supuesto, estar en los medios de comunicación hace que llegues a mucha más gente.
-¿Cómo escoge los casos que va a tratar?
-El equipo de redacción se pone en contacto con las familias interesadas y posteriormente decidimos dónde intervenir, teniendo en cuenta principalmente que las dificultades que plantean no respondan a ningún trastorno sino a dificultades más o menos representativas a la hora de educar en cualquier casa.
-¿Cuánto tiempo pasan de media con las familias?
-Unos quince días.
-Por lo que vemos, las familias se comportan con naturalidad, ¿cómo lo logran?
-El equipo de grabación llega antes que yo a las casas con el objetivo de conseguir que los vean «como parte del mobiliario», hacen un trabajo marcado por la discreción y consiguen que, cuando llego, la familia esté acostumbrada a tenerlos por allí. Además, a los padres que participan les mueve, sobre todo, la preocupación por sus hijos, y están muy motivados para trabajar en la intervención, eso evita distracciones haciendo que las cámaras pasen a un segundo plano. A mí me pasa lo mismo, desde el momento que nos ponemos a evaluar e intervenir lo principal es el caso.
-¿Ha habido algún caso que pensó que era imposible resolver?
-Los casos más difíciles de resolver son aquellos en los que los padres no creen que haya que cambiar nada y eso, en el programa, no me ha pasado hasta ahora. A partir de aquí, siempre se pueden llevar a cabo cambios que acerquen al objetivo que los padres planteen.
«Pasamos una media de quince días con cada familia»
-Van a tratar temas de alimentación, sueño y organización, ¿por qué esta elección?
-Los dos primeros son los más demandados, en consulta tenemos un gran número de padres preocupados por estos, la organización en una familia cuando se trabaja y no se tiene mucho tiempo para estar en casa o el papel de los abuelos o las nuevas estructuras familiares son realidades sociales, y nos pareció que debían reflejarse en el programa. En definitiva, no dejan de ser las dificultades que cualquier persona puede encontrar en su familia.
-Los problemas alimenticios son serios si no se tratan a tiempo, ¿pueden acarrear situaciones más graves en la adolescencia?
-No sólo los alimenticios, cualquier situación no resuelta o mal solucionada puede hacerlo y no sólo en la adolescencia.
«El equipo de grabación llega antes que yo a las casas con el objetivo de conseguir que los vean “como parte del mobiliario”»
-Sus programas buscan ayudar pero, ¿también concienciar?
-No es un objetivo que me haya planteado, sería demasiado pretencioso. Sí me sorprende la repercusión social que está teniendo y he de decir que de manera muy satisfactoria, pone de manifiesto que nos importa educar y que estamos preocupados por hacerlo bien.
-Los niños, por regla general, son «pequeños déspotas», ¿los hacemos o se hacen?
-No estoy de acuerdo con esta afirmación, para mí los niños son maravillosas personitas dispuestas a aprender todo lo que podamos/sepamos enseñarles. Es, por tanto, responsabilidad de los adultos que nos relacionamos con él -de todos sin excepción- facilitarle esos aprendizajes para que se adapten a su realidad.
-Cada caso es un mundo, ¿cree que pautas generales son aplicables a casos individuales?
-Solo si tenemos en cuenta esas características individuales que, de manera general, en el caso de los niños, son tener en cuenta su edad y las capacidades que tienen adquiridas, y en el de las familias, las peculiaridades que presentan sus dinámicas de funcionamiento.

El Hijo Tirano

El niño tirano



La mayoría de autores que nos dedicamos a temas de familia, cuando decimos que los niños necesitan pautas, normas, reglas, hábitos, no lo hacemos con ánimo de anularlos, de tenerlos así controlados, sino todo lo contrario; lo argumentamos desde el convencimiento de que, gracias a esta línea educativa, el niño de hoy podrá ser un adulto auténticamente libre el día de mañana.

Mientras que si crece sin que nadie le marque el más mínimo límite (por aquello de: "¡Pobrecito, que no se traumatice!"), lo más probable es que se convierta en un despótico energúmeno, sin ninguna libertad, ya que será un pobre esclavo de sus instintos más primitivos.

Fernando Savater dice: "Para que una familia funcione educativamente es imprescindible que alguien en ella se resigne a ser adulto. Y me temo que este papel no puede decidirse por sorteo ni por una votación asamblearia. El padre que no quiere figurar sino como "el mejor amigo de sus hijos" es algo parecido a un arrugado compañero de juegos, sirve para poco; la madre, cuya única vanidad profesional es que la tomen por hermana ligeramente mayor que su hija, tampoco vale para mucho más".

Vamos a contracorriente los que predicamos el retorno a las figuras de autoridad en la familia, que los hijos tienen que aprender a cumplir con sus obligaciones, y que los padres desde la familia debemos fomentar las virtudes y la adquisición de valores positivos.

Hay que abolir, de una vez por todas, la absurda creencia de que al niño no hay que negarle nada. Así pues, no teman decir "NO" las veces que haga falta.

Cómo crear un niño tirano en pocos días:

Es muy fácil que un menor se convierta en tirano. Las líneas maestras para crear un niño tirano son las siguientes: tiene que consentirle todo, no decirle nunca "no" a ninguna de sus demandas y doblegarse siempre a sus caprichos.

Estas son las características de la familia de un tirano:

Padres hiperprotectores que impiden que sus hijos maduren por sí mismos.


Desde los primeros años, los padres claudican continuamente ante sus peticiones y caprichos.


Incapaces de ver al niño "sufrir", acceden a todos sus deseos.


Para no ver al niño "con ansiedad", ante la primera señal de malestar le retiran de la situación


Tienen diferencias (importantes) en el estilo educativo que practican ambos progenitores


Está uno de los progenitores en alianza con el hijo tirano y en contra del otro.


Ausencia de límites educativos y de figuras que representen mínima autoridad


Padres con miedo a mantener una actitud educativa firme por malas experiencias durante su propia educación ("A mí me educaron a golpes y no quiero que pase lo mismo con mi hijo", argumentan)


Educación sólo en manos de los abuelos o de otras personas (por ejemplo, servicio doméstico, canguros, etc.), más laxos en imponer disciplina.


Consideración del niño como especial: hijo muy deseado, con dificultades para tenerlo, hijo único, hijo adoptado, concebido por padres muy añosos, considerado como niño prodigio, con discapacidad física o psíquica, etc.

Características del niño tirano:


Es muy caprichoso.


Sabe molestar a los demás pero no soporta que lo molesten a él.


Muestra una baja tolerancia a la frustración: no acepta los fracasos.


Es egocéntrico, egoísta, con necesidad de llamar la atención, exigiendo siempre sus derechos, pero no le importan los de los demás


Atemoriza a los padres mediante pataletas (si es pequeño) y amenazas de fuga y/o autolesionarse (si es mayor).


Hace sentir culpables a los padres mediante comparaciones con otros niños y constantes quejas de no ser querido lo suficiente ("todos lo tienen menos yo!", grita y gime cuando quiere algo)


Hijo único (en el 35% de los casos), también puede ser el hijo mayor o el pequeño cuando hay diferencia en años con los mayores.


Varón en la mayoría de los casos: se calcula que hay una niña tirana por cada cinco niños tiranos.

¿Cómo reconvertir al niño tirano?

Prácticamente toda la actividad de la familia gira alrededor de los menores. Se calcula que casi la mitad de las compras familiares (el 43% aproximadamente) son realizadas a partir de la influencia total o parcial de los hijos. Así pues, muchas compras relativas a la alimentación, vestuario, juguetería, etc. están condicionadas por la decisión de los retoños. Es fácil deducir que a medida que el niño tenga más prerrogativas y privilegios, más facilidades tendrá en convertirse en el único personaje con poder de decisión de la familia.

Salta a la vista que a "los reyes de la casa" no hay que darles mucha coba, porque la entronización en el hogar ya se la procuran ellos mismos: se saben piezas importantes en el puzzle familiar. Por lo tanto, hay que comprometerles en la vida en familia. Hacerles respetar las normas, razonándoles el porqué se aplican, y enseñarles desde pequeños a controlar sus impulsos.

Normas práctica para reconvertir al niño tirano y educar a los hijos:

Establecer reglas claras que regulen la convivencia familiar


Explicar con razones las reglas y la disciplina sugerida


Ser coherentes en el modelo de vida a trasmitir


Mostrarse persistente en las decisiones


Supervisar las actividades y amistades de los hijos


Autoridad parental, sin autoritarismos


Procurar gratificar, más que castigar


Saber negociar con el niño las situaciones conflictivas, si la edad y su estado emocional se lo permite: que no viva las recomendaciones como una imposición, pero sí que vea la firmeza de los padres.


Mejorar la tolerancia a la frustración del hijo, animándole a conseguir autonomía.


Fomentar vínculos de respeto y cariño mutuos.


Trasmitir los valores éticos, culturales y religiosos.


Otorgar responsabilidades y total confianza a los hijos.


Mostrar satisfacción en el papel de padres y esposos.


Acostumbrar al niño a "pararse y pensar" antes de actuar.


Enseñar al hijo a ponerse límites y ser coherente consigo mismo.


Considerar las consecuencias de la conducta en los demás.


Entender los sentimientos de los demás: educación de los sentimientos.


Distribuir y reafirmar el papel de cada uno de los progenitores, hermanos y demás familiares.


Que los padres no se sientan culpables sino satisfechos en su papel de padres, y que el hijo también se sienta satisfecho y querido en su papel de hijo. no tirano.

Para que una orden o instrucción sea eficaz siga las siguientes pautas:

Dé sólo una instrucción cada vez (no repetir órdenes mil veces). Ha de especificar la conducta deseada de una manera breve y clara.


Debe ser acorde a la edad del niño. Sin amenazas.


Darlas consecutivamente, no intentar imponer varias de forma simultánea.


Usar esquemas tipo "hacer" y "si-entonces" (si terminas tus deberes, podrás ir al parque")


Dar oportunidades de obedecer mediante avisos y recordatorios.


Apoyar las instrucciones de su pareja.


Comprobar la realización de la tarea si fuese necesario.


Alabar la obediencia y establecer consecuencias para la desobediencia.


Si el castigo está comprometido, es decir, si el niño sabe que una actitud o acción concreta conlleva sanción y la comete, hacérsela cumplir.


Buscar el momento oportuno para darlas y razonarlas. Pero, ocasionalmente, se puede realizar desde el prestigio ganado en el respeto adquirido en el día a día educativo.

Alguien dijo acertadamente: "Sólo se educa cuando se exige; sólo se exige cuando se ama"

Dedicar tiempo a los hijos es la mejor inversión que pueden hacer los padres, pero eso sí: tiempo educativo, en servicio permanente, con el nivel de exigencia que corresponda. Asimismo, hay que decir más veces y desde los primeros meses de vida del niño: "Niño, eso no se hace, eso no se dice, eso no se toca". Se evitará que un hijo tirano le amargue la vida.

Marha Alicia Chavez

La sobreprotección de los hijos, lejos de ser una muestra de amor, es una forma de maltrato, abuso y agresión que sólo les asegura una vida de insatisfacción y frustración.

En la actualidad los padres padecemos una monumental “crisis de autoridad”.

Una familia es un sistema, un grupo de individuos de una misma clase y especie y como tal, requiere de una jerarquía que le dé balance y orden y le permita existir de manera equilibrada y armoniosa. Las estructuras jerárquicas son necesarias para la supervivencia en todos los niveles, y en el caso de la familia, implican un orden descendente de acuerdo a criterios de autoridad y poder. Esto significa que lo esperado -porque es lo sano-, es que los padres ocupen el primer lugar en ese orden jerárquico. No porque sean mejores, superiores, o más valiosos, sino porque son los mayores, los procreadores y es lo que va con la armonía y el orden natural de la vida. Observemos la naturaleza toda, que nos confirma la ineludible realidad de que las estructuras jerárquicas son necesarias para que exista el equilibrio, la armonía y la vida misma.

Cuando en una familia la autoridad y el poder recaen donde no deben estar, es decir en los hijos (uno o todos), el sistema se desequilibra, la dinámica de relación entre los miembros se confunde y trastorna, desarmonizando profundamente a todos y en todos los niveles. Por otra parte, tener tanto poder en la familia, hace sentir al hijo o los hijos que lo llevan, alterados emocionalmente, ansiosos y angustiados. Es demasiado pesado cargar sobre sus espaldas semejante paquete –la autoridad y el poder- que está “diseñado” para las espaldas de los progenitores -los padres- no de los hijos.

¿Cuáles son los factores que originan esta trágica y peligrosa “crisis de autoridad”, que nos aqueja a los padres hoy en día? ¿Por qué no podemos decir NO? ¿Por qué nos cuesta tanto establecer una disciplina dentro del seno familiar? ¿Qué nos lleva a querer resolverles los problemas a nuestros hijos, darles todo en charola de plata y a manos llenas y facilitarles tanto la vida? ¿Por qué permitimos que nos maltraten?

Este libro responde a estos cuestionamientos y proporciona información y herramientas efectivas para ayudar a los padres a aprender a amar a sus hijos con sabiduría y a capacitarse para crear la armoniosa combinación de una firme disciplina y un gran amor: fórmula infalible.

Madres Permisivas Hijos Tiranos

Las respuestas de los especialistas y la disección de las responsabilidades no evitan la estupefacción ante un fenómeno en plena eclosión. A día de hoy, el 15% de las denuncias por violencia en el hogar que se presentan en Barcelona las presentan padres maltratados por sus hijos. En un año, constata la Fiscalía General del Estado, el número de hijos maltratadores aumentó en un 28%, mientras que los expedientes abiertos por esta causa se han cuadruplicado.

Lo peor es que estas cifras sólo reflejan la punta del iceberg, pues consignan sólo los casos más graves. Sin embargo, permiten entrever la quiebra de una norma ancestral -el respeto a los padres- por parte de un número creciente de hijos, que se tornan tiránicos con sus progenitores, a los que agreden física y, sobre todo, psicológicamente.

"Ya no puedo con él". Es la queja más común que reciben en asociaciones como Prodeni (Pro Derechos del Niño y la Niña). Las últimas llamadas de petición de ayuda muestran que ya no se trata de los consabidos problemas de la edad del pavo o de la adolescencia, sino de situaciones que ya se han salido de control. La última fue la de una universitaria de 23 años que preguntaba qué podía hacer para evitar que sus hermanos de 13 y 15 años siguiesen insultando y dando puñetazos a sus padres.

"¿Qué está pasando?", se pregunta José Luis Calvo, presidente de Prodeni, "pues todo hace pensar en un fracaso de enormes dimensiones a la hora de transmitir valores a los adolescentes. ¿De quién es la culpa? Recogemos lo que hemos sembrado, pero la culpa no es sólo de algunos padres y su manifiesta incapacidad para educar a sus hijos, sino que se trata, sobre todo, de un fracaso social, colectivo. Estamos en un momento peligroso, histórico".

Los tribunales de menores comienzan a conocer el perfil de los niños y jóvenes que pasan por allí denunciados por maltratos físicos a sus progenitores, aunque la madre es quien recibe casi en exclusiva la mayoría de los golpes: se trata de un menor, varón (sólo hay una chica de cada diez), que tiene entre 12 y 18 años (aunque la edad más conflictiva es entre los 15 y los 17 años) y que Javier Urra *, psicólogo de la Fiscalía de Madrid, diferencia en diferentes tipologías: "están los hedonistas-nihilistas, cuyo principio es ´primero yo y luego yo´. Utilizan la casa como hotel (los fines de semana los pasan fuera), entienden que la obligación de los padres es alimentarlos, lavarles la ropa, dejarles vivir y subvencionarles todas sus necesidades o, mejor dicho, demandas. Hay también casos patológicos y otros cuyo determinante es la dependencia de la droga. Y, finalmente, están aquellos cuya violencia ha sido aprendida desde la observación. Se aprecian bastantes casos en hijos de padres separados, pero no diferencias por niveles socioeconómico o culturales".

La Asociación de Padres y Madres maltratados de Baleares dirigió una ilustrativa petición de ayuda encabezada así: "A las personas e instituciones que corresponda: ¿Qué hacer cuando la familia, como primer ámbito educativo, fracasa en todos los intentos, porque los hijos rechazan los valores que se les intenta transmitir, influenciados también por unos contravalores que rompen el vínculo familiar, pretendiendo vivir en la familia con todos los derechos, pero sin contraer a cambio ningún deber hacia ella? Existe un cuerpo legal -justo y necesario- que garantiza los derechos del niño. Pero... ¿quién protege a los padres?".

La respuesta del psicólogo clínico Carles Panadès, que desde el Centre Noos de Teràpia Familiar atendió varios de estos casos, siempre fue la misma: "más etología y menos psicología. Lo que quiere decir más roles y límites claros y menos interpretaciones psicológicas. Porque, inmersos en la ley del péndulo, la generación de padres que fue educada de forma autoritaria, educó a sus hijos con un exceso de protección". Panadès cuenta que la situación más habitual es la que presenta un padre permisivo y una madre obligada a ejercer de autoridad. Pero el hijo se va creciendo, muchas veces ante la inacción paterna y, en la adolescencia, cuando el comportamiento se dispara y quieren pararlo, el hijo reacciona muy violentamente y ya no pueden con él".

"Me compras la Play o me mato". El autor de la frase sólo tiene siete años, y lo más espeluznante es que intentó hacerlo mientras su madre iba conduciendo al girar bruscamente el volante. La historia la cuenta la abuela, desesperada ante la falta de respuesta de los servicios sociales y muy preocupada por los efectos que esta conducta tienen en su hija. Se trata de un caso extremo, pero muestra que las batallas por el poder dentro de algunas familias se comienzan a librar a edades increíblemente tempranas. Las consecuencias la percibe en su trabajo el juez de menores Emilio Calatayud, conocido por sus sentencias ejemplarizantes: "son chavales de clase media alta que se convierten en los sheriffs de la casa. O se hace lo que dicen ellos o automáticamente convierten el hogar en un infierno. Es gente con dinero; niños que tienen de todo, pero que, coincidiendo con la adolescencia, problemas de estudios o dificultades de pareja de sus padres se convierten en auténticos maltratadores con chantajes, amenazas y coacciones hacia ellos". Cada semana tiene uno o dos juicios de este tipo.

Muchos especialistas apuntan a la permisividad paterna como el origen del problema. Esos padres que sólo parecen preocuparse por satisfacer cualquier capricho de sus hijos, temerosos de que no sufra frustración alguna.

El pediatra francés Aldo Naouri, en su ensayo Padres permisivos, hijos tiranos, propugna la necesidad de que los padres recuperen su papel, fundamental, de educadores. Naouri entronca la crisis entre padres e hijos con la realidad política sobre la que se construyó Europa en la mitad del siglo XX. "Los países desarrollados estaban aún muy marcados por las dictaduras y no estaba bien visto todo lo que sonara a autoritarismo. Con este panorama, las futuras generaciones de hombres y mujeres llegaron a padres con la teoría de ser tolerantes con los hijos. Las consecuencias fueron catastróficas, pues el actual modelo educativo no ha mejorado las relaciones familiares ni ha creado individuos más responsables y felices. Por el contrario, los niños dan muestras de angustia desde edades tempranas al tiempo que tienen conductas más egoístas".

Poca resistencia a la frustración
¿Qué hacer? Cristina Ramírez-Roa, profesora del departamento de Psicologia Evolutiva i de l´Educació de la Universitat de Barcelona, apunta una vía novedosa: la autoridad benevolente. "Hay que trabajar otro tipo de valores, pues hemos pasado de la familia autoritaria a la democrática, que en la toma de decisiones pretende llegar a un consenso familiar cuando resulta obvio que los niños en muchas cuestiones pueden tener voz, pero no voto. Sin embargo, nos encontramos frente a niños hiperregalados -y no hablo sólo de Navidad- e hiperprotegidos. Chavales con muy baja resistencia a la frustración y que se mueven en la cultura de la inmediatez: ´quiero esto y lo quiero ya´".

Dicen que el futuro del planeta estará marcado por la llegada al poder de toda una generación de hijos únicos chinos que muestran una baja tolerancia a la frustración. De momento, en nuestro presente comienzan a proliferar de forma preocupante los cuervos que no tienen ningún empacho en picar la mano que les da de comer, sin que nadie sepa muy bien qué hacer.
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Niños despotas

Cada vez son más los niños que al crecer se convierten en déspotas, chantajistas y, en el peor de los casos, agresores de sus propios padres. Los siguientes ejemplos están basados en hechos reales.
El niño de doce años, hielo en las pupilas, mira desafiante a su madre y tira la bomba: "O me compras la playstation o me tiro a un coche", desafía. La madre se queda sin palabras, blanca como la pared de un hospital. Trata de razonar. "Ahora no podemos. Quizá cuando llegue tu cumpleaños".
La tregua dura un suspiro. El niño da un paso al frente y salta al infierno del tráfico. Afortunadamente, el conductor lo ve, estrangula el freno, el vehículo se detiene a un metro del pequeño. Cuando la madre se sienta en la consulta del psiquiatra admite lo evidente. "No podré negarle nada".
Hay niños que lo exigen todo, que lo quieren ya, tiranos. ¿Quiénes son?
"Niños que imponen su voluntad y crecen con esa actitud, sin respetar a los demás" argumenta José Ramón Gutierrez Casares, jefe del servicio de psiquiatría infantil del hospital de Badajoz. "Niños intolerantes, con muy poca capacidad de manejar la frustración", añade Francisco Javier Quintero Gutiérrez del Álamo, especialista en psiquiatría. Por la consulta que dirige en Madrid junto a su padre, pasan niños difíciles desde hace más de treinta años.
"Antes también había casos de este tipo, pero quizá con menos intensidad, con menos frecuencia", comenta el psiquiatra.
Un mal en aumento

Las escuelas de padres, los pediatras y psiquiatras se enfrentan a un mal de esta sociedad que parece ir en alza. "El niño empieza a decir no, a reclamar su nivel de autonomía a los dos años o incluso antes" señala el doctor Gutiérrez Casares. "Entonces, la pelea con el adulto es casi un juego, pero los padres deben saber controlar esas rabietas de sus hijos. Hay que ignorarlas. Si les haces caso, el tirano evoluciona y espera que el sistema social le haga caso igual que se lo hacen sus padres", apunta el especialista.
El doctor Quintero, añade que hay que educar ese carácter del pequeño desde la lactancia. "A medida que pasa el tiempo es más complicado retroceder. Nos encontramos con un adolescente que hace lo que quiere, cuando quiere. Un problema de verdad, tal vez irresoluble.
Un perfil sobreprotector

¿Qué tipo de padres conviven con estos pequeños déspotas? El jesuita Lluis Armengol, fundador hace treinta años de la escuela activa de Padres del Clot en Barcelona, ha conocido a muchos. "Son sobreprotectores, de los que cuando no le dejan un juguete a su pequeño en el parque van a la tienda inmediatamente a comprar uno igual. No hay que tener miedo a frustrarles. Si los niños piden algo que no creemos conveniente no hay que dárselo. Antes los padres eran autoritarios y eso era malo. Pero el otro extremo no es mejor. A veces, cuando los padres quieren imponerse, ya es demasiado tarde: los adolescentes ya les han puesto la mano encima", relata Armengol.
La casa es un infierno

Hay niños tan acostumbrados a imponer su voluntad a sus progenitores que pueden convertir sus casas en un verdadero infierno. "Han aumentado las agresiones, sobre todo verbales. Y no es raro que causen la separación de los padres. O la pareja es muy segura o la convivencia termina por quebrar, por afectar a los hermanos menores. Algunos envían al pequeño a un internado, al extranjero, para alejarles de casa" admite el doctor Gutiérrez Casares. Hay niños tan determinados a salirse con la suya, que incluso utilizan el suicidio como arma.
Consejos

Para el doctor F.J. Quintero, cuando los padres se encuentran con hijos de estas características deben preguntarse ¿Cómo ha llegado hasta aquí?¿Cuál fue el primer pulso perdido entre la pataleta del niño y el aguante de los padres?
Los expertos aconsejan un vistazo al cuadro en que ha crecido el hijo. A menudo, los padres pasan mucho tiempo fuera de casa a causa del trabajo y se sienten culpables porque no atienden al pequeño lo suficiente, por lo que se convierten en demasiado protectores.
En casa, la televisión y los videojuegos tienen mucho espacio y poco control por parte de los progenitores (vea el mismo programa que su hijo, juegue con él a la consola).
¿Qué hay que hacer?¿Es útil el castigo para este tipo de niños? El doctor Gutiérrez dice que , más que castigo, prefiere el premio cuando se hacen las cosas bien. "Hay que poner los límites, y no dejar que el niño se los salte cuando quiera. Hay que hacerle entender una idea: te quiero porque eres mi hijo, pero no me gusta ese comportamiento que tienes. No hay pastillas mágicas, pero los padres que aguantan, cambian mucho la conducta del niño".